28/07/2017
La goma de mascar, esa pequeña golosina que nos acompaña en momentos de concentración, para refrescar el aliento o simplemente por costumbre, esconde una realidad mucho más compleja y problemática de lo que podríamos imaginar. A simple vista parece inofensiva, pero una vez que la desechamos, se convierte en uno de los residuos más persistentes y contaminantes de nuestras ciudades. Después de las colillas de cigarrillo, el chicle es la segunda basura callejera más común en todo el planeta, un problema pegajoso que ensucia aceras, contamina ecosistemas y representa un riesgo para la salud. Sin embargo, la innovación y la conciencia ambiental están transformando este desecho en un recurso, demostrando que incluso el problema más pequeño y pegadizo tiene una solución.

El Lado Oscuro de una Golosina Popular
Para entender por qué el reciclaje del chicle es tan crucial, primero debemos analizar su composición y el impacto que genera. La mayoría de las gomas de mascar que consumimos no son naturales; su base es un polímero sintético, un derivado del petróleo muy similar al plástico. Esta mezcla de elastómeros, plastificantes y resinas es la razón de su elasticidad, pero también de su increíblemente lenta degradación.
Un chicle arrojado en la calle tardará, como mínimo, 25 años en descomponerse. Durante ese cuarto de siglo, no solo afea el entorno urbano, sino que se convierte en un foco de infección. Estudios han demostrado que un solo chicle usado puede albergar hasta 10.000 bacterias y hongos, representando un riesgo sanitario. Además, su naturaleza plástica lo convierte en un microcontaminante que, con el tiempo, puede fragmentarse y llegar a vías fluviales y océanos, afectando a la fauna.
El problema es tan grande que, por ejemplo, en el Reino Unido se mastican aproximadamente 100.000 toneladas de chicle cada año, y se estima que el 95% de las calles del país están manchadas con este residuo. La limpieza de estas manchas supone un gasto millonario para los ayuntamientos, un coste que finalmente pagamos todos. Es, en esencia, un plástico de un solo uso del que apenas somos conscientes.
Alternativas Verdes: La Revolución Biodegradable
Afortunadamente, la respuesta a este problema está surgiendo desde dos frentes principales: la creación de alternativas biodegradables y el desarrollo de sistemas de reciclaje. Varias empresas pioneras han decidido volver a los orígenes, creando chicles que no dañan el planeta.

