20/12/2013
En un mundo cada vez más consciente de la crisis ambiental, muchas miradas se vuelven hacia las raíces culturales y filosóficas que pudieron haber moldeado nuestra relación con el planeta. Sorprendentemente para algunos, una de las corrientes de pensamiento más influyentes, el cristianismo, ha sido señalada como cómplice en la degradación ecológica. Pero, ¿es esta una acusación justa? Si Dios es el Creador de todo lo que existe, ¿no deberían sus seguidores ser los primeros en la línea de defensa del medio ambiente? Este artículo profundiza en las interpretaciones históricas que distanciaron al cristianismo de la ecología y redescubre el mandato bíblico original de cuidar la Creación.

Las Raíces Históricas de una Desconexión
La idea de que el cristianismo fomentó una actitud de explotación hacia la naturaleza no es nueva. En 1967, el historiador Lynn Townsend White publicó un influyente ensayo, “Las Raíces Históricas de nuestra Crisis Ecológica”, donde argumentaba que el cristianismo medieval enseñó una separación radical entre el ser humano y el resto del mundo natural. Según White, al colocar al hombre en una posición de dominio absoluto, se abrió la puerta a una explotación sin precedentes de los recursos naturales.
Poco después, el escritor y agricultor cristiano Wendell Berry ahondó en una idea similar, centrándose en la doctrina del contemptus mundi, o "desprecio por el mundo". Esta enseñanza, prevalente en ciertos círculos teológicos medievales, devaluaba la vida terrenal y sus preocupaciones, instando a los fieles a centrarse exclusivamente en la vida venidera y la salvación del alma. En esta cosmovisión, la Tierra y todo lo que contiene eran vistos como meros recursos temporales, un escenario transitorio sin valor intrínseco en comparación con la eternidad celestial. La creación fue relegada a un simple medio para un fin: sostener la vida humana hasta el regreso de Cristo. Esta perspectiva de "calle de un solo sentido" sentó las bases para que la ciencia y la tecnología, herederas de esta mentalidad, se desarrollaran a menudo como fuerzas destructivas para el medio ambiente.
¿Justifica la Biblia la Indiferencia Ecológica?
Frente a esta crítica histórica, es crucial preguntarse si esta actitud de indiferencia o explotación emana directamente de las Escrituras o si es producto de una mala interpretación. Algunos cristianos, incluso hoy, sostienen creencias que parecen justificar un cierto desinterés por los problemas ecológicos. Una de las más comunes se basa en la promesa bíblica de "un cielo nuevo y una nueva tierra" descrita en el libro del Apocalipsis.
El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, escribe que "la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza". Esta "corrupción" es una consecuencia directa de la caída de la humanidad, cuando Dios le dijo a Adán: "¡Maldita será la tierra por tu culpa!". Desde entonces, la creación gime, esperando su redención. La interpretación que algunos extraen de esto es que, si la Tierra actual está destinada a ser destruida y reemplazada, ¿qué sentido tiene esforzarse por preservarla? ¿Por qué preocuparse por la contaminación o el agotamiento de los recursos si Dios proveerá hasta el final y luego creará todo de nuevo?
Este razonamiento, sin embargo, se basa en varias suposiciones erróneas:
- Que la Tierra existe únicamente para ser explotada por los humanos.
- Que el plan de Dios para el futuro hace que la creación actual sea prescindible.
- Que los seres humanos no tienen ninguna responsabilidad inherente sobre el cuidado del planeta.
Esta visión ignora un punto fundamental: solo Dios conoce el tiempo del fin. Mientras tanto, la humanidad tiene la responsabilidad de vivir de manera sostenible. Además, el hecho de que la creación misma sea parte del plan redentor de Dios subraya su inmenso valor. La Biblia no llama a la explotación, sino a una cuidadosa y respetuosa mayordomía.
Volviendo al Génesis: La Conexión Original
Para entender la verdadera enseñanza bíblica sobre la creación, debemos volver al principio. Wendell Berry, a pesar de su crítica a la doctrina medieval, estaba convencido de que estas prácticas destructivas no derivaban de la Biblia. El libro del Génesis establece desde el primer momento una conexión profunda e ineludible entre el ser humano y la Tierra.
En el relato de la creación, los seres humanos son creados en el sexto día, junto con los animales terrestres. No somos una entidad ajena al mundo natural, sino una parte integral de él. El detalle más revelador se encuentra en la formación del primer hombre, Adán. El texto dice que fue formado "del polvo de la tierra". En hebreo, el juego de palabras es aún más potente: Dios forma a Adam (humanidad) de la adamah (tierra). Nuestro propio nombre nos vincula inseparablemente con el suelo del que fuimos hechos. En algún punto de la historia, perdimos esta visión y comenzamos a vernos como algo separado de la "naturaleza", un error que nos ha costado caro.
