17/10/2021
En el vasto y a menudo deslumbrante paisaje de la provincia de Catamarca, se esconde una problemática ambiental tan grande como sus montañas: la gestión de residuos. Mientras la capital provincial es la única que cuenta con una planta de tratamiento para la GIRSU (Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos), el resto del territorio enfrenta una realidad desoladora. La ausencia de un plan provincial integral ha convertido a gran parte de la geografía catamarqueña en un depósito de basura sin control, una herida abierta en la tierra que contamina el suelo, el agua y el aire.

Un Mar de Plástico: El Desgarrador Caso de Tinogasta
Quien recorre la turística y emblemática Ruta del Adobe (Ruta Nacional 60) en el departamento de Tinogasta, no puede evitar toparse con una postal desoladora que opaca la belleza histórica del recorrido. El paisaje se transforma, kilómetro a kilómetro, en un literal mar de plástico. Los vientos característicos de la región, fuertes e incesantes, actúan como transportadores de la contaminación, arrastrando bolsas, botellas y todo tipo de desechos plásticos por kilómetros a la redonda. Estos residuos se aferran a la flora semidesértica, creando una imagen post-apocalíptica, o se acumulan en dunas artificiales de basura que alteran el ecosistema. La contaminación no se limita a una sola ruta; se extiende como una mancha venenosa a la RN 40 y a la RP 3.
Las cifras son tan contundentes como el paisaje. Según Omar Pereyra, secretario de Servicios Públicos de Tinogasta, el municipio genera entre 8 y 10 toneladas diarias de residuos. Esto se traduce en una montaña de aproximadamente 3.000 toneladas de basura al mes que, hasta ahora, no tiene un destino final adecuado. Abel Martínez, secretario de Planificación del mismo municipio, reconoce la magnitud del desafío: “Hoy es una gran falencia porque no se está haciendo ningún tipo de tratamiento de residuos, simplemente se los acopia”.
La Anatomía de un Problema: Sin Separación ni Tratamiento
La situación en Tinogasta es un reflejo de lo que ocurre en la mayoría de los municipios del interior catamarqueño. La cadena de gestión de residuos está rota desde su primer eslabón. No existen campañas de concientización ciudadana efectivas ni programas de separación en origen, lo que significa que los residuos orgánicos, plásticos, vidrios y metales se mezclan en el mismo tacho de basura en cada hogar.
El proceso continúa con una recolección indiferenciada que transporta esta mezcla heterogénea a un destino final: los basurales a cielo abierto. Allí, el único “tratamiento” consiste en el uso de maquinaria pesada para mover y compactar la basura. No hay recuperación, no hay reciclado, no hay compostaje. Simplemente se entierra un problema que, lejos de desaparecer, crece y se infiltra en el ambiente. “Así más o menos estamos trabajando la mayoría de los municipios”, admite con crudeza el secretario Martínez, evidenciando una falla sistémica que requiere una intervención urgente a nivel provincial.
El Contexto Nacional: Una Deuda Ambiental Argentina
El problema de Catamarca no es un caso aislado, sino un síntoma de una enfermedad que afecta a toda la Argentina. Un informe del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación revela datos alarmantes: en el país existen cerca de 5.000 basurales a cielo abierto, un promedio de más de dos por cada municipio. La mayoría de ellos son "formales", es decir, son el método oficial que los propios gobiernos locales utilizan para deshacerse de su basura.
Cada habitante en Argentina produce, en promedio, 1,15 kilos de desechos diarios. Esto suma casi 45.000 toneladas por día a nivel nacional, o lo que es igual, una tonelada de basura cada dos segundos. Al año, la cifra asciende a 16,5 millones de toneladas, una cantidad monumental que, en su mayoría, termina en lugares sin la infraestructura ni las medidas de seguridad necesarias para evitar un desastre ambiental.
Los Peligros Ocultos de un Basural a Cielo Abierto
Estos vertederos son focos activos de contaminación. Carecen de la impermeabilización del suelo necesaria, lo que permite que el líquido lixiviado —un jugo tóxico producto de la descomposición de la basura y el agua de lluvia— se filtre y contamine las napas freáticas, las mismas que a menudo abastecen de agua a las comunidades. Además, la descomposición anaeróbica de la materia orgánica genera grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. La quema de basura, una práctica común en estos sitios para reducir su volumen, libera a la atmósfera sustancias altamente tóxicas como óxidos de nitrógeno, azufre y metales pesados como plomo, mercurio y cadmio, afectando la salud respiratoria de las poblaciones cercanas.