Iniciativas Naturales y Sostenibles
- Chicza: Este proyecto, liderado por un consorcio de cooperativas mexicanas, es un ejemplo brillante de sostenibilidad. Chicza es un chicle 100% natural, orgánico y biodegradable. Se elabora a partir del látex del árbol de chicozapote, cosechado de forma sostenible en la selva maya. A diferencia de la goma sintética, Chicza se descompone de forma natural, reintegrándose en el ecosistema sin dejar rastro tóxico. Además, cuenta con una certificación del Forest Stewardship Council (FCS) que garantiza una trazabilidad precisa, desde el árbol hasta el consumidor.
- Nuud: Este emprendimiento inglés aborda el problema con un mensaje directo: la goma de mascar común es un plástico de un solo uso. Su producto es de origen vegetal, libre de plásticos y biodegradable. En lugar de azúcar, utiliza xilitol, un edulcorante natural extraído de la corteza de abedules y hayas. Su marketing, inspirado en carteles de protesta, busca concienciar especialmente a los jóvenes sobre el impacto ambiental del chicle.
- Simply Gum: Con sede en Nueva York, esta empresa se enfoca en la simplicidad y la naturalidad. Su chicle es biodegradable y se fabrica con ingredientes sencillos como glicerina vegetal, azúcar de caña orgánica sin refinar y saborizantes naturales. Su compromiso es ofrecer un producto libre de plástico, artificiales y cualquier componente sintético.
Tabla Comparativa: Chicle Convencional vs. Alternativas Sostenibles
| Característica | Goma de Mascar Convencional | Alternativas Biodegradables |
|---|---|---|
| Ingrediente Base | Polímeros sintéticos (derivados del petróleo) | Látex natural de árboles (chicozapote) o bases vegetales |
| Tiempo de Degradación | Más de 25 años | Semanas o meses, de forma natural |
| Impacto Ambiental | Contaminación visual, microplásticos, riesgo para la fauna | Nulo. Se reintegra al ecosistema. |
| Sostenibilidad | Baja. Basado en recursos no renovables. | Alta. Basado en recursos renovables y cosecha sostenible. |
Del Asfalto al Objeto: El Ingenioso Reciclaje del Chicle
Además de buscar alternativas, ¿qué se puede hacer con las toneladas de chicle sintético que ya se consumen? La respuesta es el reciclaje. La empresa británica Gumdrop ha sido pionera en este campo, desarrollando un sistema para transformar este residuo pegajoso en nuevos y útiles productos.
La idea surgió al analizar la composición del chicle y descubrir que su polímero base tiene propiedades muy similares al caucho sintético, lo que lo convierte en una materia prima viable. El proceso de Gumdrop es simple pero efectivo:
- Recolección: Han instalado contenedores especiales de color rosa brillante en puntos estratégicos de ciudades como Londres. Estos "Gumdrops" invitan a la gente a depositar sus chicles usados en lugar de tirarlos al suelo.
- Procesamiento: El chicle recolectado se procesa para eliminar impurezas y se combina con otros plásticos reciclados.
- Fabricación: Con este nuevo material, llamado Gum-tec®, se fabrican una gran variedad de objetos. Curiosamente, los propios contenedores de recolección están hechos de chicle reciclado, cerrando el círculo de la economía circular.
Los productos que se pueden crear son sorprendentes y variados. Desde suelas de zapatos y botas de lluvia hasta púas de guitarra, lapiceros, reglas, peines y vasos de café. Cada uno de estos objetos contiene al menos un 20% de chicle reciclado, demostrando que la contaminación de hoy puede ser el recurso de mañana. Esta iniciativa no solo limpia las calles, sino que también reduce la necesidad de producir plástico virgen.
¿Qué Podemos Hacer Como Consumidores?
El cambio hacia un futuro más limpio y sostenible empieza con nuestras decisiones diarias. Como consumidores, tenemos el poder de reducir el impacto de la goma de mascar.
- Elige conscientemente: La próxima vez que compres chicle, busca marcas biodegradables como las mencionadas. Apoyar a estas empresas impulsa un mercado más respetuoso con el medio ambiente.
- Desecha correctamente: Si consumes chicle convencional, nunca lo arrojes al suelo. Envuélvelo en su propio papel o en un trozo de papel usado y tíralo a la papelera. Es un gesto pequeño con un gran impacto.
- Apoya las iniciativas de reciclaje: Si en tu ciudad existen contenedores específicos para chicles, úsalos y anima a otros a hacerlo. La participación ciudadana es clave para el éxito de estos programas.
Preguntas Frecuentes
¿De qué está hecha realmente la goma de mascar convencional?
Su base es un polímero sintético llamado goma de butadieno-estireno o acetato de polivinilo, que son tipos de plástico derivados del petróleo. A esto se le añaden edulcorantes, colorantes y saborizantes.

¿Es peligroso el chicle para los animales?
Sí. Si las aves u otros animales pequeños lo ingieren, puede causarles obstrucciones digestivas fatales. Además, los chicles que contienen xilitol son extremadamente tóxicos para los perros.
¿Por qué es tan difícil limpiar los chicles de las aceras?
Su composición plástica y pegajosa hace que se adhiera fuertemente a superficies porosas como el asfalto o el hormigón. Para eliminarlos se necesitan máquinas especiales que usan vapor a alta presión, productos químicos o congelación, lo que supone un proceso caro y lento.
¿Existen iniciativas de reciclaje de chicle en otros países además del Reino Unido?
Sí, la iniciativa de Gumdrop se ha ido expandiendo a otras ciudades de Europa. Además, surgen constantemente nuevos proyectos y startups en todo el mundo que buscan soluciones innovadoras para este residuo, inspirados en modelos de economía circular.
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