02/09/2019
Vivimos en una era de consecuencias. Las decisiones tomadas durante el último siglo, impulsadas por un desarrollo industrial y tecnológico sin precedentes, han dejado una profunda cicatriz en nuestro planeta. Hoy, los adultos somos los custodios de un mundo cuya salud se deteriora a un ritmo alarmante, y con ello, somos los responsables directos de la herencia ambiental que dejaremos. Frente a esta realidad ineludible, surge una pregunta fundamental: ¿Quién defiende los derechos de aquellos que aún no tienen voz, de las generaciones que heredarán el planeta que nosotros moldeamos? En un esfuerzo por responder a este dilema ético y jurídico, ha nacido una propuesta audaz y necesaria: la creación de la figura del Defensor de los Derechos de las Futuras Generaciones.

La Deuda Ecológica: Una Herencia Injusta
La magnitud del problema es abrumadora. Como señaló Raúl Contreras Bustamante, director de la Facultad de Derecho de la UNAM, durante el XX Encuentro Internacional de Derecho Ambiental, “en el último medio siglo el ser humano le ha hecho más daño al planeta que todo lo que se le había afectado a lo largo de la historia de la humanidad”. Esta afirmación no es una hipérbole, sino un reflejo de una verdad documentada: la sobrepoblación, la explotación irracional de recursos y un modelo de consumo insostenible nos han conducido a una crisis ambiental sistémica. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación de nuestros océanos y suelos no son problemas abstractos; son las condiciones del mundo que estamos legando.
Esta situación nos coloca frente a una obligación moral ineludible. No se trata solo de mitigar los daños para nuestro propio bienestar, sino de trabajar activamente para que en los próximos años se pueda disfrutar de un medio ambiente sano y, más fundamentalmente, para que el planeta siga siendo habitable. La justicia ambiental no puede limitarse a las personas que vivimos hoy; debe extenderse a través del tiempo, reconociendo que nuestras acciones tienen un impacto directo y duradero en la calidad de vida de nuestros hijos, nietos y de todas las generaciones por venir.
Nace una Propuesta: El Defensor de las Futuras Generaciones
En este contexto de urgencia, el foro académico organizado por la Facultad de Derecho de la UNAM se convirtió en el epicentro de una idea transformadora. La propuesta de convocar a un movimiento global para la protección y defensa de las generaciones futuras, encabezado por la figura de un Defensor, recibió un amplio respaldo de académicos y juristas de toda América Latina. Dino Bellorio Clabot, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Belgrano, Argentina, lo expresó claramente: “pensando en ellos, ¿qué mundo les vamos a dejar? Bienvenida la propuesta de la figura del Defensor de los Derechos de las Futuras Generaciones”.
Esta figura no sería un mero símbolo. Su función sería la de un guardián, un ombudsman del futuro, cuya misión sería evaluar las políticas públicas, los proyectos de desarrollo y las legislaciones actuales a través de un único y crucial lente: su impacto a largo plazo. Este defensor tendría el mandato de asegurar que el principio de equidad intergeneracional se incorpore de manera efectiva en la toma de decisiones, pasando de ser una aspiración filosófica a un criterio jurídico vinculante.
Más Allá del Papel: La Urgencia de una Acción Climática Real
Uno de los mayores obstáculos en la lucha ambiental ha sido la brecha entre el discurso y la acción. Se gasta, como bien se mencionó en el encuentro, “mucha tinta en declaraciones que sin duda son importantes, pero existen muchos fallos”. Los acuerdos internacionales, aunque bien intencionados, a menudo carecen de mecanismos de cumplimiento efectivos, dejando su implementación a la voluntad política del momento.
Jair Urriola Quiroz, de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), subrayó esta urgencia al recordar que, a pesar de crisis globales como la pandemia de Covid-19, “las crisis ambiental y climática siempre estarán allí, por encima de la crisis sanitaria, y no se irán si no luchamos juntos por ello”. La creación de un Defensor de las Futuras Generaciones busca precisamente cerrar esta brecha, impulsando una acción climática ambiciosa y generando acuerdos que puedan y deban cumplirse. Sería una voz institucionalizada que recordaría constantemente a los gobiernos y corporaciones su responsabilidad con el mañana.
