¿Por qué Viamonte propone el reconocimiento de María Remedios?

María Remedios: La Madre de la Patria olvidada

21/08/2014

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En las polvorientas calles del Buenos Aires post-revolucionario, una anciana de piel oscura, encorvada por los años y el dolor, ofrecía pasteles y pedía limosna para sobrevivir. Mostraba a los transeúntes las cicatrices que surcaban su cuerpo, seis de bala y otras tantas de latigazos, como mudos testimonios de una vida entregada a una causa que parecía haberla olvidado. Pocos creían su increíble historia; para muchos, no era más que una mendiga delirante que se autodenominaba "la capitana". Sin embargo, esa mujer era Doña María Remedios del Valle, la Madre de la Patria, una heroína cuyo coraje en el campo de batalla y cuya compasión por los heridos la convirtieron en una leyenda viviente del Ejército del Norte. Su historia es la de la valentía indómita, el sacrificio supremo y la cruel ingratitud de una nación naciente.

¿Qué honor tiene doña María Remedios del valle desde el primer grito de la Revolución?
“Doña María Remedios del Valle, capitana del Ejército, a V. S. debidamente expone: Que desde el primer grito de la Revolución tiene el honor de haber sostenido la justa causa de la Independencia, de una de aquellas maneras que suelen servir de admiración a la Historia de los Pueblos.
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Los Primeros Gritos de Libertad: El Origen de una Heroína

Nacida en la capital del Virreinato del Río de la Plata entre 1766 y 1767, María Remedios era una parda, una argentina descendiente de africanos esclavizados. Su compromiso con la defensa de su tierra no nació con la Revolución de Mayo, sino antes. Durante las Invasiones Inglesas, ya había demostrado su valor auxiliando al Tercio de Andaluces, uno de los cuerpos de milicianos que defendieron con éxito la ciudad. Este fue su primer contacto con el fragor del combate y el servicio a la comunidad.

Cuando el grito de libertad resonó en 1810, María Remedios no dudó. El 6 de julio de ese año, junto a su marido y sus dos hijos, se unió a la marcha de la sexta compañía de artillería volante del regimiento de artillería. Su destino era acompañar la expedición que se convertiría en el glorioso y sufrido Ejército del Norte. No iba solo como una seguidora; iba como una combatiente, una enfermera, una proveedora de consuelo y coraje. Sin saberlo, iniciaba un camino de sacrificio en el que entregaría a su familia entera a la causa de la independencia.

En el Campo de Batalla: Nace la "Madre de la Patria"

La campaña al Alto Perú fue una prueba de fuego para el ejército patriota y para María Remedios. Estuvo presente en la devastadora derrota de Huaqui en 1811 y en la posterior y caótica retirada. Fue en este contexto de adversidad donde su figura comenzó a agigantarse. No se limitaba a las tareas tradicionalmente asignadas a las mujeres que seguían al ejército; ella combatía, alentaba y, sobre todo, curaba.

Un episodio clave definió su rol y su leyenda. En la víspera de la crucial batalla de Tucumán, en septiembre de 1812, se presentó ante el General Manuel Belgrano. Le solicitó permiso para atender a los heridos en la primera línea de fuego. Belgrano, conocido por su estricta disciplina y su reticencia a permitir mujeres en el campamento, se lo negó. Pero la determinación de Remedios era más fuerte que cualquier orden. Durante la batalla, desobedeció y se dedicó a socorrer a los caídos, ganándose el respeto y el cariño eterno de la tropa. Fueron esos soldados, a quienes cuidaba con afecto maternal, los que comenzaron a llamarla "Madre de la Patria".

Viendo su inquebrantable valor y su indispensable labor, Belgrano cedió. No solo la admitió oficialmente en sus filas, sino que, en un acto de justicia y reconocimiento sin precedentes, la nombró capitana de su ejército. Desde ese momento, luchó y curó con el rango que se había ganado a fuerza de coraje.

El Precio de la Valentía: Captura, Tortura y Resiliencia

La guerra continuó con su crudeza. En las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma en 1813, María Remedios combatió con el fusil en la mano junto a las llamadas "niñas de Ayohuma". En medio del combate, fue herida de bala y capturada por el ejército realista. Su condición de mujer y su fama de patriota acérrima la convirtieron en el blanco de la crueldad enemiga. Como escarmiento público, fue sometida a nueve días consecutivos de azotes. Las cicatrices de esos latigazos marcarían su espalda para siempre, un mapa del dolor sufrido por la libertad.

Pero ni la tortura pudo quebrar su espíritu. Logró escapar del cautiverio y, lejos de buscar refugio, se reincorporó a la lucha, uniéndose a las fuerzas irregulares de Martín Miguel de Güemes y Juan Antonio Álvarez de Arenales. Una vez más, retomó su doble función: la de soldado en el frente y la de enfermera en la retaguardia, curando las heridas de sus compañeros y manteniendo viva la llama de la resistencia.

El Olvido de una Nación: De Capitana a Mendiga

Con el fin de la guerra, la gloria de los héroes se convirtió en el sustento de los relatos fundacionales de la nueva nación. Sin embargo, para muchos de los que realmente habían sangrado por ella, el futuro fue de olvido y miseria. María Remedios del Valle fue el ejemplo más trágico de esta ingratitud.

