15/11/2011
En el corazón de Perú, una paradoja ambiental amenaza la supervivencia de su capital. Lima, la segunda ciudad más grande del mundo asentada en un desierto, depende casi exclusivamente de las aguas del río Rímac. Sin embargo, este afluente vital, conocido ancestralmente como el “río hablador”, hoy narra una historia de veneno y abandono. Enormes montañas de desechos mineros se ciernen sobre su cuenca alta, liberando lentamente un cóctel tóxico que viaja kilómetros hasta llegar a los grifos de millones de personas, planteando una pregunta urgente: ¿Puede una metrópoli sobrevivir cuando su única fuente de agua está gravemente amenazada?
El Origen de una Ruta Tóxica
La historia de esta contaminación no es reciente. Se remonta a décadas de actividad minera en la sierra de Lima, específicamente en la provincia de Huarochirí. Distritos como San Mateo y Chilca, ubicados a más de 3,000 metros sobre el nivel del mar, han sido centros de extracción minera desde hace mucho tiempo. El problema radica en lo que quedó atrás: los pasivos ambientales mineros. Se trata de diecisiete depósitos de relaves, desechos y desmontes abandonados por empresas que cesaron sus operaciones, algunas desde 1985, sin realizar un cierre adecuado ni remediar el daño causado.

Alejandro Pérez, un campesino de San Mateo, vive esta realidad a diario. “Los afectados somos nosotros porque regamos con agua sucia los pastos, el ganado está infectado y consumimos alimentos contaminados”, relata con preocupación. Su testimonio es el eco de comunidades enteras que conviven con un enemigo silencioso. La especialista en recursos hídricos, Mónica Untiveros, confirma que los pasivos de más alto riesgo se concentran precisamente en la cuenca del Rímac. “En la cabecera de la cuenca de este río, permanecen los desechos. Las comunidades campesinas viven afectadas. Al parecer nadie en Lima lo percibe”, advierte.
El Legado Químico: Un Cóctel de Metales Pesados
Lo que hace a estos depósitos tan peligrosos es su composición. No son simplemente montañas de tierra y roca; son concentraciones de químicos y metales pesados altamente tóxicos. El caso más alarmante es el del cerro Tamboraque, en el kilómetro 93 de la Carretera Central. Allí, una gigantesca relavera contiene aproximadamente 300,000 toneladas de residuos tóxicos, incluyendo altas concentraciones de arsénico, cadmio, plomo y mercurio. Estos elementos, al entrar en contacto con el agua de lluvia y las filtraciones, se lixivian y son arrastrados directamente a las aguas del río Rímac.
El Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) ha clasificado esta relavera como la de más alto riesgo en toda la cuenca. El peligro es doble. Por un lado, la contaminación es constante y progresiva. Por otro, existe el riesgo inminente de un desastre mayor. Un derrumbe de esta montaña de desechos, provocado por un sismo o lluvias intensas, podría verter de golpe miles de toneladas de veneno al río, lo que dejaría a Lima sin agua potable durante meses y causaría un ecocidio de proporciones catastróficas.