Tabla Comparativa: Enfoque Actual vs. Enfoque con un Defensor
| Criterio | Enfoque Actual (Basado en Declaraciones) | Enfoque Propuesto (Con un Defensor) |
|---|---|---|
| Horizonte Temporal | Principalmente a corto y mediano plazo, influenciado por ciclos políticos y económicos. | Enfoque a largo plazo, evaluando impactos a 50, 100 o más años. |
| Responsabilidad | Difusa y a menudo voluntaria. Basada en acuerdos no vinculantes. | Institucionalizada y supervisada. El Defensor exigiría rendición de cuentas. |
| Representación | Las generaciones futuras no tienen representación legal directa en la toma de decisiones. | Representación legal y ética activa para los no nacidos en los debates actuales. |
| Ejecución | Dependiente de la voluntad política de los gobiernos de turno. | Impulsada por una entidad independiente con capacidad de acción jurídica y política. |
Fundamentos Jurídicos y el Papel de la Juventud
La idea de un Defensor para el futuro, aunque pueda sonar revolucionaria, se apoya en conceptos jurídicos emergentes. Arístides Guerrero García, del Instituto de Transparencia de la Ciudad de México, hizo referencia al jurista italiano Luigi Ferrajoli y su concepto de un “poder constituyente de la Tierra”. Aunque pueda parecer utópico, refleja una tendencia hacia un Ius Constitutionale Commune, un derecho constitucional común que trasciende las fronteras nacionales para proteger bienes globales, como el medio ambiente. La consolidación del Derecho Ambiental a través de sentencias de cortes internacionales, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, demuestra que el derecho es una herramienta viva y capaz de evolucionar para enfrentar nuevos desafíos.
En este proceso, el rol de la juventud es esencial. Según datos de Naciones Unidas, hoy existe la mayor generación de jóvenes de la historia, con 1.8 mil millones de personas entre 10 y 24 años. La gran mayoría vive en países en desarrollo, que son precisamente los que albergan la mayor biodiversidad del planeta. Invertir en ellos, educarlos y empoderarlos no es solo una cuestión de desarrollo, sino una estrategia clave para la supervivencia planetaria. Son ellos quienes tienen un interés más directo en la salud del mundo futuro, y su energía y compromiso son indispensables para promover las buenas prácticas ambientales y exigir un cambio real.
Preguntas Frecuentes
¿Qué haría exactamente un Defensor de las Futuras Generaciones?
Actuaría como un organismo de control independiente. Su función principal sería la de revisar y cuestionar leyes, políticas y grandes proyectos de infraestructura (energéticos, mineros, etc.) para evaluar su impacto a largo plazo en el medio ambiente y en el bienestar de las generaciones venideras. Podría emitir recomendaciones, presentar informes ante parlamentos y, potencialmente, tener la capacidad de iniciar acciones legales para detener actividades que comprometan gravemente el futuro.
¿Esta figura sería a nivel nacional o internacional?
La propuesta tiene una vocación global, ya que los problemas ambientales no conocen fronteras. Sin embargo, su implementación podría ser gradual. Podría comenzar con la creación de Defensores a nivel nacional o regional, como lo sugiere el interés de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo, para luego evolucionar hacia una figura con autoridad internacional, posiblemente vinculada a las Naciones Unidas.
¿No es esto una utopía?
Toda gran transformación social o jurídica comenzó como una idea considerada utópica. La abolición de la esclavitud o el sufragio universal fueron en su día objetivos radicales. La creación de un Defensor se basa en la necesidad real y urgente de cambiar nuestro paradigma de desarrollo. Se apoya en conceptos jurídicos en evolución y en una creciente conciencia global sobre la crisis climática. Es una propuesta ambiciosa, pero la magnitud del desafío exige soluciones igualmente ambiciosas.
En conclusión, la propuesta de crear un Defensor de las Futuras Generaciones es mucho más que una innovación jurídica. Es un profundo acto de responsabilidad, una declaración de que nuestra brújula moral debe apuntar no solo hacia el presente, sino también hacia el horizonte lejano del futuro. Es el reconocimiento de que la justicia no tiene fecha de caducidad y que el derecho más fundamental de todos es el derecho a heredar un mundo viable. La tarea de las universidades, los juristas y la sociedad civil es ahora transformar esta bienvenida propuesta en una realidad tangible, por el bien de todos los que vendrán después de nosotros.
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