11/05/2019
El Riachuelo es, para muchos, el sinónimo de la contaminación en Argentina. Sus aguas oscuras y su olor penetrante son postales de un desastre ambiental que parece no tener fin. Sin embargo, para comprender la magnitud del problema, es necesario viajar en el tiempo, mucho antes de las chimeneas industriales del siglo XX. La historia de la contaminación del Riachuelo no es reciente; es una crónica que comienza con la misma fundación de Buenos Aires, una herida que se ha profundizado durante más de cuatro siglos de desarrollo, intereses económicos y una profunda desidia estatal.

Como señala el historiador y economista Antonio Elio Brailovsky, autor de 'Memoria Verde: Historia ecológica de la Argentina', el Riachuelo fue designado desde sus inicios como el lugar donde la ciudad arrojaría su basura. Esta decisión, lejos de ser un accidente, fue una política deliberada que selló el destino del curso de agua para siempre.
El Origen Colonial: "Aguas Abajo" de la Ciudad
Cuando los colonos españoles llegaron para fundar Buenos Aires, eligieron el área por sus características naturales, con un puerto natural en la desembocadura del Riachuelo. La planificación urbana de la época seguía las Leyes de Indias dictadas por el Rey Carlos V, las cuales estipulaban una norma sanitaria aparentemente lógica: las industrias potencialmente contaminantes debían instalarse "aguas abajo" de la ciudad. El objetivo era claro: evitar que los desechos industriales contaminaran el agua que la población bebería y usaría para sus actividades diarias.
Para Buenos Aires, "aguas abajo" significaba la región del Riachuelo, al sur del incipiente casco urbano. Fue así como, por decreto, sus orillas se convirtieron en el lugar predestinado para albergar las primeras industrias de la colonia: saladeros, curtiembres, mataderos y lavaderos de lana. Estas actividades, vitales para la economía de la época, encontraron en el río un vertedero conveniente y gratuito para todos sus desechos orgánicos, sangre, restos de animales y químicos rudimentarios.
Un Río que No Ayuda: Las Desventajas Naturales
La decisión de usar el Riachuelo como desagüe industrial se vio agravada por las propias características hidrológicas del río. A diferencia de un río de montaña con fuerte corriente, el Riachuelo es un típico río de llanura pampeana. Esto implica varias desventajas naturales que lo hacen extremadamente vulnerable a la contaminación:
- Escasa pendiente: Su inclinación hacia la desembocadura es mínima, lo que provoca que sus aguas fluyan con extrema lentitud. Esto impide una rápida evacuación de los contaminantes hacia el Río de la Plata.
- Caudal irregular: Su volumen de agua varía enormemente, con períodos de sequía que concentran aún más los contaminantes.
- Influencia de las mareas: Las mareas del Río de la Plata actúan como un tapón, empujando el agua del Riachuelo hacia adentro y dificultando su salida. En la práctica, el agua contaminada queda estancada, yendo y viniendo en un ciclo que impide su autodepuración.
Esta combinación de factores hizo que los desechos arrojados no se dispersaran, sino que se acumularan en el lecho del río, comenzando un proceso de degradación que se haría evidente con el paso de los siglos. El primer gran signo de alarma fue la desaparición de los peces, un eslabón ecológico fundamental cuya ausencia demostraba que el ecosistema estaba colapsando.
El Siglo XIX: Saladeros, Poder y Olores Insoportables
Con la llegada del siglo XIX, la actividad económica se intensificó. Los saladeros, que procesaban carne para exportar (principalmente para la alimentación de esclavos en Brasil y Estados Unidos), vivieron su apogeo. Para 1870, unos 15 grandes saladeros operaban en la cuenca, sacrificando decenas de miles de vacas y cientos de miles de ovejas cada uno. Todo lo que no se exportaba —sangre, vísceras, restos óseos— era arrojado directamente al río.
El problema escaló a un nivel insoportable. El olor nauseabundo proveniente del Riachuelo llegaba hasta el centro de Buenos Aires, especialmente en los días de viento sur. A esta fuente de contaminación se sumó el llamado "Ferrocarril de la Basura", un ramal del Ferrocarril Oeste que transportaba los residuos de la ciudad hasta un punto de quema junto al río. En días de lluvia, las cenizas y los restos en descomposición eran arrastrados inevitablemente a sus aguas.
Cualquier intento de regulación chocaba con los enormes intereses económicos de la época. Figuras de gran poder, como el propio Juan Manuel de Rosas, eran dueños de saladeros, lo que hacía prácticamente imposible cualquier iniciativa para reubicar o controlar estas industrias.
Las Epidemias que Despertaron a la Ciudad
La indiferencia generalizada se quebró por el pánico. En 1867, una epidemia de cólera azotó la ciudad, seguida por la devastadora fiebre amarilla de 1871, que dejó más de 13.000 muertos. Aunque el Riachuelo no era la causa directa de la fiebre amarilla (transmitida por un mosquito), sus aguas estancadas y sus frecuentes desbordes creaban los charcos y el ambiente ideal para la proliferación del mosquito Aedes aegypti.
