29/01/2000
Chile es un país eminentemente urbano. Con un sorprendente 83% de su población habitando en ciudades, la dinámica de la vida nacional se decide en sus centros poblados. Sin embargo, este modelo de concentración, que ha impulsado el desarrollo durante décadas, hoy muestra síntomas de agotamiento. En el marco del Día Mundial del Urbanismo, una fecha para reflexionar sobre cómo diseñamos nuestros espacios comunes, emerge una pregunta crucial: ¿están nuestras ciudades preparadas para el futuro? La respuesta, según expertos, apunta a una crisis multidimensional que abarca desde la inequidad social y de género hasta el estrés medioambiental, manifestando una necesidad urgente de repensar el modelo de desarrollo urbano hacia uno más inclusivo, verde y, sobre todo, sostenible.

Los Múltiples Rostros de la Crisis Urbana
Los problemas que aquejan a las ciudades chilenas son variados y complejos, y a menudo se entrelazan. El Dr. Constantino Mawromatis, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile, los resume como síntomas de un modelo insostenible: tiempos de transporte cada vez más largos, una profunda inequidad y justicia urbana, inseguridad creciente, una alarmante falta de espacios públicos de calidad y un impacto ambiental que ya no se puede ignorar. En el fondo de muchos de estos problemas yace una cuestión de gobernanza: una deficiente asignación de funciones y responsabilidades entre las distintas entidades que gestionan el territorio, lo que impide una planificación integrada y a largo plazo.
A esto se suman desafíos concretos que ponen en jaque la calidad de vida. La contaminación del aire y del agua no es solo una estadística, sino una amenaza directa a la salud de millones de personas y a la estabilidad de los ecosistemas locales. Además, la geografía chilena expone a sus ciudades a constantes amenazas hidrometeorológicas, sísmicas y volcánicas, un riesgo que se ve magnificado por una planificación que no siempre ha considerado estas variables con la seriedad que merecen. Un ejemplo palpable de la desigualdad es la distribución de las áreas verdes: el promedio nacional está muy por debajo de los estándares internacionales recomendados, y su acceso es profundamente desigual, concentrándose en las comunas de mayores ingresos y dejando a vastos sectores de la población sin contacto vital con la naturaleza.
Una Ciudad con Perspectiva de Género: La Deuda Pendiente
La crisis urbana no afecta a todos por igual. La arquitecta Geraldine Herrmann, académica del Departamento de Urbanismo de la FAU, subraya que son las mujeres quienes se ven más perjudicadas por las deficiencias del diseño urbano actual. Esta desigualdad se manifiesta en múltiples niveles. Desde el acceso a la vivienda, donde las mujeres enfrentan mayores barreras para obtener créditos hipotecarios, hasta la experiencia cotidiana en el espacio público.
El acoso en las calles y en el transporte público es una realidad que limita la libertad de movimiento de las mujeres, condicionando los horarios y los lugares por los que pueden transitar con seguridad. “Las mujeres se sienten más inseguras que los hombres en nuestros espacios públicos y calles”, advierte Herrmann. Este fenómeno se ve agravado por un diseño urbano que ha priorizado históricamente al vehículo motorizado, dejando en segundo plano al peatón. Dado que las mujeres, estadísticamente, caminan más que los hombres y suelen ser las principales cuidadoras (movilizándose con niños, personas mayores o realizando compras), esta falta de aceras adecuadas, iluminación y seguridad las impacta de manera desproporcionada. Lo mismo ocurre con otros grupos vulnerados, como niños, ancianos y personas en situación de discapacidad, para quienes una ciudad hostil al peatón es una barrera constante.
Del Asfalto a las Personas: Repensando la Movilidad
La estructura de nuestras ciudades habla de nuestras prioridades, y en Chile, durante mucho tiempo, la prioridad ha sido el automóvil. Calles anchas para los vehículos y veredas estrechas para las personas es la norma en muchas áreas. Para revertir este paradigma y construir ciudades más amables y humanas, las soluciones pasan por un rediseño consciente del espacio público.
Geraldine Herrmann propone medidas concretas y urgentes: “Debemos ensanchar veredas (con anchos mínimos de aceras de 2,5 metros en calles locales), construir ciclovías en calles con alto tráfico motorizado, reducir las calzadas y fiscalizar la velocidad de vehículos motorizados”. Se trata de un cambio de enfoque radical: quitarle espacio al auto para dárselo a las personas, promoviendo la caminata y el ciclismo no solo como opciones recreativas, sino como medios de transporte eficientes, saludables y ecológicos.
