25/10/2007
En la memoria colectiva de los grandes desastres ambientales, algunos nombres resuenan con fuerza, pero existen otras tragedias, más silenciosas y olvidadas, que dejaron una cicatriz indeleble en las comunidades que las sufrieron. A principios de 1984, en Ciudad Juárez, Chihuahua, un evento de contaminación radiactiva de proporciones masivas comenzó a desarrollarse sin que nadie lo supiera. Originado por negligencia y desconocimiento, este incidente, a menudo llamado el "Chernóbil mexicano", esparció material radiactivo a lo largo de 17 estados de México y varias ciudades de Estados Unidos, dejando una estela de peligro invisible en el acero de miles de hogares y productos.

El Origen del Desastre: Una Máquina Olvidada
La historia comienza en noviembre de 1977, cuando el Centro Médico de Especialidades, un hospital privado en Ciudad Juárez, adquirió una unidad de radioterapia equipada con una fuente de cobalto-60. Este equipo, importado ilegalmente sin cumplir con la normativa vigente, nunca llegó a utilizarse. La razón era simple y alarmante: el hospital no contaba con el personal cualificado para operarlo. Durante casi seis años, la potente máquina permaneció almacenada, un peligro latente olvidado en un rincón.
El 6 de diciembre de 1983, la gerencia del hospital, buscando deshacerse del voluminoso equipo, le ordenó a un empleado de mantenimiento, Vicente Sotelo Alardín, que lo desmantelara para venderlo como chatarra. Sin conocimiento del inmenso peligro que albergaba, Sotelo procedió. Desmontó la cabeza de la unidad y extrajo un cilindro que contenía la fuente radiactiva: cientos de pequeños gránulos de cobalto-60. Al cargar las piezas en su camioneta, perforó accidentalmente el cilindro. Los letales gránulos se derramaron sobre la plataforma del vehículo y el camino hacia el depósito de chatarra Yonke Fénix, iniciando así una cadena de contaminación que se extendería por miles de kilómetros.
La Dispersión Silenciosa: De Chatarra a Material de Construcción
La camioneta de Sotelo, ahora gravemente contaminada, sufrió una avería y quedó abandonada cerca de su domicilio durante más de un mes, irradiando una zona densamente poblada. Mientras tanto, en el depósito de chatarra Fénix, el desastre se magnificaba. Los potentes electroimanes de las grúas, utilizados para mover la chatarra metálica, atrajeron los gránulos de cobalto-60, esparciéndolos y mezclándolos con toneladas de otros metales. Esta mezcla letal fue vendida a diversas fundiciones, que, sin saberlo, la utilizaron como materia prima.
Las Empresas que Recibieron Material Contaminado
El acero radiactivo fue fundido y transformado en productos de uso diario, principalmente varillas para la construcción y bases para mesas. La investigación posterior, liderada por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS), identificó a varias empresas que habían recibido y procesado esta chatarra contaminada, convirtiéndose en puntos clave de la dispersión.
A continuación, se presenta una tabla con las principales empresas involucradas y el tipo de material que manejaron:
| Empresa | Ubicación | Producto o Material Contaminado |
|---|---|---|
| Aceros de Chihuahua (Achisa) | Chihuahua, Chihuahua | Varillas de construcción (se estima que produjeron 6,600 toneladas contaminadas) |
| Falcón de Juárez | Ciudad Juárez, Chihuahua | Bases metálicas para mesas (se estima que produjeron 30,000 unidades contaminadas) |
| Fundival | Gómez Palacio, Durango | Recibieron chatarra y material contaminado para procesamiento. |
| Alumetales | Monterrey, Nuevo León | Recibieron chatarra y material contaminado para procesamiento. |
| Duracero | San Luis Potosí, San Luis Potosí | Recibieron chatarra y material contaminado para procesamiento. |
Para enero de 1984, estas varillas y bases de mesa ya se habían distribuido por gran parte de México y habían cruzado la frontera hacia Estados Unidos, instalando una amenaza invisible en hogares, escuelas y edificios.