Tabla Comparativa: Gestión de Residuos
| Aspecto Ambiental | Gestión en Basural a Cielo Abierto | Gestión Integral (Planta GIRSU) |
|---|---|---|
| Suelo y Agua | Alta contaminación por lixiviados. Riesgo de contaminación de napas freáticas. | Suelos impermeabilizados. Tratamiento de lixiviados para evitar contaminación. |
| Aire | Emisión de metano (gas de efecto invernadero) y gases tóxicos por quemas. Malos olores. | Captura y/o quema controlada de metano. Control de emisiones. Reducción de olores. |
| Recursos | Desperdicio total de materiales reciclables y orgánicos. Se entierra valor. | Recuperación de materiales (plástico, vidrio, metal, papel). Producción de compost con orgánicos. |
| Salud Pública | Foco de proliferación de vectores (ratas, insectos). Riesgos sanitarios para la población cercana. | Control de plagas. Mejora de las condiciones sanitarias generales de la comunidad. |
Una Luz de Esperanza: Inversión para un Futuro Sostenible
A pesar del sombrío panorama, existen iniciativas que buscan torcer el rumbo. El Ministerio de Ambiente de la Nación, a través del Plan Federal de Erradicación de Basurales a Cielo Abierto, está comenzando a intervenir. Tinogasta es uno de los municipios beneficiados. La firma de un convenio entre el ministro Juan Cabandié y el gobernador Raúl Jalil aseguró una inversión de más de 21 millones de pesos para la adquisición de equipamiento clave.
Esta inversión incluye una chipeadora de ramas, una enfardadora, un punto verde fijo, una minicargadora, un tractor y una trituradora de vidrio. Este equipo, como señaló Cabandié, tiene un triple impacto: “Sirve para tener una ciudad más limpia, generar empleo y cuidar el ambiente”. Para el municipio, es un primer paso fundamental. Permitirá eliminar los microbasurales, comenzar a procesar ciertos tipos de residuos y sentar las bases para una futura cadena de recuperación y valorización. “El sueño es poder lograr un plan integral de tratamiento de residuos, poder lograr una planta de tratamiento”, confiesa el funcionario Abel Martínez, reflejando la aspiración de transformar un problema en una oportunidad.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuántas plantas de tratamiento de residuos hay en Catamarca?
Actualmente, solo una. La capital de Catamarca es el único municipio que cuenta con una planta de tratamiento para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU). El resto de los municipios disponen su basura en vertederos a cielo abierto.
¿Qué es un basural a cielo abierto y por qué es peligroso?
Es un sitio donde se depositan residuos sin ningún tipo de control ambiental ni medidas de seguridad. Son peligrosos porque contaminan el suelo y las fuentes de agua subterránea con líquidos tóxicos (lixiviados), emiten gases de efecto invernadero a la atmósfera y, si se queman, liberan sustancias venenosas. Además, son focos de enfermedades.
¿Se está haciendo algo para solucionar el problema en Tinogasta?
Sí. Recientemente, el municipio recibió una inversión de más de 21 millones de pesos del gobierno nacional para adquirir maquinaria. Este equipamiento (chipeadora, enfardadora, tractor, etc.) es un primer paso para erradicar microbasurales y comenzar a tratar y recuperar algunos materiales, con el objetivo a largo plazo de construir una planta de tratamiento integral.
¿Por qué no se recicla en la mayoría de los municipios de Catamarca?
La principal razón es la falta de un plan integral y de la infraestructura necesaria. No se promueve la separación de residuos en los hogares (separación en origen) y los sistemas de recolección no están preparados para manejar materiales diferenciados. Todo se mezcla y se deposita junto en los basurales.
La situación de Catamarca es un llamado de atención urgente. La solución no reside únicamente en cerrar basurales, sino en construir un sistema nuevo, basado en la reducción, la reutilización y el reciclaje. Requiere de una fuerte inversión, de una decisión política a nivel provincial, de la capacitación técnica que ya se busca con universidades como la de Tres de Febrero, y, fundamentalmente, de un profundo cambio cultural. La salud de nuestros ecosistemas y de nuestras comunidades depende de que dejemos de enterrar el problema y comencemos a gestionarlo con la inteligencia y la responsabilidad que el futuro nos exige.
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