Tabla Comparativa: Modelo Urbano Actual vs. Modelo Sostenible
| Característica | Modelo Actual (Centrado en el Automóvil) | Modelo Propuesto (Centrado en las Personas) |
|---|---|---|
| Prioridad de Espacio | Calzadas anchas para vehículos, veredas estrechas. | Veredas anchas, ciclovías seguras, transporte público eficiente. |
| Seguridad Vial | Diseñado para la velocidad del auto, generando riesgo para peatones y ciclistas. | Diseñado para la seguridad de los más vulnerables, con velocidades controladas. |
| Impacto Ambiental | Alta contaminación atmosférica y acústica, efecto isla de calor. | Menor contaminación, fomento de áreas verdes, reducción de emisiones. |
| Inclusión Social | Excluye a quienes no pueden costear o usar un automóvil (niños, ancianos, etc.). | Integra a toda la población, garantizando el derecho a la movilidad segura. |
Hacia la Ciudad Resiliente: Un Diálogo con el Entorno
En 2015, Chile se comprometió con la Agenda 2030 de la ONU, que busca, entre sus metas, aumentar la urbanización inclusiva y sostenible. En este contexto, surge un concepto fundamental: la ciudad resiliente. Jorge Inzulza, director del Departamento de Urbanismo de la U. de Chile, la define como “aquella ciudad que es capaz de estar inserta y dialogar tanto con su medio natural, como con su medio construido”.

Ser resiliente significa construir ciudades capaces de anticiparse, resistir y recuperarse de los efectos del cambio climático y de las catástrofes naturales. Esto implica un conocimiento profundo del territorio: no basta con saber que hay una pendiente, sino entender la naturaleza del suelo, los flujos de agua y los ecosistemas presentes. Para la profesora Paola Velásquez, es necesario articular un nuevo modelo de gobernanza que estructure un sistema de infraestructura verde, conectando parques, ríos y áreas naturales para crear una red que responda a la compleja realidad de ciudades como Santiago y que avance hacia una visión centrada en el bien común.
La Educación Urbana como Pilar del Cambio
Una ciudad resiliente no se construye solo con cemento e infraestructura. Su pilar más importante es una ciudadanía informada y comprometida. Según Inzulza, habitar una ciudad resiliente implica que “la sociedad es parte de la manera en cómo debe habitar de buena forma”. Esto se logra a través de la educación cívica y urbana.
Cuando los ciudadanos conocen su territorio, entienden las amenazas y los riesgos a los que están expuestos, pero también las oportunidades que ofrece. Una sociedad informada no solo sabe, sino que puede actuar de manera anticipada, participar activamente en la planificación de su barrio y exigir a las autoridades decisiones que velen por el bienestar colectivo. El urbanismo, en este sentido, también es educación. Es la herramienta que transforma a los habitantes en ciudadanos conscientes, co-creadores de un entorno más seguro, justo y sostenible para las generaciones presentes y futuras.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es una “ciudad resiliente” en términos simples?
Es una ciudad diseñada y preparada para enfrentar y recuperarse de desastres naturales y los efectos del cambio climático, protegiendo a sus habitantes y su entorno. Piensa en sistemas de drenaje que evitan inundaciones o construcciones que soportan sismos.
¿Cómo afecta el diseño de las calles a la desigualdad de género?
Un diseño centrado en el automóvil crea entornos inseguros y poco prácticos para quienes se mueven a pie, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. Veredas estrechas, mala iluminación y altas velocidades vehiculares generan inseguridad y acoso, limitando la libertad de movimiento de las mujeres.
¿Qué es la "infraestructura verde"?
Es una red de espacios naturales y seminaturales (como parques, ríos, techos verdes y jardines) planificada estratégicamente para ofrecer beneficios ambientales, sociales y económicos, como mejorar la calidad del aire, gestionar el agua de lluvia y ofrecer espacios de recreación.
¿Qué puedo hacer como ciudadano para contribuir a una ciudad más sostenible?
Puedes optar por caminar, usar la bicicleta o el transporte público; participar en las juntas de vecinos y en los procesos de planificación comunal; cuidar las áreas verdes de tu barrio; reducir, reutilizar y reciclar; e informarte sobre los desafíos ambientales y urbanos de tu ciudad para tomar decisiones conscientes.
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