La Imagen de Dios y el Mandato de la Mayordomía
El Génesis también afirma que el ser humano fue creado a imagen de Dios. Esta frase ha sido objeto de profundos debates teológicos, pero en su contexto inmediato, implica un rol representativo. Somos los embajadores de Dios en la Tierra. Se nos encarga "someter" y "dominar" la creación (Génesis 1:28) y "trabajarla y cuidarla" (Génesis 2:15). Pero, ¿qué significa este dominio?
Lejos de ser una licencia para la tiranía y la explotación, este dominio debe reflejar el carácter del propio Dueño. ¿Y cómo es el Creador? Es un Dios que, tras crear el mundo, lo declaró "muy bueno". Los Salmos nos dicen que "se compadece de toda su creación" (Salmo 145:9). Jesús mismo nos recuerda el cuidado detallado de Dios por los gorriones y los lirios del campo. Por lo tanto, gobernar a imagen de Dios es gobernar con sabiduría, cuidado, compasión y provisión.
Tabla Comparativa: Interpretaciones del Rol Humano
| Concepto | Interpretación Medieval / Explotadora | Enseñanza Bíblica (Mayordomía) |
|---|---|---|
| Relación Humano-Naturaleza | Separación radical. El humano está por encima y fuera de la naturaleza. | Integración. El humano es parte de la creación, hecho de la misma tierra. |
| Valor de la Tierra | Instrumental. Solo tiene valor en la medida que sirve a las necesidades humanas. | Intrínseco. Es buena en sí misma porque es creación de Dios y le pertenece. |
| "Dominar" la Creación | Explotar sin límites para el beneficio propio. | Cuidar, administrar y proteger como un representante responsable del Dueño. |
| El Futuro del Planeta | Es desechable, será destruido y reemplazado. | Será redimido y renovado, lo que subraya su valor actual para Dios. |
De la Teología a la Práctica: ¿Cómo Ser Buenos Mayordomos Hoy?
El concepto de mayordomía es claro: administramos una propiedad que no es nuestra. El Salmo 24:1 lo declara sin ambigüedades: "Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella". No somos los dueños, sino los cuidadores. Este principio se reflejaba en las leyes dadas al antiguo Israel, como la orden de dejar descansar la tierra cada siete años, un "reposo en honor al Señor" para evitar su agotamiento.
Adoptar una postura de humildad, gratitud y responsabilidad es el primer paso. A partir de ahí, el cuidado de la creación se traduce en acciones concretas y diarias:
- Consumo Consciente: Prestar atención a lo que compramos. Optar por productos locales, de comercio justo y producidos de manera sostenible.
- Reducción de Residuos: Aplicar las tres R: Reducir, Reutilizar y Reciclar. Compostar los residuos orgánicos para devolver nutrientes a la tierra.
- Uso Responsable del Agua y la Energía: Evitar el desperdicio, reparar fugas y optar por fuentes de energía más limpias cuando sea posible.
- Cuidado Activo del Entorno: Participar en limpiezas comunitarias, plantar árboles, cuidar un jardín o simplemente recoger la basura que encontramos en nuestro camino.
Preguntas Frecuentes
¿Entonces, la culpa de la crisis climática es del cristianismo?
No es correcto culpar a la fe cristiana en su totalidad. Más bien, ciertas interpretaciones históricas, como el contemptus mundi, contribuyeron a una mentalidad que permitió la explotación ambiental. Sin embargo, el núcleo de la enseñanza bíblica promueve exactamente lo contrario: el cuidado y la mayordomía de la creación.
Si la Tierra será renovada, ¿por qué importa realmente lo que hagamos ahora?
Importa porque somos responsables ante el Dueño de la creación por cómo administramos su propiedad durante el tiempo que se nos ha concedido. Nuestro cuidado (o descuido) de la Tierra es un reflejo de nuestra fidelidad y gratitud hacia Dios. Es como cuidar una casa prestada: el hecho de que el dueño pueda remodelarla en el futuro no nos da derecho a destruirla ahora.
¿Qué significa realmente "dominar" la Tierra según Génesis?
En el contexto bíblico, "dominar" se entiende mejor como gobernar o administrar con responsabilidad. Un buen rey no explota a sus súbditos, sino que vela por su bienestar. De igual manera, el dominio humano sobre la creación debe ser un reflejo del gobierno benévolo y sustentador de Dios, no una tiranía destructiva.
En conclusión, aunque ciertas corrientes dentro de la historia cristiana han contribuido a una visión problemática del medio ambiente, la enseñanza fundamental de la Biblia es un llamado inequívoco a la mayordomía. Cuidar la creación no es una moda ecologista ni una opción política, sino una parte esencial de la fe cristiana, una respuesta de amor y obediencia al Creador que nos confió la administración de su "muy buena" obra.
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