27/10/2019
En el corazón de África, Sudán se desangra. No solo por la brutal guerra que desgarra su tejido social desde hace más de un año, sino también por una sed devastadora que agrieta su tierra y el alma de su gente. La crisis del agua en Sudán es una tormenta perfecta, un nudo mortal donde el conflicto armado, los estragos del cambio climático y décadas de abandono de las infraestructuras han convergido para convertir un recurso vital en un lujo inalcanzable. Para millones de sudaneses, cada amanecer comienza con la misma pregunta angustiosa: ¿dónde encontraremos agua hoy? La respuesta, a menudo, se encuentra al final de un camino peligroso y agotador, un viaje que define la supervivencia en una nación al borde del colapso.

La historia de Issa, un padre de familia en el campo de desplazados de Sortoni, en Darfur del Norte, es un microcosmos de esta tragedia nacional. Desde que el conflicto estalló en abril de 2023, dos de sus hijos se ven obligados a caminar 14 kilómetros diarios. No van a la escuela, no juegan como deberían hacerlo los niños. Su jornada es una misión extenuante para buscar agua y traerla de vuelta a un campamento donde malviven 65.000 almas. Su caso no es una excepción, es la norma en un país donde el acceso al agua se ha convertido en un arma de guerra y en una víctima silenciosa del caos.
Un Conflicto que Seca las Fuentes
El 15 de abril de 2023 marca una fecha fatídica en la historia reciente de Sudán. El estallido de la guerra entre el ejército sudanés y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR) no solo sumió al país en la violencia, sino que también cortó de raíz el sustento de sus ciudadanos más vulnerables. Con el éxodo masivo de diplomáticos y trabajadores humanitarios, la ayuda internacional que mantenía a flote servicios esenciales simplemente se evaporó.
En lugares como Sortoni, la partida de una organización humanitaria italiana significó el fin del mantenimiento de las estaciones de agua potable. Lo que antes era un punto de acceso fiable se convirtió en un recuerdo. Este patrón se repite a lo largo y ancho del país. Las bombas de agua, vitales para extraer el líquido de las capas freáticas a decenas de metros de profundidad, han dejado de funcionar. La guerra ha hecho imposible conseguir combustible para los motores, y la escasez de piezas de recambio ha condenado a la maquinaria al óxido y al silencio. Como confirma un diplomático europeo familiarizado con la crisis, "incluso si hay agua, es imposible acceder a ella". El problema no es solo la escasez, sino la "disponibilidad de agua" en una gran parte del territorio.
Esta situación se explota cínicamente en el campo de batalla. En El-Facher, una ciudad de Darfur que acoge a 1.5 millones de personas, la mitad de ellas desplazadas, el control del combustible para las estaciones de bombeo es una herramienta de asedio. Si las FSR bloquean la entrada de carburante, las bombas se detienen y cientos de miles de personas se quedan sin agua, una táctica que busca doblegar a la población a través de la sed.
El Cambio Climático: El Enemigo Implacable
La guerra es el catalizador, pero el cambio climático es el veneno que ha estado contaminando el pozo durante años. Sudán, ubicado en el volátil Cuerno de África, sufre una sucesión de eventos climáticos extremos que han diezmado su capacidad de resiliencia. El país vive una cruel paradoja: olas de calor infernales, con termómetros que rozan los 50º C, se alternan con lluvias torrenciales que provocan inundaciones catastróficas.
En 2023, la ONU informó que las inundaciones afectaron a casi 90.000 personas, con decenas de muertos cada año. Sin embargo, esta abundancia momentánea de agua se pierde trágicamente. La falta de infraestructuras adecuadas para la recolección y almacenamiento de agua de lluvia impide aprovechar este recurso. El agua fluye, destruye y se evapora, sin recargar las agotadas capas freáticas subterráneas. La tierra, endurecida por sequías prolongadas, no puede absorber las lluvias torrenciales, lo que agrava las inundaciones y la erosión. Es un ciclo destructivo: la sequía prepara el escenario para inundaciones devastadoras, y ninguna de las dos situaciones alivia la sed crónica de la nación.
Retratos de la Sed: El Rostro Humano de la Crisis
La estadística es abrumadora, pero la realidad se vive en las colas interminables y en los rostros agotados de quienes esperan por un poco de agua. En el pueblo de Shaqra, también en Darfur, 40.000 desplazados compiten por un suministro insuficiente. Adam Rijal, portavoz de los desplazados, describe escenas desoladoras: "La gente hace cola de 300 metros por agua potable". Mujeres y niños, los más vulnerables, esperan durante horas bajo la sombra precaria de las acacias, huyendo de un sol abrasador, por la oportunidad de llenar sus bidones.
