¿Por dónde sale el agua del molino?

Molinos: ¿Progreso o deterioro ambiental?

07/08/2014

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Hubo un tiempo en que la palabra "molino" evocaba imágenes de sustento, comunidad y progreso. En parajes como el antiguo caserío de Los Molinos en Cartagena, estas construcciones harineras eran el corazón económico de la región. Eran un elemento tan provechoso que sus dueños, a menudo figuras de poder, los arrendaban. Sin embargo, esta misma lógica de beneficio a corto plazo fue su condena: los arrendatarios no invertían en su mantenimiento, llevándolos a un progresivo deterioro. Hoy, siglos después, nos enfrentamos a un nuevo tipo de molinos, los gigantescos aerogeneradores que pueblan nuestros campos bajo la bandera de la energía limpia. Pero, ¿hemos aprendido la lección? ¿O estamos repitiendo la misma historia de explotación y deterioro, esta vez a una escala planetaria y con consecuencias mucho más graves?

La narrativa oficial nos presenta la energía eólica como la panacea contra el cambio climático, una transición necesaria y limpia. Sin embargo, voces críticas como la de Carmen Molejón, ingeniera y portavoz de la plataforma Xente de Oscos Eo, nos obligan a mirar más allá del discurso simplista. Lo que se está implementando no es una simple sustitución de fuentes de energía, sino un modelo energético que perpetúa los vicios del sistema anterior: centralización, especulación y un profundo desprecio por el medio rural y su biodiversidad.

¿Cuáles fueron las causas del deterioro del molino?
El molino era un elemento muy provechoso para la economía, por lo que sus dueños, que solían ser regidores, comunidades religiosas y ricos agricultores, lo arrendaban durante cortos periodos. Los arrendatarios no invertían en el mantenimiento del molino y ésta fue una de las causas del progresivo deterioro de estas construcciones.
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La Falsa Promesa de la Transición Energética

El primer gran mito que debemos desmontar es que la actual transición energética puede sostener nuestro desmedido ritmo de consumo. La idea de que simplemente podemos cambiar los combustibles fósiles por renovables y seguir viviendo como hasta ahora es, según muchos científicos, una fantasía peligrosa. Existen varias razones fundamentales para esta afirmación:

  • Imposibilidad de producción: No seremos capaces de producir la misma cantidad de energía que consumimos actualmente solo con fuentes renovables. El sistema económico actual, basado en un crecimiento infinito, es incompatible con los límites de un planeta finito.
  • Escasez de materiales: La implementación masiva de tecnologías como los aerogeneradores o los coches eléctricos requiere una cantidad ingente de materiales escasos (litio, cobalto, neodimio, etc.). No existen suficientes recursos en el planeta para llevar a cabo esta transición a la escala que se pretende.
  • Dependencia fósil: Paradójicamente, la construcción de un futuro "verde" depende enormemente de los combustibles fósiles. Desde la extracción de los materiales, la fabricación del acero y el hormigón para las torres, el transporte de las gigantescas palas, hasta su instalación y eventual desmantelamiento, todo el ciclo de vida de un aerogenerador está intrínsecamente ligado al petróleo y al carbón.

Este modelo se centra casi exclusivamente en la electrificación, que apenas representa el 20% del consumo final de energía en el mundo. Se confía en tecnologías como el coche eléctrico o el hidrógeno verde que, a día de hoy, no son masificables por su ineficiencia, su dependencia de materiales críticos y su alto coste energético. La transición real no es solo cambiar de enchufe, sino cambiar de paradigma.

Un Modelo Especulativo y de Colonialismo Eléctrico

El modelo energético que se está imponiendo en zonas rurales como el occidente de Asturias es descrito por sus habitantes como un caso claro de colonialismo eléctrico. Es un modelo extractivista que socializa los impactos negativos y privatiza los beneficios. Las cifras son abrumadoras y revelan una profunda injusticia territorial.

Se trata de un sistema donde unas pocas grandes empresas producen energía en territorios rurales, a menudo de alto valor ecológico y cultural, para transportarla a cientos de kilómetros hacia los grandes centros de consumo industrial y urbano. Los beneficios económicos para las comunidades directamente afectadas son irrisorios en comparación con las ganancias que obtienen las corporaciones y el impacto irreversible que sufren.

Tabla Comparativa: El Reparto de la Riqueza Eólica

ConceptoPara la Empresa EnergéticaPara el Municipio Afectado
Facturación Anual (por cada 10 MW)Aproximadamente 2,9 millones de eurosEntre 15.000 y 25.000 euros
Control del RecursoTotal y centralizadoNulo
Impacto Ambiental y SocialCoste externalizadoSoportado íntegramente por la comunidad local

Este modelo no solo es injusto, sino también especulativo. En regiones como Asturias, la cantidad de proyectos en tramitación supera en más de cinco veces la capacidad de evacuación de las líneas de alta tensión planificadas. Esto sugiere una carrera por acaparar terrenos y derechos, inflando una burbuja que poco tiene que ver con una planificación energética sensata y sostenible.

