05/09/2011
El ecologismo en Rosario, como en muchas partes del mundo, no es un bloque monolítico, sino un vibrante ecosistema de ideas, debates y acciones. Recientemente, el activismo global ha sido sacudido por acciones disruptivas, como las de activistas arrojando sopa o puré sobre obras de arte famosas. Estas tácticas, diseñadas para conmocionar y presionar a los gobiernos, han abierto una profunda conversación dentro del propio movimiento ambientalista rosarino, revelando una tensión fascinante entre la forma y el fondo, entre el grito de alarma y el trabajo silencioso en la tierra. ¿Es más efectivo un acto que genera titulares mundiales o la persistencia diaria de un modelo productivo que resiste al avance del monocultivo? En Rosario, ambas realidades coexisten y dialogan.

El Debate de la Forma: ¿Escandalizar para Concientizar?
La estrategia de grupos como Just Stop Oil es clara: “Tenemos que romper las reglas y eso significa presionar los botones culturales para provocar, desafiar y conmocionar”. Su objetivo es forzar a los gobiernos, como el del Reino Unido, a detener la expansión de los combustibles fósiles. Sin embargo, esta táctica de confrontación directa con símbolos culturales ha generado un intenso debate en la comunidad ecologista de Rosario, donde las opiniones se dividen drásticamente.
Voces en Contrapunto
Por un lado, encontramos una postura crítica y reflexiva. Beba Linaro, una figura histórica del ecologismo local y responsable del refugio de animales silvestres Mundo Aparte, expresa un rotundo desacuerdo. Siendo ella misma docente de Bellas Artes y pintora, considera estas acciones como una “actitud negativa que se gana el desacuerdo o el encono de la gente que ama el arte”. Linaro argumenta que es una contradicción atacar a los artistas, quienes a menudo han sido cronistas de las injusticias de su tiempo, denunciando desde las cacerías de la aristocracia hasta las desigualdades sociales. Para ella, es una estrategia “totalmente contradictoria y no reflexionada”.
En el otro extremo del espectro, Cecilia Quaglino, activista e integrante del Observatorio Ambiental de la UNR, apoya estas acciones directas. Quaglino pone el foco en la hipocresía social que subyace a la indignación generalizada.
“Duele ver que se atacan obras de arte, pero se ve que no nos escandaliza tanto que se pierda biodiversidad, ecosistemas, los cascos polares o que estemos llenando los océanos de basura... Nos escandaliza mucho más tirar comida a una pintura que sabemos que está recubierta con un vidrio que se puede limpiar”.
Su argumento central es la doble moral de una sociedad que condena a los activistas como delincuentes mientras ignora a las grandes corporaciones que, según sus palabras, “están destruyendo la vida en el mundo”.
Entre estos dos polos, existen matices. César Massi, naturalista y referente de la Red Nacional de Humedales (Renahu), se muestra ambivalente. No está seguro del efecto que estas protestas “extremas” tienen en la población general, pero su mayor frustración es con la inacción. “Más me escandaliza el no hacer, lo que no se discute”, afirma, criticando a quienes opinan sin ningún tipo de compromiso. Aunque cree que el camino principal es construir desde lo cotidiano, reconoce que estas acciones, aunque generen rechazo, al menos ponen el tema sobre la mesa.
Finalmente, Antonella Risso, especialista en crisis climática, ofrece una perspectiva generacional. Ve estas acciones como un síntoma de la desesperación de una juventud que se enfrenta a una crisis existencial sin precedentes y a una falta de acción por parte de los líderes. “Son jóvenes tratando de llamar la atención con acciones directas no violentas”, explica, subrayando que estos actos buscan sensibilizar a nuevas audiencias sobre la urgencia de un cambio profundo en el sistema.
Tabla Comparativa de Perspectivas
| Referente | Postura Principal | Argumento Clave |
|---|---|---|
| Beba Linaro | En contra | "Actitud negativa que se gana el encono de la gente que ama el arte". |
| César Massi | Ambivalente | "Más me escandaliza el no hacer, lo que no se discute". |
| Cecilia Quaglino | A favor | "Ponen el foco en la doble moral de la Humanidad". |
| Antonella Risso | Comprensiva | "Una generación que busca llamar la atención en un contexto de desesperación". |
Más Allá de la Protesta: El Ecologismo en la Tierra
Mientras este debate sobre tácticas ocupa los titulares, a solo 40 kilómetros de Rosario, en Pavón Arriba, se libra otra batalla ecologista, mucho más silenciosa pero igual de significativa. Es la lucha de los productores frutícolas, los "monteros", que resisten al avance arrollador del monocultivo de soja, un modelo que ha transformado el paisaje del sur santafesino.
La familia Giurlani, con 67 años de historia en el rubro, es un emblema de esta resistencia. Su trabajo es un ejemplo práctico de un modelo productivo alternativo y sostenible. Donde antes había 1.000 hectáreas de durazneros, hoy apenas quedan 82. La razón, según explica el ingeniero agrónomo Luis Carrancio del INTA, es doble: la competencia de otros polos productivos y, fundamentalmente, la expansión de la soja, un cultivo extensivo que requiere mucha menos mano de obra y se gestiona, como dice el productor Leonardo Giurlani, “a través de un teléfono”.
El Valor de la Producción Local
La fruticultura es la antítesis de este modelo. Es sinónimo de mano de obra intensiva y de un profundo arraigo a la tierra. “Acá hablamos en promedio de un jornal de 8 horas durante todo el año, una persona por hectárea”, aseguran en el sector. Mientras una persona puede manejar cientos de hectáreas de soja, la producción de duraznos en la zona emplea a unas 80 personas para mover 100 hectáreas.
Este modelo no solo genera empleo, sino que ofrece un beneficio directo a los consumidores de Rosario. Como resume Giurlani con entusiasmo: “La gente de Rosario y de la zona es privilegiada: durante tres meses come fruta fresca. Lo que se lleva al mercado hoy, se cosechó ayer”. Este es un claro ejemplo de soberanía alimentaria y de la importancia de los circuitos cortos de comercialización, conceptos clave del ecologismo práctico.
El trabajo de estos productores, apoyado por el conocimiento técnico del INTA para racionalizar el uso de fitosanitarios y agua a través de riego por goteo, demuestra que otro campo es posible. Un campo que diversifica la producción, genera empleo local y ofrece alimentos frescos y de calidad, en contraposición a un modelo enfocado únicamente en la exportación de commodities.
Dos Caras de la Misma Moneda
A primera vista, el activista que arroja puré sobre un cuadro y el productor que poda un duraznero en pleno invierno parecen mundos aparte. Sin embargo, sus luchas están intrínsecamente conectadas. La desesperación de la juventud que denuncia Antonella Risso nace del mismo sistema económico y productivo que empuja a los "monteros" como los Giurlani al borde de la extinción.
El avance de la soja no es solo un cambio de cultivo; es la imposición de un modelo que degrada el suelo, reduce la biodiversidad y concentra la riqueza, todo ello mientras contribuye a la crisis climática global que los jóvenes activistas denuncian con urgencia. El ecologismo en Rosario, por tanto, se manifiesta en estas dos vertientes complementarias:
- La vertiente de la Alarma: Representada por el debate sobre las protestas disruptivas. Su función es sacudir la conciencia pública, señalar las contradicciones del sistema y exigir cambios estructurales a nivel político y corporativo.
- La vertiente de la Alternativa: Encarnada por los productores frutícolas. Su función es demostrar en la práctica que existen modelos productivos más justos, resilientes y en armonía con el entorno. Son la prueba viviente de que la transición ecológica es posible.
Quizás la verdadera solución no radique en elegir una sobre la otra, sino en entender que ambas son necesarias. Se necesita el ruido para despertar a los que duermen y el trabajo silencioso para construir la casa que habitaremos mañana. El futuro del ecologismo en Rosario y en el mundo dependerá de nuestra capacidad para valorar tanto el grito de quien denuncia como la mano de quien cultiva.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es el ecologismo en Rosario?
Es un movimiento diverso que incluye desde debates sobre las tácticas de protesta más efectivas a nivel global, hasta acciones concretas y locales como la defensa de la producción frutícola sostenible frente al avance del monocultivo de soja. No tiene una única voz, sino un conjunto de perspectivas que a veces entran en conflicto pero que comparten la preocupación por la crisis ambiental.
¿Por qué algunos activistas atacan obras de arte?
Su objetivo no es dañar el arte (suelen ser obras protegidas por un cristal), sino utilizar su valor simbólico para generar un shock mediático. Buscan señalar lo que consideran una hipocresía social: nos preocupamos más por un objeto cultural que por la destrucción de ecosistemas y la vida en el planeta. Es una táctica desesperada para exigir acción climática inmediata a los gobiernos.
¿Existe una alternativa a la agricultura extensiva en la región de Rosario?
Sí. El caso de los productores de durazno en Pavón Arriba es un claro ejemplo. La fruticultura, aunque ha disminuido, demuestra ser un modelo que requiere mucha más mano de obra, fomenta la biodiversidad, y provee de alimentos frescos al mercado local, fortaleciendo la economía regional de una manera más distribuida y sostenible que el modelo de monocultivo.
¿Son efectivas las protestas disruptivas?
No hay un consenso claro, ni siquiera dentro del movimiento ambientalista rosarino. Algunos creen que son contraproducentes y alejan a la gente, mientras que otros las ven como una herramienta necesaria para visibilizar la urgencia de la crisis climática y la inacción de los poderosos. Su efectividad sigue siendo un tema de intenso debate.
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