La opinión pública, aterrorizada, señaló al Riachuelo como el foco de la pestilencia. Por primera vez, la sociedad y la clase política tomaron conciencia de que la situación era una grave amenaza para la salud pública. El Congreso de la provincia de Buenos Aires finalmente sancionó una ley que prohibía las faenas de los saladeros en el municipio, forzando su traslado. Este declive se vio acelerado por la abolición de la esclavitud en sus principales mercados y la llegada de los frigoríficos, una tecnología que cambió para siempre la industria de la carne.
La Era Industrial: De lo Orgánico a lo Químico
El siglo XX no trajo alivio, sino una transformación en el tipo de contaminación. El problema dejó de ser principalmente orgánico para convertirse en un cóctel químico e inorgánico. Con el auge del modelo de sustitución de importaciones (entre 1930 y 1976), miles de pequeñas y grandes industrias se instalaron en las riberas de la cuenca Matanza-Riachuelo.
Estas nuevas industrias vertían desechos mucho más peligrosos: metales pesados como plomo y cromo, solventes, ácidos y otros compuestos tóxicos. A diferencia de la materia orgánica, que puede ser degradada por bacterias (si no se supera la capacidad de carga del ecosistema), para estos contaminantes químicos no existen mecanismos de degradación natural. Se acumulan en el sedimento del fondo, envenenando el agua y toda forma de vida de manera persistente.
Durante décadas, la mentalidad política asociaba la contaminación con el progreso. Se creía que exigir a las industrias que trataran sus efluentes frenaría el desarrollo económico. La única intervención significativa del Estado fue la rectificación y canalización de algunos tramos del río para, supuestamente, mejorar el flujo del agua, una medida que resultó ser completamente insuficiente.
Tabla Comparativa: Evolución de la Contaminación del Riachuelo
| Período | Tipo de Contaminación Principal | Fuentes Principales | Impacto Social/Ambiental |
|---|---|---|---|
| Siglos XVII-XIX | Orgánica | Saladeros, curtiembres, mataderos | Malos olores, desaparición de peces, riesgo sanitario (epidemias) |
| Siglo XX (desde 1930) | Química e Inorgánica | Industria metalúrgica, química, frigoríficos, cloacas | Contaminación persistente con metales pesados, toxicidad del agua y sedimento |
| Finales Siglo XX - Actualidad | Mixta (Química, Orgánica, Cloacal) | Industrias, vertidos cloacales sin tratar, basurales | Crisis socio-ambiental, problemas de salud en la población ribereña, corrupción en planes de saneamiento |
Promesas Rotas y un Futuro Incierto
Las últimas décadas del siglo XX y los inicios del XXI han estado marcadas por promesas de saneamiento que rara vez se materializaron. En la década de 1980, se cedieron terrenos para una planta de tratamiento colectivo para las curtiembres, pero la construcción nunca fue supervisada adecuadamente y las empresas continuaron vertiendo sus residuos crudos. Préstamos millonarios de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial fueron gestionados de forma escandalosa. Un estudio de 2003 reveló que del crédito del BID de 1998, el 77% se destinó a consultorías y solo un 10% a obras reales.
Gestiones como la de María Julia Alsogaray en los 90, que prometió limpiar el río en mil días, o las posteriores, no lograron revertir la situación. La negligencia, la falta de una política de Estado sostenida en el tiempo y la corrupción han sido barreras tan tóxicas como los propios químicos del río. Hoy, la cuenca Matanza-Riachuelo alberga a casi el 15% de la población argentina, muchos de ellos viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad, sin acceso a agua potable y en contacto directo con uno de los ríos más contaminados del planeta.
La historia del Riachuelo es la historia de cómo las decisiones tomadas hace siglos, basadas en la conveniencia económica y una visión a corto plazo, pueden generar consecuencias ambientales y sociales devastadoras que perduran hasta nuestros días. Su saneamiento no es solo un desafío técnico, sino un imperativo moral que requiere romper con un legado de cuatro siglos de abandono.
Preguntas Frecuentes sobre la Contaminación del Riachuelo
- ¿La contaminación del Riachuelo es un problema reciente?
No, es un problema histórico que se originó con la misma fundación de Buenos Aires, cuando se decidió instalar las industrias contaminantes en sus orillas por una ley colonial.
- ¿Por qué se instalaron las industrias contaminantes en esa zona?
Siguiendo las normas de la corona española, las industrias debían ubicarse "aguas abajo" de la ciudad para no contaminar el agua de consumo de la población. Para Buenos Aires, esa zona era el Riachuelo.
- ¿Se ha intentado limpiar el Riachuelo alguna vez?
Sí, ha habido numerosos anuncios y planes de saneamiento, especialmente desde finales del siglo XX. Sin embargo, la mayoría han fracasado debido a la falta de continuidad, la mala gestión de los fondos y la corrupción.
- ¿Qué tipo de contaminantes hay hoy en el río?
El Riachuelo contiene una mezcla compleja de contaminantes: materia orgánica en descomposición, desechos cloacales sin tratar, basura sólida y, lo más peligroso, contaminantes industriales como metales pesados (plomo, cromo, mercurio) y compuestos químicos tóxicos acumulados en el lodo del fondo.
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