15/11/2022
En el imaginario colectivo, tanto de creyentes como de no creyentes, el nombre de San Francisco de Asís evoca imágenes de armonía con la naturaleza, de un hombre que dialogaba con los pájaros y amansaba a los lobos. Esta visión, popularizada por un cierto romanticismo y reforzada por su nombramiento como Patrón de los Ecologistas por el Papa Juan Pablo II en 1979, lo ha convertido en un ícono del movimiento ambiental. Sin embargo, reducir a Francisco a la figura de un simple "amigo de la naturaleza" es pasar por alto la profunda y revolucionaria dimensión teológica que sustentaba su relación con el mundo. Para comprender verdaderamente su legado, debemos preguntarnos: ¿era Francisco un ecologista en el sentido moderno, o su visión era algo mucho más profundo y transformador?
Un Malentendido Fundamental: ¿Naturaleza o Creación?
La clave para desentrañar el pensamiento franciscano reside en una distinción fundamental: la diferencia entre "naturaleza" y "creación". Para muchos hoy en día, la naturaleza es un entorno, un conjunto de recursos que debemos gestionar o un paisaje hermoso del que disfrutar. Es un "algo" a nuestra disposición. Para Francisco, el mundo no era simplemente naturaleza, era Creación. Este matiz lo cambia todo. La palabra "creación" implica un Creador. El universo no es un dato puro y material, sino un don recibido de Aquel que es su origen y su fin. Cada elemento, desde el sol hasta el más pequeño gusano, es una "criatura", una palabra que comparte la misma raíz que "Creador".

Por lo tanto, cuando Francisco amaba a las flores, al agua o a los animales, no estaba practicando un naturismo sentimental. Estaba, ante todo, cantando y alabando la obra de Dios. El mundo era para él un espejo lucidísimo de la bondad, la sabiduría y el poder del Artífice. Como lo expresó uno de sus primeros biógrafos, Tomás de Celano: "En las cosas hermosas reconoce al Hermosísimo; cuanto hay de bueno le grita: 'El que nos ha hecho es el mejor'. Por las huellas impresas en las cosas sigue dondequiera al Amado, hace con todo una escala por la que sube hasta el trono". Su ecología, entonces, no se basaba en la economía de los recursos naturales o en la preservación de la biodiversidad por sí misma, sino en la comunión con las criaturas que le revelaban la bondad inagotable del Padre.
El Creador a través de sus Criaturas
Esta perspectiva de fe explica por qué su afecto por el mundo era tan radicalmente fraterno. Si Dios es el Padre de todos, entonces todas las cosas creadas son, en cierto sentido, nuestros hermanos y hermanas. Francisco no llamaba "hermano" al sol y "hermana" a la luna como una simple metáfora poética. Era la expresión de una profunda convicción teológica. Esta fraternidad, sin embargo, no era indiscriminada ni ingenua. Estaba profundamente arraigada en su fe en Cristo.
Su amor por los corderos, por ejemplo, estaba directamente ligado a que Cristo es llamado el "Cordero de Dios". Recogía los gusanillos del camino para que no fueran pisoteados, recordando el Salmo que dice "soy un gusano y no un hombre", una profecía sobre el sufrimiento de Cristo. Prohibía a los hermanos leñadores cortar un árbol por completo, para dejarle la esperanza de volver a brotar, viendo en ello un símbolo de la resurrección. Cada criatura era un signo, una huella que lo llevaba al Amado. Su relación con el mundo era sacramental: veía lo visible como una puerta hacia lo invisible, hacia el amor de Dios manifestado.

El Cántico de las Criaturas: Más que un Poema a la Naturaleza
La expresión más sublime de esta visión es su famoso "Cántico de las Criaturas" o "Cántico del Hermano Sol". Es fundamental entender el contexto en que fue escrito. Lejos de ser la obra de un joven optimista en un prado florido, Francisco lo compuso hacia el final de su vida, en 1224. Estaba gravemente enfermo, casi ciego, y sufría intensos dolores físicos. En medio de esta profunda tribulación, no escribe un lamento, sino una alabanza jubilosa.
El Cántico no es una invitación a las criaturas para que alaben a Dios, como en otros textos bíblicos. Es Francisco quien alaba a Dios con y por sus criaturas. Él se une al coro cósmico. La estructura del poema revela una profunda simbología. Organiza a las criaturas en parejas fraternas que representan las fuerzas fundamentales de la vida:
- Hermano Sol y Hermana Luna/Estrellas: La luz, el día y la noche, lo masculino y lo femenino, lo que ilumina y lo que guía en la oscuridad.
- Hermano Viento y Hermana Agua: El aire que da sustento y el agua humilde y casta que purifica y da vida.
- Hermano Fuego y Hermana Madre Tierra: El fuego robusto y alegre que transforma y alumbra, y la tierra maternal que nutre y gobierna.
Esta no es una simple lista de elementos. Es una celebración de las fuerzas del alma humana reconciliadas en Cristo. Francisco ve en la belleza y utilidad de las criaturas una transfiguración de las pasiones y energías humanas, ahora puestas al servicio de la alabanza.
La Dimensión Humana: Perdón y Muerte en la Creación
Lo que demuestra que el Cántico no es un mero poema ecológico es la inclusión de dos estrofas que rompen con el tema de la naturaleza: la del perdón y la de la muerte. Tras alabar a los elementos, Francisco añade: "Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor y sufren enfermedad y tribulación". Aquí revela que la criatura más bella a los ojos de Dios no es el sol o la luna, sino el ser humano reconciliado, el hombre que, a imagen de Cristo, es capaz de perdonar y de encontrar la paz en medio del sufrimiento. La creación no es un paraíso idílico; es el escenario donde se libra el drama humano de la redención.