La capital, Jartum, y su ciudad hermana, Omdurmán, no son ajenas a este drama. En los barrios del sur de Jartum, controlados por las FSR, la principal estación de agua de Soba está fuera de servicio. Los residentes dependen de carretas que transportan y venden agua no tratada a precios exorbitantes. En Omdurmán, en manos del ejército, los constantes cortes de electricidad paralizan las estaciones de bombeo. Un habitante, Adam Hassan, relata su calvario: "Desde hace 17 días, el agua nos cuesta 6.000 libras sudanesas [unos 10 dólares]", una suma astronómica para familias que han perdido sus medios de vida.
Incluso en Port Sudan, la ciudad costera que ahora sirve como sede del gobierno y de las agencias de la ONU, el agua es "un gran problema", como confiesa un residente. La dependencia de las carretas y la falta de control sobre la calidad del agua es una constante nacional.
Tabla Comparativa: Acceso al Agua en Sudán
| Aspecto | Antes de la Guerra (Abril 2023) | Durante la Guerra |
|---|---|---|
| Disponibilidad | Precaria, con un 26% de la población caminando más de 50 minutos para buscar agua. | Crítica. Estaciones de bombeo paralizadas por falta de combustible, piezas y seguridad. |
| Calidad del Agua | Supervisada en zonas urbanas y por ONGs en campos de desplazados. | Mayormente no tratada y contaminada. Alto riesgo de enfermedades. |
| Ayuda Humanitaria | Presente y activa en el mantenimiento de infraestructuras de agua. | Prácticamente ausente, retirada debido a la inseguridad. |
| Costo | Subvencionado o gratuito en muchos puntos de acceso público. | Exorbitante en el mercado informal, convirtiéndose en una carga económica insostenible. |
Las Consecuencias Invisibles: Enfermedad y Desesperación
Cuando el agua limpia escasea, la enfermedad florece. El colapso del sistema hídrico ha provocado una crisis de salud pública de proporciones alarmantes. Sin acceso a agua potable para beber, cocinar o mantener una higiene básica, las enfermedades transmitidas por el agua se propagan como la pólvora. El cólera, una enfermedad directamente ligada al consumo de agua y alimentos contaminados, ha resurgido con fuerza.
Entre abril de 2023 y marzo de 2024, el Ministerio de Salud sudanés registró 11.000 casos de cólera. Esta cifra, probablemente una subestimación debido al caos reinante, revela una verdad aterradora. Como resume el diplomático europeo, la fórmula es letal: "El sistema de salud se desmoronó, la gente bebe agua sucia". Taha Taher, un experto en salud medioambiental, advierte que la contaminación del agua debería ser vigilada de cerca, pero la realidad es que "no se hace". La población está abandonada a su suerte, obligada a elegir entre la deshidratación y el riesgo de contraer una enfermedad mortal.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué hay escasez de agua en Sudán?
La escasez es el resultado de una combinación letal de factores: la guerra civil en curso ha destruido y paralizado las infraestructuras; el cambio climático ha intensificado las sequías e inundaciones, afectando las fuentes de agua; y la retirada de la ayuda humanitaria ha dejado a millones sin acceso a servicios de agua potable que antes funcionaban.
¿Cómo afecta la guerra directamente al suministro de agua?
La guerra afecta de múltiples maneras: daña físicamente tuberías y estaciones de bombeo; impide el mantenimiento y la reparación; provoca una escasez crítica de combustible necesario para operar las bombas de agua; y crea un entorno de inseguridad que hace imposible que los técnicos y las organizaciones de ayuda lleguen a las zonas necesitadas.
¿Qué riesgos para la salud provoca esta crisis?
El principal riesgo es la propagación masiva de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera, la fiebre tifoidea y la disentería. El consumo de agua contaminada, sumado al colapso total del sistema de salud, crea un escenario de alta mortalidad por enfermedades que serían prevenibles y tratables en condiciones normales.
¿Son las mujeres y los niños los más afectados?
Sí. Tradicionalmente, en la sociedad sudanesa, las mujeres y los niños son los responsables de recolectar agua para sus familias. Esto los obliga a caminar distancias cada vez más largas y peligrosas, exponiéndolos a la violencia y al agotamiento. Además, esta tarea les roba tiempo valioso que podrían dedicar a la educación o a otras actividades productivas, perpetuando ciclos de pobreza y vulnerabilidad.
Un Futuro Incierto
La crisis del agua en Sudán es mucho más que una estadística medioambiental; es una catástrofe humanitaria que se agrava cada día. Es la historia de niños que cargan bidones en lugar de libros, de madres que temen que el agua que dan a sus hijos los enferme, y de una nación entera cuya supervivencia pende de un hilo. Sin un cese inmediato de las hostilidades y una intervención internacional masiva y coordinada para restaurar las infraestructuras hídricas y sanitarias, el futuro de Sudán se presenta tan árido y desolador como la tierra agrietada por la sed. El silencio del mundo ante esta tragedia solo hace que el clamor por agua de millones de sudaneses resuene con más fuerza en el vacío.
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