Una Alarma Inesperada: La Detección
La detección de la contaminación fue puramente accidental. El 16 de enero de 1984, un camión que transportaba varillas de Achisa tomó una ruta equivocada y pasó cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. Los sensibles detectores de radiación del laboratorio se activaron de inmediato. Las autoridades estadounidenses, tras identificar la fuente en las varillas mexicanas, notificaron a la CNSNS el 18 de enero. Este fue el punto de partida de una de las operaciones de limpieza radiactiva más complejas y extensas de la historia de América del Norte.
Operación de Limpieza: Una Tarea Titánica
La respuesta de las autoridades mexicanas fue inmediata. La CNSNS ordenó el cese de la distribución de materiales de Achisa y cerró el Yonke Fénix. La búsqueda del origen los llevó a la camioneta abandonada de Vicente Sotelo, que emitía niveles de radiación altísimos, de hasta mil roentgens por hora, una dosis letal en poco tiempo. El vehículo fue remolcado a una zona segura y así se pudo reconstruir la cadena de eventos.
La labor de descontaminación fue monumental. Se visitaron más de 17,000 edificios construidos con las varillas sospechosas. De estos, se determinó que 814 estructuras presentaban niveles de radiación inaceptables y tuvieron que ser demolidas. Se recuperaron casi la totalidad de las 30,000 bases de mesa y la mayor parte de las varillas exportadas a Estados Unidos. Sin embargo, miles de toneladas de acero radiactivo ya estaban integradas en la infraestructura de 17 estados mexicanos, desde Baja California hasta Tamaulipas. La recuperación en estas zonas fue extremadamente complicada, implicando la demolición de cientos de cercas y viviendas particulares.
El Cementerio Radiactivo y el Costo Humano
Todo el material contaminado recolectado necesitaba un destino final. Se eligió un paraje en el desierto de Samalayuca, al sur de Ciudad Juárez, para construir un "cementerio" nuclear conocido como La Piedrera. Allí se depositaron miles de toneladas de varillas, chatarra, bases de mesa, e incluso la tierra contaminada del yonke y otros lugares. Años después, surgieron denuncias sobre el manejo inadecuado de estos desechos, que habrían sido almacenados a la intemperie, representando un riesgo continuo para el ecosistema.
El costo humano fue igualmente grave. Se estima que unas 4,000 personas estuvieron expuestas a la radiación. La mayoría recibió dosis bajas, pero un grupo de aproximadamente 80 personas recibió dosis superiores a 25 rems, y cinco de ellas sufrieron exposiciones de entre 300 y 700 rems, niveles que pueden ser mortales. Los vecinos de la zona donde estuvo aparcada la camioneta de Sotelo también recibieron dosis significativas. El impacto a largo plazo en la salud de la población expuesta sigue siendo una pregunta difícil de responder con certeza.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué es el cobalto-60 y por qué es peligroso?
El cobalto-60 es un isótopo radiactivo artificial del cobalto. Emite rayos gamma de alta energía, que pueden penetrar el cuerpo humano y dañar el ADN de las células, provocando enfermedades como el cáncer o, en dosis altas, la muerte por síndrome de irradiación aguda. Se utiliza comúnmente en radioterapia para tratar el cáncer y en aplicaciones industriales.
¿Cuáles fueron las principales empresas que produjeron material contaminado?
Las dos principales fueron Aceros de Chihuahua (Achisa), que fabricó varillas de construcción, y Falcón de Juárez, que produjo bases para mesas. Otras empresas como Fundival, Alumetales y Duracero también recibieron y procesaron chatarra contaminada.
¿Cómo se descubrió la contaminación radiactiva?
Fue descubierta por accidente en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Estados Unidos, cuando un camión que transportaba las varillas contaminadas pasó cerca y activó los detectores de radiación de la instalación.
¿Qué pasó con todo el material contaminado?
Gran parte fue recuperado. Se recolectaron miles de toneladas de varillas, chatarra, y otros objetos, junto con toneladas de tierra contaminada. Este material fue sepultado en un depósito especial en el desierto de Samalayuca, Chihuahua, conocido como La Piedrera.
¿Sigue existiendo un riesgo hoy en día?
Aunque la mayoría del material fue confinado, la preocupación persiste sobre la seguridad a largo plazo del depósito de La Piedrera. Además, es posible que una pequeña cantidad de varillas contaminadas nunca se haya recuperado y permanezca en estructuras existentes, aunque se considera que el riesgo residual para el público general es bajo.
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