Finalmente, introduce a la "Hermana Muerte Corporal". La muerte, la negación de la vida creada, es acogida como una hermana. ¿Por qué? Porque para Francisco, que vivía en una fe total, la muerte no era el final, sino el paso necesario de este mundo al Padre. Es la puerta a la vida eterna, la recreación definitiva en Cristo. Al abrazar a la hermana Muerte, Francisco sella su alabanza cósmica con el sello de lo Eterno, mostrando que todo el camino de las criaturas es un camino hacia la eternidad.
Perspectiva Franciscana vs. Ecologismo Moderno
Para clarificar las diferencias, podemos comparar ambos enfoques:
| Aspecto | Visión del Ecologismo Moderno | Visión de San Francisco de Asís |
|---|---|---|
| Enfoque Principal | Sostenibilidad, gestión de recursos, preservación de la biodiversidad, crisis climática. | La bondad del Creador, la fraternidad universal, el mundo como camino hacia Dios. |
| Motivación | Supervivencia de la especie humana, ética secular, evidencia científica. | Fe en Dios Padre, amor a Cristo, gratitud por el don de la Creación. |
| Visión del Mundo | Un ecosistema, un planeta, un entorno natural con recursos finitos. | Una Creación, una familia de criaturas, un espejo de la belleza y bondad de Dios. |
| Relación con la Naturaleza | De administración, cuidado y, a veces, de dominio o explotación. | De fraternidad, humildad, alabanza y contemplación. |
Reencontrar la Inocencia Original
La actitud de Francisco ante el mundo no era la de quien ignora el mal, la dureza y la crueldad. Él conocía el hambre, la enfermedad y la traición. Sin embargo, su conversión lo había devuelto a una especie de "inocencia original", en el sentido etimológico de ser "incapaz de hacer daño" (in-nocens). Al vivir plenamente la salvación en Cristo, podía ver a las criaturas no como son en un mundo caído, sino como deberían ser en el plan de Dios: reconciliadas. Por eso el lobo de Gubbio puede abandonar su ferocidad y el fuego puede atemperar su ardor para no hacerle daño durante una cauterización. No es magia, es la manifestación de una realidad restaurada por la gracia. Él veía en el mundo los albores de la nueva creación prometida, donde "el lobo cohabitará con el cordero".
Preguntas Frecuentes
- ¿Está mal llamar a San Francisco patrón de la ecología?
No, no es incorrecto, pero sí incompleto. Su patronazgo es valioso si entendemos que su motivación no era una agenda ecologista moderna, sino un profundo amor teológico por todo lo creado como obra de Dios. Nos invita a una ecología integral, que une el cuidado del planeta con la justicia social y una profunda espiritualidad.

- ¿La visión de San Francisco es una forma de panteísmo?
En absoluto. El panteísmo identifica a Dios con la naturaleza. Para Francisco, la distinción entre el Creador y la creación es siempre clarísima. Él nunca adora a la naturaleza; alaba al Creador a través de la naturaleza. Las criaturas son un camino hacia Dios, no Dios mismo.
- ¿Cómo podemos aplicar hoy su mensaje?
Su mensaje nos llama a cambiar nuestra perspectiva. En lugar de ver el mundo como un objeto de consumo, debemos verlo como un don que requiere gratitud y respeto. Nos invita a cultivar una relación de fraternidad y cuidado, reconociendo que compartimos una "casa común" con todas las criaturas, un concepto que el Papa Francisco ha desarrollado en su encíclica Laudato si', inspirada directamente en el santo de Asís.
En conclusión, San Francisco de Asís no fue simplemente un ecologista adelantado a su tiempo. Fue un místico cuyo corazón, incendiado de amor por Dios, se expandió hasta abrazar a toda la creación en una fraternidad universal. Su legado no es un manual de políticas ambientales, sino una invitación a una conversión del corazón: a ver el mundo con ojos de fe, a reconocer en cada criatura a un hermano y a transformar nuestra relación con el planeta de una de dominio a una de alabanza y cuidado. Nos enseña que el verdadero cuidado de nuestra casa común nace, en última instancia, del amor a su Creador.
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