02/05/2008
En la inmensidad de la selva norte del Perú, en la comunidad de Nazareth, una pregunta resuena con una crudeza desoladora: ¿Qué es más mortal, la selva o el petróleo? Para Osman Cuñachí, un niño awajún de once años, la respuesta se tiñó de negro el día en que un río de crudo se convirtió, paradójicamente, en una promesa de una vida mejor. Su historia, capturada en una fotografía que dio la vuelta al mundo, es el emblema de un desastre ecológico que desnudó la profunda herida de la pobreza y la negligencia en una de las regiones más olvidadas del país. Un desastre donde la desesperación llevó a niños y adultos a sumergirse en veneno a cambio de unas pocas monedas.

El Día que el Río se Vistió de Luto
Todo comenzó con una fisura de apenas once centímetros en el Oleoducto Norperuano, una serpiente de acero con más de 40 años de antigüedad que atraviesa 800 kilómetros de selva. De esa pequeña herida brotaron cerca de 500,000 litros de petróleo, un torrente negro y espeso que contaminó la quebrada Inayo y, tras una tormenta, se desbordó con furia hacia el río Chiriaco, el corazón de la vida de la comunidad Awajún de Nazareth.
El crudo avanzó como una plaga, tragando insectos, asfixiando raíces, arruinando cultivos de plátano y cacao. Los peces flotaban panza arriba, y un vapor ácido, con olor a gasolina, se colaba en las cabañas de madera. En medio del caos y la lamentación, llegaron dos ingenieros de Petroperú, la empresa estatal responsable. Su propuesta fue tan insólita como tentadora: pagarían a quienes ayudaran a recoger el combustible derramado. No hubo advertencias sobre el peligro, no entregaron trajes especiales, no pusieron límite de edad. La oferta era simple y directa, y en un lugar donde siete de cada diez familias son pobres, sonó como una oportunidad caída del cielo.
La Inocencia Manchada de Crudo
Osman Cuñachí estaba jugando al fútbol cuando escuchó la oferta. Para un niño que soñaba con un smartphone o unas zapatillas fosforescentes, la idea de ganar dinero era irresistible. Si un agricultor ganaba 20 soles al día, recoger un balde de petróleo podía significar hasta 150 soles. Era más de lo que muchas familias habían visto junto en su vida. Así, Osman, junto a sus hermanos y decenas de otros niños, mujeres embarazadas y ancianos, se dirigieron al río.
El mismo río donde aprendieron a nadar y pescar se había convertido en una ciénaga negra y nauseabunda. El olor metálico provocaba náuseas, picor de garganta y ojos llorosos. A pesar de la incomodidad, Osman se sumergió en la corriente, decidido a llenar su balde. No sabía que ese líquido pegajoso era una compleja mezcla de hidrocarburos tóxicos, un veneno silencioso que se adhiere a la piel y penetra en el cuerpo. Esa noche, intentó lavarse con agua y jabón, luego con detergente, pero las manchas no salían. La única solución fue frotarse con gasolina de motocicleta, un acto que le dejó la piel irritada y adolorida.
Al día siguiente, la decepción fue tan amarga como el olor del crudo. Los ingenieros de Petroperú, tras anotar su nombre en una libreta, le pagaron a Osman solo 2 soles por su esfuerzo, argumentando que su balde tenía más agua que petróleo. Con ese dinero, se compró una gaseosa y unas galletas. Poco después, su rostro sonriente y manchado de negro se convirtió en la imagen viral del “peor desastre ecológico de la última década”, un símbolo de la inocencia sacrificada en el altar de la necesidad.
La Paradoja Económica del Desastre
Para entender por qué una comunidad entera se expuso voluntariamente a un químico tóxico, es crucial analizar la brutal realidad económica de la región de Amazonas. La promesa de dinero fácil y rápido fue un espejismo irresistible en un desierto de oportunidades.
Tabla Comparativa de Ingresos en Nazareth
| Actividad | Ingreso Diario Promedio (Aprox.) |
|---|---|
| Jornada de un agricultor de plátano | 20 soles (5.30 euros) |
| Oferta de Petroperú por limpiar petróleo | Hasta 150 soles (40 euros) |
Yolanda Yampis, la madre de Osman, también trabajó en la limpieza. Durante un mes, equipada con una protección precaria, ganó casi 4,000 soles, diez veces la pensión mensual de su esposo. Con ese dinero compró una refrigeradora, útiles escolares y materiales para ampliar su casa. Como ella, cientos de personas vieron en la tragedia una oportunidad para comprar un televisor, pagar deudas o incluso construir una casa. El desastre trajo un auge económico temporal a Chiriaco, llenando cantinas, hoteles y comercios. Una prosperidad construida sobre un río muerto.