Regresó a Buenos Aires, sola, sin esposo ni hijos, todos caídos en combate. Con cerca de 60 años, su cuerpo herido y maltratado ya no le permitía trabajar. La capitana del Ejército del Norte, la Madre de la Patria, se vio reducida a la mendicidad. Vivía en un rancho en las afueras y caminaba cada día hasta el centro para vender pasteles o pedir limosna en las puertas de las iglesias. Su historia, contada a quienes le daban una moneda, sonaba a fantasía, al desvarío de una anciana. Nadie podía creer que esa mujer pobre y olvidada fuera una de las más grandes heroínas de la independencia.

Cronología de una Vida de Lucha
PeríodoAcontecimientos ClaveRol de María Remedios
1766 - 1807Nacimiento en Buenos Aires. Invasiones Inglesas.Auxiliar del Tercio de Andaluces en la defensa de la ciudad.
1810 - 1813Revolución de Mayo. Se une al Ejército del Norte. Batallas de Huaqui, Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma.Combatiente, enfermera y auxiliar. Nombrada Capitana por el General Belgrano. Se gana el apodo de "Madre de la Patria".
1813 - 1818Capturada por los realistas tras Ayohuma. Sometida a azotes públicos.Prisionera de guerra. Escapa y se une a las guerrillas de Güemes y Arenales, continuando la lucha.
Post-Guerra - 1827Regreso a Buenos Aires. Pérdida de su familia.Vive en la pobreza extrema, mendigando y vendiendo pasteles en las calles. Su historia es ignorada.
1827 - 1847Reconocimiento por parte del General Viamonte. Lucha por una pensión.Inicia un largo proceso para ser reconocida por el Estado. Recibe una pensión mínima y, años después, un aumento por parte de Juan Manuel de Rosas.

La Lucha por el Reconocimiento: La Voz de Viamonte

El destino de María Remedios parecía sellado al olvido, hasta que un día de agosto de 1827, el azar intervino. Mientras mendigaba, el General Juan José Viamonte, quien había sido su compañero de armas en el Alto Perú, la vio. Tras un momento de duda, la reconoció y exclamó conmovido: “¡Usted es la Capitana, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína!”.

Este encuentro fue el catalizador de su tardía reivindicación. Viamonte, entonces diputado, no podía tolerar la injusticia. Llevó su caso a la Junta de Representantes de Buenos Aires, presentando un proyecto para otorgarle una pensión vitalicia. Su primer discurso fue un alegato apasionado contra el olvido:

“Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna. Esta mujer es realmente una benemérita... Es bien digna de ser atendida: presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y lleno, además, de cicatrices de azotes recibidos de los españoles. No se la debe dejar pedir limosna. Después de haber dicho esto, creo que no habrá necesidad de más documentos.”

Sin embargo, la burocracia y la indiferencia fueron obstáculos formidables. El pedido fue rechazado bajo el pretexto de que la Junta representaba a la provincia y no a la Nación, y que sus servicios habían sido a esta última. Pero Viamonte no se rindió. Insistió, y su voz encontró eco en otros diputados que también habían sido testigos del valor de Remedios, como Tomás de Anchorena, quien la describió como "una mujer singular", admirada por el propio Belgrano por su valor y su caridad sin límites.

Finalmente, la persistencia dio sus frutos. La Junta le acordó una pensión de 30 pesos mensuales, una suma modesta, equivalente al sueldo de una costurera y muy lejana de los 660 pesos que ganaba el gobernador. Años más tarde, durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, su situación mejoró al ser ascendida a sargento mayor y su pensión aumentada significativamente. En agradecimiento, María Remedios adoptó el apellido Rosas, con el que fue conocida hasta su muerte en 1847.

Preguntas Frecuentes

¿Quién fue María Remedios del Valle?
María Remedios del Valle fue una mujer afroargentina que luchó en las guerras de Independencia de Argentina. Participó activamente en el Ejército del Norte como combatiente y enfermera, siendo nombrada Capitana por el General Manuel Belgrano y apodada "Madre de la Patria" por los soldados.

¿Por qué la llamaban "Madre de la Patria"?
Recibió este apodo de los propios soldados del Ejército del Norte debido a su incansable dedicación y cuidado maternal hacia los heridos y enfermos en el campo de batalla. Era vista como un paño de lágrimas y un símbolo de consuelo y fortaleza en los momentos más difíciles.

¿Qué papel jugó el General Viamonte en su historia?
El General Juan José Viamonte fue fundamental para su reivindicación. Tras encontrarla mendigando en Buenos Aires años después de la guerra, la reconoció como la heroína que era y luchó incansablemente en la legislatura para que el Estado le otorgara una pensión en reconocimiento a sus enormes servicios a la patria.

¿Recibió finalmente el reconocimiento que merecía?
Recibió un reconocimiento tardío y parcial. La pensión inicial fue muy modesta, reflejando la ingratitud del Estado. Sin embargo, el hecho de que se le concediera, gracias a la insistencia de sus antiguos compañeros, representó una victoria moral. Su posterior reconocimiento por parte de Rosas mejoró su situación económica en sus últimos años. Su reconocimiento pleno como figura central de la independencia es un proceso que ha continuado hasta nuestros días.

¿Por qué es importante recordar su historia hoy?
Recordar a María Remedios del Valle es un acto de justicia histórica. Su figura visibiliza el papel crucial de las mujeres y de los afrodescendientes en la construcción de la nación argentina, grupos a menudo silenciados en los relatos oficiales. Su vida es un poderoso recordatorio del valor, la resiliencia y la lucha contra el olvido.

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