¿Dónde se encuentra el centro clandestino de detención Mansión Seré?

Mansión Seré: Del Lujo al Horror y la Memoria

09/07/2017

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En el corazón del oeste del conurbano bonaerense, en el límite entre Castelar e Ituzaingó, yace una historia de profundos contrastes. Es la historia de un predio que fue testigo de la opulencia de la aristocracia de principios del siglo XX, para luego convertirse en el escenario de los horrores más oscuros del terrorismo de Estado en Argentina. Hablamos de la Mansión Seré, también conocida por su macabro alias en la jerga militar, "Atila". Su trayectoria es un viaje desde la belleza arquitectónica hasta la desolación de un centro clandestino de detención, y finalmente, su resignificación como un espacio de memoria y vida. Este artículo se sumerge en las capas de su historia para entender cómo un lugar puede encapsular la luz y la sombra de un país.

¿Qué objetos se recuperaron de la Mansión Seré?
Índice de Contenido

Los Orígenes de un Símbolo: La Quinta Seré

La historia del predio se remonta a 1868, cuando el inmigrante vasco francés Jean Sère, un hombre visionario, adquirió 56 hectáreas en una zona que por entonces era el campo abierto de Morón. Allí estableció la "Quinta Seré", un espacio dedicado a la cría de caballos de polo y a la ganadería, actividades que reflejaban el estatus y la prosperidad de la época. A su muerte, la propiedad se dividió entre sus herederos.

Fue en el año 1900 cuando la historia del icónico edificio comenzó a tomar forma. Leocadia Seré, una de las hijas de Jean, junto a su esposo Santiago Capdepont, encargaron la construcción de la que sería conocida como la "Mansión Seré". El diseño fue obra del arquitecto Juan Bernardo Seré, hermano de Leocadia, quien proyectó un deslumbrante palacete de estilo francés. Con materiales importados directamente de Europa, la mansión de dos plantas se erigía como una joya arquitectónica en medio del paisaje rural, un símbolo del poder económico y cultural de la familia. Con el tiempo, la propiedad se expandió y los primeros loteos dieron origen al hoy conocido Barrio Seré.

De la Belleza al Abandono y la Ocupación Militar

El destino de la mansión dio un giro inesperado en 1949, cuando fue vendida al Municipio de la Ciudad de Buenos Aires por una cifra considerable para la época. Sin embargo, tras la caída del gobierno de Juan Domingo Perón en 1955, la magnífica propiedad cayó en un estado de virtual abandono. El lujo y la vida que alguna vez la caracterizaron se desvanecieron, dejando un cascarón vacío a la espera de un nuevo propósito.

Ese propósito llegó de la mano de los militares. Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, en 1966, el lugar fue reacondicionado para funcionar como el Casino de Oficiales de la VII Brigada Aérea de Morón. Este hecho marcó el inicio de la presencia militar en la zona, un preludio sombrío de lo que vendría una década más tarde. Curiosamente, un año antes de su transformación en centro de exterminio, en 1975, la mansión sirvió de locación para el videoclip "Alguien más en quien confiar" de la banda de rock El Reloj, un registro audiovisual que, sin saberlo, capturó los últimos vestigios de su inocencia arquitectónica.

"Atila": El Horror entre Paredes Lujosas

Con el advenimiento de la última dictadura cívico-militar en 1976, la Mansión Seré fue transformada en uno de los más de 500 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que operaron en el país. Bajo la jurisdicción de la Fuerza Aérea Argentina y con el apoyo de la Policía Bonaerense de Castelar, el lugar fue rebautizado por los represores con el nombre en clave de "Atila". Entre 1977 y 1978, sus elegantes salones y habitaciones se convirtieron en celdas improvisadas y salas de tortura, donde decenas de personas secuestradas padecieron un infierno inimaginable. La belleza de su fachada ocultaba una maquinaria de terror sistemático.

