18/04/2017
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que saber que uno ingresaba a la zona sur de Buenos Aires era una experiencia sensorial inconfundible y desagradable. Un olor agrio, penetrante, se apoderaba del aire, un hedor que emanaba de un caldo denso y fétido que se estancaba en el cauce del río. Era el aroma de la negligencia: una mezcla de emisiones industriales, desechos cloacales sin tratar, basura acumulada por décadas y hasta cadáveres de animales. La Cuenca Matanza-Riachuelo era, sin eufemismos, el basural a cielo abierto de la metrópoli argentina, un reflejo líquido y pestilente de la desidia estatal. Hoy, al navegar sus aguas, el olor ya no golpea y la superficie parece liberada de su antigua carga. Han pasado 15 años desde que un fallo histórico ordenó su limpieza, pero bajo la superficie mejorada yace una verdad compleja, llena de avances innegables y deudas pendientes que aún envenenan el ecosistema y a su gente.

- Un Legado de 200 Años de Contaminación
- El Fallo "Mendoza": Un Punto de Inflexión Jurídico y Social
- Avances Visibles: La Cara Lavada del Riachuelo
- La Contaminación Invisible: Lo que Aún Enferma y Mata
- Preguntas Frecuentes sobre la Situación del Riachuelo
- El Futuro: Entre Obras Monumentales y Escepticismo
Un Legado de 200 Años de Contaminación
La historia del Riachuelo es la crónica de un sacrificio ambiental. A lo largo de casi 70 kilómetros, este curso de agua atraviesa 14 municipios donde viven casi cinco millones de personas, desembocando finalmente en el Río de la Plata. Durante más de dos siglos, sus riberas fueron el lugar ideal para la instalación de industrias, principalmente curtiembres y frigoríficos, que vertieron sus desechos tóxicos sin ningún tipo de control. A esto se sumó el crecimiento descontrolado de la población, que arrojaba sus efluentes cloacales y residuos sólidos directamente al agua. El río se convirtió en una cloaca a cielo abierto.
La indiferencia política fue un contaminante más. En la década de los noventa, una célebre promesa de una ministra de gobierno aseguró que el Riachuelo sería potable “en 1.000 días”. Han pasado más de tres décadas y esa promesa resuena como una burla. La cuenca se consolidó como una de las zonas más degradadas ambiental y socialmente de Argentina, ganando la infame distinción de estar entre las más contaminadas del planeta. La acumulación de sedimentos tóxicos, con altas concentraciones de metales pesados como cromo, plomo y mercurio, creó un lecho venenoso que aún hoy representa el mayor desafío.
El cambio, o al menos el inicio de uno, no provino de la iniciativa política, sino de la desesperación de sus habitantes. En 2004, un grupo de 17 personas, hartas de vivir en un entorno tóxico, presentaron una demanda judicial contra el Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires y 44 empresas contaminantes. La causa llevó el nombre de Beatriz Mendoza, una psicóloga social que trabajaba en Villa Inflamable, un asentamiento precario ubicado junto a un polo petroquímico. Los análisis de Mendoza revelaron que tenía en su sangre niveles de tolueno seis veces superiores al límite tolerable, una prueba irrefutable del veneno invisible al que estaba expuesta.
Este valiente acto de ciudadanía escaló hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en 2006 intimó a los demandados a presentar un plan de saneamiento. Dos años después, en 2008, el máximo tribunal dictó un fallo histórico que cambió el paradigma: ordenó a los tres gobiernos a implementar un plan de saneamiento integral con objetivos claros y plazos definidos. Para garantizar su cumplimiento, se creó la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR), un ente interjurisdiccional encargado de coordinar las acciones, y un cuerpo colegiado, integrado por ONGs y el Defensor del Pueblo, para auditar el proceso. La justicia obligaba al Estado a hacerse cargo de su propia negligencia.
Avances Visibles: La Cara Lavada del Riachuelo
Navegar hoy por el tramo inferior de la cuenca, la zona históricamente más crítica, ofrece una imagen radicalmente distinta a la de hace dos décadas. El agua ha perdido esa densidad viscosa y la pestilencia ha desaparecido casi por completo. La superficie está mayormente libre de residuos sólidos gracias a barreras flotantes y a una flota de barcos que recogen basura diariamente. El trabajo es complementado en las márgenes por cooperativas de recolectores.
Las cifras respaldan esta mejora visual. Solo en 2022, ACUMAR reportó la extracción de más de 45.000 toneladas de basura. Se han retirado del lecho del río cerca de 80 barcos hundidos y más de 100 automóviles que se oxidaban en el fondo, permitiendo que el cauce principal sea navegable. Aunque la circulación general aún no está permitida para no remover los sedimentos tóxicos, el cambio es innegable. Los márgenes, antes inaccesibles y cubiertos de basura, ahora son caminos de sirga parquizados donde se realizan actividades culturales y deportivas. La fauna también da tímidos signos de regreso: se ven aves, tortugas y el radar de las embarcaciones detecta la presencia de algunos peces.
