15/12/2010
Lo que una vez fue una fuente de vida y parte de la historia local, hoy se ha convertido en una pesadilla olfativa y un foco de enfermedades. El Río Suárez, en un tramo de más de 20 kilómetros que atraviesa municipios como Chiquinquirá y Saboyá, ya no es el afluente caudaloso que narran las crónicas del conquistador Gonzalo Suárez Rendón. Hoy, su cauce es escaso, sus aguas son turbias y, lo más alarmante, emana un hedor a alcantarilla que se ha vuelto el símbolo de una profunda crisis ambiental y de salud pública. Los habitantes de la ribera, lejos de disfrutar del paisaje, viven una lucha diaria contra un enemigo invisible pero penetrante: la contaminación.

El Origen de un Desastre Anunciado
La problemática del Río Suárez no es un evento repentino, sino el resultado de años de negligencia y factores combinados. La raíz del mal se encuentra en dos causas principales que se retroalimentan, creando una tormenta perfecta que asfixia lentamente al río y a su gente.
Descarga de Aguas Negras sin Tratamiento
El principal culpable de la situación actual es el vertido directo de aguas negras provenientes del municipio de Chiquinquirá. Sin un sistema de tratamiento adecuado, las aguas residuales domésticas e industriales se vierten crudas al cauce del río. Esto introduce una carga masiva de materia orgánica en descomposición, bacterias patógenas como E. coli, virus, parásitos y contaminantes químicos. Esta es la fuente directa del nauseabundo olor a alcantarilla, producto de los gases generados por la descomposición anaeróbica de los desechos.
La Agonía de la Laguna de Fúquene
Como si la contaminación directa no fuera suficiente, el río enfrenta otro desafío existencial: la reducción de su caudal. El Suárez nace en la Laguna de Fúquene, un ecosistema que también ha sufrido un grave deterioro y proceso de desecación a lo largo de los años. Con menos agua fluyendo desde su nacimiento, la capacidad del río para diluir los contaminantes es prácticamente nula. En épocas de verano y sequía, el río se convierte en poco más que una zanja de aguas residuales estancadas, concentrando los contaminantes y magnificando sus efectos devastadores.
Consecuencias Devastadoras para la Vida y la Economía
El impacto de esta grave contaminación se extiende por todos los aspectos de la vida en la región, afectando a unas 1.500 fincas y a miles de personas. Las consecuencias van más allá de la simple molestia del mal olor, configurando una verdadera emergencia sanitaria y económica.
- Riesgos para la Salud Humana: Los niños son los más vulnerables. Residentes como Celio Ávila reportan casos de menores que han enfermado gravemente tras el simple contacto con el agua del río. Las enfermedades gastrointestinales, infecciones en la piel y problemas respiratorios son una amenaza constante. El olor persistente también afecta la calidad de vida, generando estrés y malestar continuo.
- Mortalidad del Ganado: Para los ganaderos, el río ha pasado de ser un recurso vital a una trampa mortal. Caballos y ganado vacuno han muerto tras beber de sus aguas contaminadas. Esto representa pérdidas económicas directas y obliga a los productores a buscar fuentes de agua alternativas, como la quebrada Las Vigas, transportándola en costosos carrotanques para llenar los bebederos.
- Inviabilidad Agrícola: El cultivo de hortalizas y otros productos de pancoger se ha vuelto imposible en las zonas aledañas al río. El agua no puede usarse para el riego y la proliferación de moscas y otros insectos vectores, atraídos por la podredumbre, contaminan cualquier cultivo cercano, cerrando otra puerta económica para los habitantes.
Un Laberinto Burocrático: ¿Quién Tiene la Solución?
Mientras la comunidad sufre, la solución parece atrapada en un laberinto de responsabilidades compartidas y promesas incumplidas entre las entidades gubernamentales. La comunidad, representada por líderes como el exalcalde de Saboyá, Abel Ortiz, ha elevado su voz, pero las respuestas han sido lentas e insuficientes.
La Corporación Autónoma Regional (CAR), entidad encargada de la gestión ambiental, propuso en su momento la construcción de ocho compuertas para regular el caudal. Sin embargo, condicionó esta obra a una acción previa fundamental: la construcción de una laguna de oxidación en Chiquinquirá para tratar las aguas negras. La lógica de la CAR es clara: represar el agua sin tratarla primero solo crearía pozos sépticos gigantes a lo largo del río.
Por su parte, el municipio de Chiquinquirá afirma que los estudios para dicha laguna ya están realizados y aprobados. El obstáculo, según ellos, es la falta de presupuesto por parte de la CAR para ejecutar las obras. Este cruce de acusaciones deja a los afectados en medio de la inacción, pagando sus impuestos ambientales (como el impuesto CAR) sin ver resultados tangibles.
Tabla Comparativa de Responsabilidades
| Entidad Involucrada | Postura / Responsabilidad Alegada | Solución Propuesta / Obstáculo |
|---|---|---|
| Comunidad Afectada | Sufre las consecuencias directas. Paga impuestos y exige acción inmediata. | Presionar a las autoridades. Han ofrecido colaborar en las obras. |
| Corporación Autónoma Regional (CAR) | No puede construir compuertas si el agua sigue contaminada, ya que empeoraría el problema. | Exige la construcción previa de una laguna de oxidación en Chiquinquirá. Alega falta de presupuesto en años anteriores. |
| Municipio de Chiquinquirá | Asegura que los estudios técnicos para la laguna de oxidación están listos y aprobados. | Responsabiliza a la CAR por no iniciar los trabajos, argumentando que es la entidad la que debe ejecutar y financiar la obra. |
Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre la Crisis del Río Suárez
¿Cuál es la causa principal del insoportable olor en el río?
El olor a alcantarilla proviene de la descomposición de grandes cantidades de materia orgánica y desechos humanos vertidos directamente al río desde el sistema de alcantarillado de Chiquinquirá, que no cuenta con una planta de tratamiento de aguas residuales.
¿Es seguro utilizar el agua del Río Suárez para alguna actividad?
No. El agua del río en el tramo afectado no es apta para el consumo humano, ni para el consumo animal, ni para el riego de cultivos. El contacto directo puede causar enfermedades de la piel y su ingestión puede ser letal para los animales y gravemente perjudicial para los humanos.
¿Por qué las autoridades no han solucionado el problema después de tantos años?
La solución está estancada en un problema de coordinación y financiación entre la CAR y el municipio de Chiquinquirá. Ambas entidades se señalan mutuamente la responsabilidad de iniciar las obras clave (la laguna de oxidación), lo que ha resultado en años de inacción.
¿Qué se necesita para resolver definitivamente esta crisis ambiental?
Se requiere una acción coordinada y urgente. Primero, la asignación de presupuesto y la voluntad política para construir y poner en funcionamiento la laguna de oxidación de Chiquinquirá. Segundo, la implementación de las obras de regulación de caudal, como las compuertas. Y tercero, un plan de recuperación del ecosistema fluvial a largo plazo.
La desesperación ha llevado a los vecinos a firmar pactos de colaboración, mostrando su disposición a ser parte de la solución. Sin embargo, su buena voluntad no puede reemplazar la responsabilidad institucional. La crisis del Río Suárez es un llamado de atención sobre la necesidad imperante de invertir en saneamiento básico y proteger nuestras fuentes hídricas. No es solo el futuro de un río lo que está en juego, sino la salud, la dignidad y la supervivencia de miles de personas que hoy solo pueden esperar que empiece a llover para que el agua, al menos por un tiempo, se lleve el olor de la negligencia.
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