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La Fuga que Desnudó el Horror

A pesar del control férreo y la vigilancia constante, la esperanza y la valentía encontraron una grieta en la estructura del terror. La noche del 24 de marzo de 1978, justo en el segundo aniversario del golpe de Estado, cuatro prisioneros lograron una hazaña que marcaría el principio del fin para "Atila". El futbolista Claudio Tamburrini, junto a Daniel Rusomano, Guillermo Fernández y Carlos García Muñoz, planificaron y ejecutaron una fuga espectacular. Desnudos y aún esposados, se descolgaron desde una ventana del primer piso hacia la libertad, en medio de una tormenta. Su escape no solo les salvó la vida, sino que expuso la existencia del centro clandestino, volviéndolo insostenible para los militares. Este evento histórico fue inmortalizado en la aclamada película Crónica de una fuga (2006), dirigida por Adrián Caetano.

La reacción de los represores fue inmediata y brutal. Para borrar toda evidencia de los crímenes cometidos, la Mansión Seré fue incendiada y posteriormente dinamitada. Del esplendoroso palacete solo quedaron ruinas humeantes y los cimientos manchados de historia.

Tabla Cronológica de la Mansión Seré

AñoAcontecimiento Clave
1868Jean Sère adquiere las 56 hectáreas originales.
1900Se construye la Mansión Seré por encargo de Leocadia Seré.
1949La familia vende la propiedad al Municipio de la Ciudad de Buenos Aires.
1966Se convierte en el Casino de Oficiales de la VII Brigada Aérea.
1977-1978Funciona como el centro clandestino de detención "Atila".
1978Se produce la fuga de Tamburrini y sus compañeros. La mansión es incendiada y dinamitada.
1985Se inaugura el Polideportivo Gorki Grana en el predio.
2002Comienzan las excavaciones arqueológicas para recuperar los cimientos.

Resurgir de las Ruinas: Del Polideportivo al Sitio de Memoria

Con el retorno de la democracia, comenzó un nuevo capítulo para el predio. En 1985, el intendente de Morón, Norberto García Silva, gestionó la cesión del terreno para construir un espacio para la comunidad. Así nació el Polideportivo Gorki Grana, un lugar destinado al deporte y la recreación. En su inauguración, el intendente pronunció una frase que resonaría a través del tiempo: "Donde hubo tinieblas, ahora debe brotar vida".

Sin embargo, la memoria latente bajo tierra pugnaba por salir a la luz. En el año 2002, a través del innovador "Proyecto Arqueológico y Antropológico Mansión Seré", comenzaron las excavaciones en el predio. El objetivo no era reconstruir el edificio, sino algo mucho más profundo: recuperar los cimientos originales, las bases físicas del horror, para convertirlos en un testimonio tangible e ineludible del pasado. Estas excavaciones lograron desenterrar los cimientos de la mansión, permitiendo la creación de un Sitio de Memoria de una relevancia nacional e internacional. Hoy, las ruinas recuperadas dialogan con el bullicio de los jóvenes que practican deportes, creando un poderoso contraste entre el pasado y el presente, entre la muerte y la vida.

Preguntas Frecuentes

  • ¿Qué objetos se recuperaron de la Mansión Seré?
    La información disponible se centra en la recuperación arqueológica de la estructura misma del edificio. El principal "objeto" recuperado fueron los cimientos y los restos de mampostería de la mansión. Estos elementos arquitectónicos son el corazón del Sitio de Memoria, ya que permiten a los visitantes visualizar el espacio físico donde ocurrieron los hechos y sirven como prueba material del centro clandestino que se intentó destruir y ocultar.
  • ¿Dónde se encontraba exactamente la Mansión Seré?
    Se encontraba en la calle Blas Parera, en la zona fronteriza entre las localidades de Castelar e Ituzaingó, dentro del Partido de Morón, en la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Hoy, en ese mismo predio, se ubica el Polideportivo Gorki Grana y el Espacio Mansión Seré por la Memoria y la Vida.
  • ¿Por qué se eligió ese lugar como centro clandestino?
    Aunque no hay una única razón documentada, su ubicación estratégica (cercana a la VII Brigada Aérea de Morón), su gran tamaño y la privacidad que ofrecía un predio de varias hectáreas lo convertían en un lugar ideal para las operaciones secretas e ilegales de la dictadura.
  • ¿Qué pasó con los prisioneros que no lograron escapar?
    Tras la fuga y la decisión de desmantelar el centro, los prisioneros que aún permanecían en la Mansión Seré fueron trasladados a diferentes unidades penales del país, continuando su cautiverio en otras dependencias del circuito represivo.

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