Tabla Comparativa: El Riachuelo, Antes y Después del Fallo Mendoza
| Característica | Situación (Pre-2008) | Situación Actual |
|---|---|---|
| Olor | Pestilente y perceptible a gran distancia. | Prácticamente ausente en el cauce principal. |
| Aspecto del Agua | Líquido denso, oscuro, cubierto por una capa de basura y grasas. | Superficie mayormente limpia de sólidos, coloración oscura por sedimentos. |
| Residuos Sólidos | El cauce era una "alfombra de basura flotante". | Se retiran toneladas diariamente, pero el ingreso de basura continúa. |
| Navegabilidad | Imposible debido a basura y cascos hundidos. | Navegable en el tramo inferior, pero con circulación restringida. |
| Márgenes | Basurales clandestinos y asentamientos precarios sobre el borde. | Caminos de sirga limpios y parquizados en gran parte del recorrido. |
La Contaminación Invisible: Lo que Aún Enferma y Mata
Pese al evidente "maquillaje" de la cuenca, las organizaciones de la sociedad civil y los vecinos más afectados advierten: "El problema está en lo que no se ve". La mejora visual no es proporcional al tiempo transcurrido ni a la inmensa cantidad de dinero invertido. La contaminación química, la más peligrosa, persiste.
Según los propios monitoreos de ACUMAR, la calidad del agua sigue siendo calificada como “regular”, “mala” o “muy mala” en la mayoría de sus estaciones de medición. El oxígeno disuelto es prácticamente nulo, lo que impide el desarrollo de vida acuática compleja. Los principales culpables siguen siendo los mismos: los vertidos cloacales y los efluentes industriales.
El control a las industrias es uno de los puntos más débiles del plan de saneamiento. A pesar de los años, casi la mitad de las industrias de la cuenca aún no se han adecuado a la normativa ambiental. Siguen liberando sustancias tóxicas al agua, al aire y al suelo. Desde ACUMAR argumentan que se busca un proceso de reconversión paulatino para no afectar las fuentes de trabajo, pero para los activistas, es una lentitud inaceptable que perpetúa el daño a la salud de la población. Lo que enferma y mata, insisten, es el veneno que va por debajo del agua.
Preguntas Frecuentes sobre la Situación del Riachuelo
- ¿Qué es exactamente la Cuenca Matanza-Riachuelo?
- Es un área de 2.240 km² que incluye el Río Matanza (en su tramo superior) y su continuación, el Riachuelo (en su tramo inferior), junto con todos sus arroyos y afluentes. Atraviesa 14 municipios del conurbano bonaerense y parte de la Ciudad de Buenos Aires.
- ¿Cuáles son los principales contaminantes hoy en día?
- Se estima que el 70% de la contaminación orgánica proviene de los desechos cloacales de millones de personas que no están conectadas a la red. El 30% restante corresponde a los vertidos industriales, que aportan metales pesados y compuestos químicos tóxicos, y a los residuos sólidos urbanos que llegan al agua.
- ¿Qué es ACUMAR?
- La Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo es un ente público creado en 2006, cuya función es llevar adelante el Plan Integral de Saneamiento Ambiental ordenado por la Corte Suprema. Trabaja en coordinación con los gobiernos de la Nación, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires.
- ¿Algún día se podrá nadar o pescar en el Riachuelo?
- Actualmente es impensable y extremadamente peligroso para la salud. La recuperación del ecosistema a un nivel que permita usos recreativos como nadar o pescar es un objetivo a muy largo plazo, que podría tardar varias décadas más, incluso si todas las obras y controles se completan con éxito.
El Futuro: Entre Obras Monumentales y Escepticismo
La esperanza de una recuperación real se sostiene sobre tres grandes proyectos de infraestructura. El más importante es el Sistema Riachuelo, una obra de ingeniería sanitaria monumental que desviará gran parte de los efluentes cloacales a través de un sistema de túneles hacia una planta de tratamiento, para luego liberarlos tratados en el Río de la Plata. Se espera que esta obra, la más grande en su tipo desde 1945, esté operativa a fines de 2023 y marque un antes y un después en la calidad del agua. Los otros dos pilares son la creación de un polo industrial para agrupar y controlar a las curtiembres, y el ya concretado traslado del mercado de hacienda.
Sin embargo, el escepticismo persiste. El cuerpo colegiado que controla el plan ha advertido que ninguno de los objetivos originales se ha cumplido en su totalidad y que la población relocalizada apenas supera el 30% de lo acordado en 2010. El caso de Villa Inflamable, declarada inhabitable hace años pero cuyos habitantes siguen esperando una solución definitiva, es un doloroso ejemplo de las deudas sociales.
La Cuenca Matanza-Riachuelo se encuentra en una encrucijada. Ya no es el basural putrefacto de antes, pero tampoco es un río sano. Es un ecosistema en una lenta y conflictiva transición. Ha dejado de ser el fondo olvidado de la ciudad para convertirse en un escenario de disputa, donde los avances visibles luchan contra la persistencia de un veneno invisible y una historia de abandono difícil de revertir. La pregunta sigue en el aire: ¿logrará Argentina transformar este histórico símbolo de desidia en un verdadero ejemplo de recuperación ambiental y justicia social? El tiempo y, sobre todo, la voluntad política, tendrán la última palabra.
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