Tabla Comparativa: Ecosistema Fluvial Sano vs. Cuenca Alta del Rímac
| Característica | Ecosistema Fluvial Sano | Cuenca Alta del Río Rímac (Afectada) |
|---|---|---|
| Calidad del Agua | Agua cristalina, alta en oxígeno, libre de contaminantes químicos. Apta para el consumo directo con mínimo tratamiento. | Alta turbidez, presencia de metales pesados (plomo, mercurio, arsénico), acidez elevada por drenaje de mina. No apta para consumo. |
| Biodiversidad | Rica en peces, anfibios, insectos acuáticos y vegetación de ribera. Ecosistema equilibrado. | Pérdida drástica de especies de flora y fauna. Especies nativas desplazadas o extintas. Contaminación de la cadena trófica. |
| Uso Humano | Fuente segura para agricultura, ganadería, recreación y consumo humano. | Riesgo para la salud al usarla para riego y ganadería. Contaminación de alimentos. Requiere costosos procesos de potabilización. |
| Riesgos Asociados | Inundaciones naturales, variaciones estacionales de caudal. | Contaminación crónica, riesgo de vertidos masivos por colapso de relaveras, bioacumulación de tóxicos en humanos y animales. |
La Lucha de las Comunidades y la Deuda del Estado
Frente a la inacción, han sido los propios ciudadanos los que han alzado su voz. Agrupados en la “Plataforma de la Cuenca Alta del Río Rímac”, los pobladores afectados han llevado sus reclamos hasta el poder ejecutivo, buscando una solución definitiva. El sacerdote Roger Leiva, quien ha acompañado a estas comunidades, destaca el deseo de la gente de organizarse y capacitarse para enfrentar el problema. Sin embargo, la respuesta ha sido lenta e insuficiente.
Aunque en 2008 el gobierno peruano exigió a la empresa minera Nyrstar el traslado de los residuos de Tamboraque, el avance ha sido mínimo. Otras empresas como Volcán, Los Quenuales y Compañía Minera Casapalca continúan operando en la zona, y aunque algunas están en proceso de remediación de sus relaveras, el problema de los pasivos históricos persiste. La legislación actual parece no ser un disuasivo suficiente. El economista José de Echave señala que Perú pierde anualmente el 3,9% de su Producto Bruto Interno (PBI) debido a la degradación ambiental. Las multas por contaminar son a menudo mucho menores que las ganancias obtenidas por la extracción, creando un incentivo perverso para descuidar las responsabilidades ambientales.

Preguntas Frecuentes sobre la Contaminación del Río Rímac
¿Qué son exactamente los pasivos ambientales mineros?
Son todas las instalaciones, depósitos de residuos, efluentes y emisiones abandonadas por una actividad minera que ya cerró y que constituyen un riesgo permanente para la salud de la población, el ecosistema y la propiedad. En el caso del Rímac, son principalmente depósitos de relaves (desechos del procesamiento del mineral) y desmontes de roca.
¿Por qué es tan peligroso el relave de Tamboraque?
Su peligrosidad se debe a tres factores clave: su enorme volumen (300,000 toneladas), su alta concentración de metales pesados tóxicos y su ubicación inestable en la ribera del río Rímac y sobre una falla geológica. Un colapso liberaría una ola de lodo tóxico que contaminaría la principal fuente de agua de Lima de forma irremediable por un largo tiempo.
¿El agua que llega a los hogares de Lima está contaminada?
El agua que distribuye la empresa SEDAPAL es sometida a un riguroso proceso de potabilización para eliminar contaminantes y hacerla segura para el consumo. Sin embargo, la alta carga de metales pesados en la fuente (el río Rímac) eleva los costos de tratamiento y pone una presión constante sobre la planta de La Atarjea. Un evento de contaminación extrema podría superar la capacidad de la planta, generando una crisis sanitaria.
¿Qué se puede hacer para solucionar este problema?
La solución es compleja y requiere una acción coordinada. Es fundamental la remediación y reubicación urgente de los pasivos de alto riesgo como Tamboraque. Además, se necesita un fortalecimiento de la legislación ambiental, con fiscalización estricta y sanciones que realmente disuadan a las empresas de contaminar. Finalmente, es crucial invertir en la recuperación integral de la cuenca y promover un modelo de desarrollo que no sacrifique la salud de los ecosistemas y las personas.
El futuro de Lima está intrínsecamente ligado al del río Rímac. Ignorar su agonía es poner en riesgo la salud y el bienestar de 10 millones de personas. La erradicación de los relaves mineros no es solo una cuestión ambiental, es un asunto de seguridad nacional y de supervivencia. El “río hablador” está enviando una advertencia clara; es momento de que la capital y el país entero decidan escuchar.
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