¿Cuál es la situación de contaminación del lago los molinos?
En este marco, nos preguntamos también por la situación de contaminación del lago Los Molinos. Allí, la proliferación de algas está afectando al dique que provee de agua potable al 30% de la población de la Provincia de Córdoba. Lo vemos en los casos, por citar ejemplos, del Río Suquía y del lago San Roque.

El Impacto Oculto: Biodiversidad y Paisaje en Riesgo

La defensa de la biodiversidad no es un capricho ecologista, sino una necesidad para nuestra propia supervivencia. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) reconoce que la primera y más eficaz medida para combatir el cambio climático es, precisamente, proteger y restaurar nuestros ecosistemas. Sin embargo, el modelo eólico masivo va en la dirección contraria.

Los parques eólicos y sus infraestructuras asociadas (pistas, líneas de evacuación, subestaciones) tienen un impacto devastador:

  • Fragmentación de hábitats: Afectan a la flora y la fauna, alterando corredores ecológicos vitales.
  • Impacto sobre el suelo y el agua: La construcción de cimentaciones de hormigón y la apertura de pistas compactan y erosionan el suelo, afectando a los ciclos hídricos.
  • Mortalidad de avifauna: Las palas de los molinos son una amenaza directa para aves y murciélagos, muchos de ellos especies protegidas.
  • Contaminación acústica y visual: El ruido constante y la alteración radical del paisaje afectan no solo a la fauna, sino también a la salud y el bienestar de los habitantes cercanos.

El caso de Taramundi es paradigmático. Cuna del turismo rural en España, un modelo socioeconómico construido durante décadas con inversión pública y privada, se ve ahora amenazada con convertirse en un polígono industrial eólico. Con proyectos que afectarían al 95% de su territorio, se sacrifica un modelo de vida sostenible y arraigado en el territorio por un beneficio efímero para empresas foráneas. Los propios turistas se oponen, pues no viajan para ver montañas cercenadas por aerogeneradores de más de 165 metros de altura.

La Alternativa: Hacia una Transición Energética Justa

La crítica a este modelo depredador no es un "no" a las renovables, sino un "sí" a un modelo diferente, un "sí" a una transición verdaderamente justa y sostenible. La alternativa pasa por un cambio de enfoque radical, basado en un modelo de energía renovable distribuida, democrática y adaptada al territorio.

Los pilares de esta propuesta son:

  1. Gestión de la demanda: El primer paso es reducir el consumo. Acabar con el derroche, mejorar la eficiencia y cambiar nuestros hábitos para consumir menos y mejor. Hay estudios que demuestran que se puede mantener un alto nivel de bienestar con solo el 10% de la energía y materiales que usamos actualmente.
  2. Generación distribuida: Acercar la producción de energía a los puntos de consumo. Fomentar el autoconsumo residencial, industrial y urbano a través de paneles solares en tejados y polígonos industriales.
  3. Democratización de la energía: Promover modelos de gestión participativos como las comunidades energéticas, donde los ciudadanos son dueños y gestores de su propia energía, asegurando que los beneficios se queden en el territorio.
  4. Planificación y ordenación: Los proyectos de mayor escala solo deben instalarse tras una rigurosa ordenación territorial que identifique las zonas de menor impacto ambiental y social, siempre con una participación ciudadana real y vinculante.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Están los ecologistas en contra de las energías renovables?
No. La oposición no es a las tecnologías renovables en sí, sino al modelo de implantación masiva, centralizada y especulativa que no tiene en cuenta los impactos ambientales y sociales y que solo beneficia a unas pocas grandes empresas.
¿Generan los parques eólicos mucho empleo en las zonas rurales?
El empleo que generan es mínimo y, en su mayoría, temporal (durante la fase de construcción). Este escaso beneficio no compensa la destrucción de empleos estables en sectores como el turismo rural, la ganadería extensiva o la artesanía, que dependen de un entorno conservado.
¿Qué es el "colonialismo eléctrico"?
Es un término que describe la dinámica por la cual los territorios rurales, a menudo los más despoblados y con menos poder político, son sacrificados para producir energía que se consume en grandes ciudades y centros industriales. Las zonas rurales asumen los costes ambientales y sociales, mientras que los beneficios económicos se trasladan a otros lugares.
¿Es posible mantener nuestro nivel de vida actual solo con renovables?
Según numerosos expertos, es imposible mantener el actual nivel de consumo energético global simplemente sustituyendo las fuentes. Una transición real y sostenible exige necesariamente un cambio profundo en el modelo de consumo, enfocándose en la reducción, la eficiencia y el fin del crecimiento ilimitado.

En definitiva, nos encontramos en una encrucijada histórica. Podemos seguir el camino fácil que nos venden las grandes corporaciones, un camino que disfraza de verde el mismo modelo extractivista de siempre y que conduce al deterioro de nuestro patrimonio más valioso: la tierra fértil, el agua limpia y la biodiversidad. O podemos elegir un camino más complejo pero infinitamente más esperanzador: el de una transición energética justa, que ponga la vida en el centro, que empodere a las comunidades y que entienda que, como decía Gandhi, "el futuro depende de lo que hagamos en el presente". No podemos permitir que los nuevos molinos, por falta de visión, planificación y respeto, acaben como los antiguos: en ruinas, como un triste recordatorio de una oportunidad perdida.

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