20/12/2010
Durante más de dos décadas, la mina Bajo de la Alumbrera en Catamarca fue un gigante de la minería argentina, produciendo cobre, oro y molibdeno a una escala sin precedentes en el país. Su operación generó riqueza y empleo, pero también fue un foco de controversia y críticas por parte de comunidades locales y grupos ambientalistas. Hoy, con el cese de sus operaciones en 2018, la mina no es un fantasma abandonado en la montaña, sino el escenario de uno de los planes de cierre y remediación ambiental más ambiciosos de la región, un proceso que sienta las bases para un futuro minero con una conciencia ecológica renovada a través del innovador proyecto MARA.

Este proceso de cierre no es un simple apagado de luces. Implica una inversión de 400 millones de dólares y un despliegue de ingeniería y ciencia ambiental para asegurar que el legado de la mina sea de recuperación y sostenibilidad. Desde la revegetación de escombreras hasta la gestión del agua y el control de explosivos, cada paso está meticulosamente planificado para minimizar el impacto y devolver al paisaje su fisonomía original.
- El Concepto Clave: El Cierre Comienza con la Apertura
- Devolviendo el Verde a la Montaña: El Proceso de Revegetación
- El Control del Agua y la Lucha Contra la Acidificación
- Misterios de la Mina: ¿Cómo se Controlan las Voladuras?
- De Alumbrera a MARA: Un Futuro Integrado
- Preguntas Frecuentes sobre el Cierre de Alumbrera
El Concepto Clave: El Cierre Comienza con la Apertura
Una de las filosofías más importantes en la minería moderna, y que se aplicó rigurosamente en Alumbrera, es que el plan de cierre no se diseña al final, sino desde el primer día de operación. Daniel Moreno, superintendente senior de la mina, lo define claramente: “En minería hay un concepto muy claro que dice que el cierre de mina se ejecuta desde el inicio del proyecto”. Esto significa que durante los 21 años de actividad, siempre que existió la oportunidad de remediar y rehabilitar áreas, se hizo. Este enfoque, conocido como rehabilitación progresiva, permite adelantar costos y trabajos que, de otro modo, se acumularían para el final, haciendo el proceso más eficiente y ecológicamente responsable.
Desde la década de los noventa, cuando se planificó la explotación, se identificaron y separaron dos tipos de materiales: el mineral de interés económico y el material estéril. Pero incluso dentro del estéril, se hizo una distinción crucial: se separó el material benigno, con capacidad de neutralizar ácido, del material con alta concentración de pirita, que al contacto con agua y oxígeno puede generar drenaje ácido. Ese material benigno, separado y acopiado durante veinte años, es hoy la herramienta fundamental para el cierre de los botaderos (depósitos de escombros).
Devolviendo el Verde a la Montaña: El Proceso de Revegetación
Uno de los componentes más visibles y esperanzadores del plan de cierre es la revegetación de las escombreras. El objetivo no es crear un paisaje artificial, sino restaurar la configuración original de la zona, con su cobertura vegetal característica: raleada, con arbustos y plantas pequeñas adaptadas al clima de altura.
Este esfuerzo es liderado por ingenieros agrónomos locales, como Ezequiel Ríos, a cargo del proyecto de producción de plantines. El trabajo comenzó en 2003 con un exhaustivo estudio de la flora local para identificar las especies nativas con mayor capacidad de adaptación y reproducción. Especies como la retama, el cachiyuyo, la jarilla, el romerillo y el suncho demostraron ser las más resilientes.
El proceso es artesanal y científico a la vez:
- Banco de Germoplasma: Se recolectan semillas de la flora local y se almacenan en frío para conservar su capacidad de germinación.
- Germinación en Invernaderos: Las semillas se germinan en condiciones controladas hasta que los plantines alcanzan una altura determinada.
- Rusificación: Los plantines se trasladan al exterior para que se aclimaten y fortalezcan, “aprendiendo” a sobrevivir en las duras condiciones de la montaña donde serán plantados.
- Plantación Manual: Finalmente, los plantines son llevados a los botaderos y plantados a mano, uno por uno, con una densidad de 2.500 plantas por hectárea. Como fertilizante, se utiliza guano comprado a productores locales, fomentando la economía circular.
El objetivo es cubrir un total de 270 hectáreas. Para 2026, se habrán plantado más de 700.000 ejemplares. Las primeras zonas plantadas en 2013 ya muestran una recuperación sorprendente, con una fisonomía natural que se ve potenciada por la acción del viento y las aves, que dispersan las semillas y contribuyen a una revegetación espontánea.
El Control del Agua y la Lucha Contra la Acidificación
El mayor riesgo ambiental en un botadero minero es la generación de drenaje ácido. Esto ocurre cuando la pirita (un sulfuro de hierro presente en la roca) reacciona con el oxígeno y el agua. Para evitarlo, es necesario eliminar uno de los tres componentes. La pirita y el oxígeno son imposibles de erradicar, por lo que la estrategia se centra en controlar el agua.
Aunque en la zona las precipitaciones son escasas (260 mm anuales) frente a una alta evapotranspiración (1.400 mm anuales), el diseño de la cobertura de los botaderos es extremadamente riguroso. Se utiliza el material benigno, acopiado durante años, para crear una capa protectora sobre el material con pirita. Tras analizar 18 modelos matemáticos, se determinó que el espesor de esta capa debía ser tal que, incluso en el peor escenario de lluvias, el agua no penetrara más de 70 centímetros. Por seguridad, se aplicó un espesor de casi 3 metros, que con factores de seguridad de ingeniería adicionales, resultó en una cobertura final de 6 metros en los taludes y 10 metros en las superficies horizontales. Este control se monitorea constantemente con sensores de humedad y temperatura, y con drones que mapean la topografía de los botaderos para asegurar que la cobertura sea perfecta.
Misterios de la Mina: ¿Cómo se Controlan las Voladuras?
Una de las imágenes más impactantes de la minería son las voladuras, pero la realidad dista mucho de las explosiones caóticas del cine. En Bajo de la Alumbrera, las voladuras controladas son un proceso de alta precisión diseñado para fracturar la roca, no para lanzarla por los aires.
Se utiliza un explosivo llamado ANFO (una mezcla de nitrato de amonio y gasoil), que no detona violentamente, sino que genera una rápida expansión de gases. Este proceso produce un “esponjamiento” del material rocoso, fracturándolo in situ para que pueda ser cargado por los camiones. El objetivo es obtener fragmentos de un tamaño específico para optimizar el procesamiento en la planta, por lo que una explosión descontrolada sería contraproducente.
El procedimiento es el siguiente:
- Los ingenieros diseñan una “malla de voladura”, una cuadrícula que define dónde se realizarán las perforaciones.
- Se perforan los pozos a la profundidad calculada.
- Se introduce el ANFO, el detonante, y se sella la perforación con un taco.
- La ignición se realiza de forma secuencial y controlada, minimizando el ruido, las vibraciones y la generación de polvo.
Según los expertos de la mina, nunca se registraron expulsiones violentas de roca que afectaran a personal o equipos, demostrando la seguridad y precisión del método.
De Alumbrera a MARA: Un Futuro Integrado
El cierre de Alumbrera no es el fin, sino el comienzo de una nueva era con el Proyecto Integrado MARA. Este ambicioso proyecto, ubicado a solo 35 kilómetros, utilizará la infraestructura existente de Alumbrera, lo que representa una ventaja ambiental y económica sin precedentes.
Tabla Comparativa: Alumbrera vs. MARA
| Característica | Bajo de la Alumbrera | Proyecto MARA (Estimado) |
|---|---|---|
| Vida Útil | 21 años (1997-2018) | 27 años |
| Inversión Inicial | N/A | US$ 2.700 millones |
| Empleo en Operación | ~1.950 personas | ~1.000 personas |
| Huella Ambiental | Infraestructura nueva | Reutilización de campamento, planta, tuberías, puerto. Menor huella ambiental. |
MARA aprovechará el campamento, el suministro de agua y electricidad, la planta de procesamiento, el mineraloducto de 317 km, la planta de filtrado en Tucumán y el puerto en Santa Fe. Esta sinergia es casi perfecta, ya que resucita un complejo industrial en una zona deprimida y evita la necesidad de construir nuevas instalaciones, reduciendo drásticamente el impacto ambiental del nuevo proyecto.
Preguntas Frecuentes sobre el Cierre de Alumbrera
¿Qué pasa con los pozos gigantes (pits) a cielo abierto?
El pit principal, Farallón Negro, será cercado para impedir el acceso. El pit secundario, Bajo el Durazno, tendrá un uso estratégico para el proyecto MARA: se convertirá en un reservorio de agua de proceso. