18/12/2022
Viajar es una de las experiencias más enriquecedoras que existen, una puerta a nuevas culturas, paisajes y conocimientos. Sin embargo, en una era marcada por una creciente conciencia ambiental, el método que elegimos para transportarnos está bajo un escrutinio cada vez más intenso. Subirse a un avión, antes un símbolo de libertad y modernidad, hoy se enfrenta a un nuevo concepto que gana terreno en todo el mundo: la "vergüenza de volar" o, en su término sueco original, flygskam. Para un número creciente de viajeros, el problema con los viajes aéreos va mucho más allá del costo o las comodidades a bordo; es una cuestión de responsabilidad planetaria.

¿Cuál es el Verdadero Impacto de los Aviones en la Crisis Climática?
A menudo subestimamos el rol que juega la aviación en el calentamiento global. Aunque las cifras pueden variar, se estima que los viajes aéreos representan alrededor del 4% del calentamiento global inducido por el ser humano. Puede no parecer un porcentaje abrumador a primera vista, pero la tendencia es alarmante. Las Naciones Unidas han advertido que, de seguir el ritmo actual, las emisiones de la aviación podrían triplicarse para el año 2050. A pesar de que la tecnología aeronáutica avanza y los motores son cada vez más eficientes, nuestro apetito insaciable por volar de un lugar a otro está superando con creces cualquier ganancia ambiental fruto de estos avances tecnológicos.
Para ponerlo en perspectiva, consideremos una comparación impactante: un solo vuelo de un Boeing 747 que transporta a 416 pasajeros desde Londres a Edimburgo produce una cantidad de dióxido de carbono equivalente a la de 336 automóviles que recorren la misma distancia. Aunque esta cifra depende de factores como el tipo de combustible, el consumo del vehículo y la ocupación, la diferencia sigue siendo abismal. Esta enorme huella de carbono está llevando a científicos y activistas a lanzar un grito de guerra para reducir, e incluso frenar, los vuelos comerciales.
“Estamos atravesando una emergencia climática”, afirma Peter Kalmus, un científico climático del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “Cuando te subís a un avión, no solo sos responsable de las emisiones de ese vuelo, sino que también estás contribuyendo y votando para que dicho sistema se siga expandiendo”. Su perspectiva es clara: cada billete comprado es un voto a favor de una industria con un profundo impacto negativo en el planeta.

Flygskam: El Nacimiento y la Globalización de la "Vergüenza de Volar"
Posiblemente no haya ningún país en la tierra con más activistas contra los vuelos que Suecia. Fue allí donde nació el término flygskam, que describe la vergüenza social asociada a volar debido a su impacto ambiental. Este movimiento cobró fama mundial gracias a figuras como la joven activista Greta Thunberg, quien en 2019 cruzó el Océano Atlántico en un velero para asistir a una cumbre de la ONU en Estados Unidos, rechazando categóricamente el uso del avión.
Este gesto simbólico inspiró a miles. En Suecia, la organización sin fines de lucro "We Stay on the Ground" (Nos Quedamos en Tierra) consiguió que más de 15,000 personas firmaran un compromiso para no volar durante al menos un año. Su objetivo es alcanzar los 100,000 firmantes en los próximos años, demostrando que el cambio de mentalidad es posible. “Mucha gente piensa que lo que hacés como individuo no importa. Pero la cuestión es que lo que hacemos como individuos afecta a todos los que nos rodean y es solo a partir de estas acciones individuales que pueden cambiarse las normas”, señala Maja Rosén, presidenta de la organización.
El movimiento no se quedó en Suecia. Rápidamente se expandió, inspirando la creación de organizaciones similares como Flight Free en Gran Bretaña, Australia y Estados Unidos. Hoy existe una red global de más de 150 organizaciones que promueven activamente alternativas a los viajes aéreos, consolidando una comunidad global de viajeros conscientes.

Cambiando Alas por Ruedas: Alternativas para un Viaje Sostenible
Quedarse en tierra no significa quedarse quieto. La decisión de no volar ha abierto la puerta a una revalorización de medios de transporte más lentos y sostenibles. El tren, en particular, está viviendo un renacimiento, especialmente en Europa. Según datos del Departamento de Energía de Estados Unidos, viajar en tren es un 34% más eficiente en consumo de energía que hacerlo en avión.
La experiencia de Dan Castrgano, un exmaestro que se comprometió a no volar, es un claro ejemplo. Se mueve en bicicleta por su estado, Vermont, utiliza un coche eléctrico para distancias cortas y planea cruzar el país en tren durante semanas para asistir a la boda de un amigo. Él, como muchos otros, ha descubierto que el viaje en sí mismo puede ser parte de la aventura, una oportunidad para disfrutar del paisaje y conectar con el entorno de una manera que un avión jamás permitiría.
Además del tren, existen otras alternativas como los autobuses de larga distancia, los ferris para cruzar mares e incluso el cicloturismo para los más aventureros. La clave es repensar nuestras vacaciones y preguntarnos, como reflexiona Maja Rosén: “¿Qué es lo que realmente queremos de nuestras vacaciones y por qué tenemos que ir tan lejos para conseguirlo?”.
Tabla Comparativa: Avión vs. Tren
| Característica | Viaje en Avión | Viaje en Tren |
|---|---|---|
| Impacto Ambiental (CO2) | Muy Alto | Bajo a Moderado |
| Tiempo de Viaje (Puerta a Puerta) | Rápido para largas distancias, pero incluye traslados a aeropuertos y esperas. | Más lento, pero las estaciones suelen ser céntricas, reduciendo traslados. |
| Experiencia del Viaje | Generalmente funcional, con poco contacto con el paisaje. Restricciones de equipaje. | Relajante, permite disfrutar del paisaje. Mayor comodidad y espacio. El viaje es parte de la experiencia. |
| Costo | Variable. Las aerolíneas de bajo costo pueden ser económicas, pero con muchos cargos extra. | Puede ser competitivo, especialmente si se reserva con antelación o se usan pases. |
Un Enfoque Moderado: Reducir en Lugar de Eliminar
Para muchas personas, dejar de volar por completo no es una opción viable por motivos laborales, familiares o personales. Sin embargo, esto no significa que no se pueda hacer nada. Un enfoque más laxo y pragmático consiste en reducir drásticamente la frecuencia de los vuelos. El sitio web "Take the Jump" propone pautas basadas en investigaciones científicas para un estilo de vida sostenible: limitar los vuelos de larga distancia a uno cada ocho años y los de corta distancia a uno cada tres años.

Este enfoque no solo reduce el impacto ambiental personal, sino que también cambia nuestra percepción del viaje. Al hacer que los vuelos sean menos frecuentes, cada viaje se convierte en una experiencia más valiosa y planificada. Como concluye Dan Castrgano, “si dejás de pensar en los vuelos aéreos como parte de la normalidad, empezás a pensar en términos de lugares a los que realmente querés ir”. Se trata de viajar con más intención y menos por inercia.
Preguntas Frecuentes sobre el Impacto de Volar
¿Realmente es tan malo volar para el medio ambiente?
Sí. La aviación es responsable de cerca del 4% del calentamiento global causado por humanos, y sus emisiones tienen un efecto magnificado al ser liberadas a gran altitud. Un solo vuelo puede generar más CO2 que muchas de las actividades anuales de una persona promedio en varios países.
¿Qué significa exactamente "flygskam"?
Es una palabra sueca que se traduce como "vergüenza de volar". Describe el sentimiento de culpa o la presión social que siente una persona por viajar en avión debido al impacto negativo que tiene sobre el cambio climático.

¿No son suficientes las compensaciones de carbono que ofrecen las aerolíneas?
Muchos expertos y activistas las consideran insuficientes y una forma de "lavado verde". Argumentan que la práctica se aprovecha de la culpabilidad del viajero para ofrecer una excusa para seguir contaminando, sin garantizar resultados reales y verificables de eliminación de carbono de la atmósfera.
¿Qué alternativas existen a los viajes en avión para largas distancias?
La principal alternativa es el tren, que es significativamente más eficiente energéticamente. Para trayectos que implican cruzar océanos, las opciones son muy limitadas, pero incluyen barcos de carga o cruceros, aunque estos también tienen su propia huella ambiental. La reflexión principal es cuestionar la necesidad de viajar tan lejos con tanta frecuencia.
La decisión de subirse a un avión se ha convertido en una declaración de principios. Ya no es solo una cuestión de logística, sino una elección ética con consecuencias globales. La paradoja de nuestro tiempo es el deseo de explorar el mundo y, al mismo tiempo, el riesgo de destruirlo en el proceso. Quizás la solución no sea dejar de viajar, sino aprender a hacerlo de una forma que honre y proteja los maravillosos lugares que tanto anhelamos conocer.
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