Las Consecuencias Invisibles: Un Veneno que Permanece
Poco después de su exposición al crudo, Osman comenzó a sufrir desmayos, dolores de cabeza y sarpullidos en la piel. Petroperú, presionado por el escándalo mediático, lo llevó a una clínica privada donde le diagnosticaron anemia y le dieron unas vitaminas. Pero él no era el único. Muchos otros niños y adultos reportaron síntomas similares.
El médico toxicólogo Fernando Osores, que llegó a la zona con una ONG, lo describió sin rodeos: “Estamos frente a un desastre químico”. El petróleo contiene hidrocarburos como el benceno y el xileno, capaces de dañar el sistema nervioso y, a largo plazo, provocar cáncer. Además, el crudo derramado libera metales pesados como plomo y cadmio en el agua y el suelo. Estos venenos entran en la cadena alimenticia: las partículas contaminan el plancton, el plancton alimenta a los peces, y los peces a los humanos. La contaminación se vuelve invisible, pero su efecto es acumulativo y devastador.

La respuesta del Estado fue lenta e insuficiente. A pesar de los reclamos, tardaron meses en llegar equipos de salud. La versión oficial de la empresa minimizaba los riesgos, llegando a sugerir que los metales pesados provenían de la basura que los propios pobladores arrojaban al río. Una negación que dejó a la comunidad en un estado de total incertidumbre y abandono.
Un Oleoducto Obsoleto y un Futuro Incierto
El derrame de Chiriaco no fue un hecho aislado. El Oleoducto Norperuano ha registrado más de 60 derrames en sus cuatro décadas de operación, la mayoría por corrosión y falta de mantenimiento. Según informes oficiales, la tubería no recibe un mantenimiento adecuado desde 1998 debido a “políticas de austeridad”. La infraestructura que alguna vez fue un símbolo del progreso y la promesa de un Perú primermundista, es hoy una bomba de tiempo que se desangra sobre la Amazonía.
Mientras tanto, la comunidad de Nazareth vive en una encrucijada. Tienen baños nuevos y algunas casas mejoradas gracias al dinero del petróleo, pero su río, su principal fuente de vida, está prohibido. Ya no pueden pescar, bañarse ni usar su agua. La paradoja es cruel: recibieron una inyección de dinero a cambio de envenenar su propio hogar. La ilusión de prosperidad se desvanece, dejando tras de sí un legado de enfermedad y un ecosistema dañado por generaciones.
Preguntas Frecuentes sobre el Desastre de Chiriaco
¿Qué pasó exactamente en Chiriaco?
En enero de 2016, una rotura en el Oleoducto Norperuano provocó el derrame de casi 500,000 litros de petróleo en el río Chiriaco, afectando gravemente a la comunidad indígena Awajún de Nazareth y el ecosistema circundante.
¿Por qué los niños y adultos recogieron el petróleo?
Lo hicieron por una oferta económica de la empresa Petroperú. En una región con altos índices de pobreza, la promesa de ganar en un día lo que normalmente ganarían en una semana fue un incentivo poderoso, a pesar de los evidentes riesgos para la salud.
¿Cuáles son los riesgos para la salud por la exposición al crudo?
La exposición directa puede causar problemas en la piel, dolores de cabeza, mareos y dificultades respiratorias. A largo plazo, los hidrocarburos y metales pesados presentes en el petróleo pueden dañar el sistema nervioso, los riñones, causar problemas de desarrollo en niños e incluso provocar cáncer.
¿Qué hizo la empresa responsable (Petroperú)?
La empresa contrató a locales para la limpieza sin la protección adecuada, inicialmente negó haber contratado a menores y minimizó los riesgos para la salud. Aunque realizó donaciones de víveres y algunas atenciones médicas puntuales, su respuesta ha sido ampliamente criticada como negligente e insuficiente.
¿Cuál es la situación actual de la comunidad y el río?
El río sigue contaminado y su uso está prohibido, afectando la seguridad alimentaria y las costumbres de la comunidad. Los pobladores viven con la incertidumbre sobre los efectos a largo plazo en su salud, mientras el oleoducto sigue siendo un riesgo latente para toda la región.
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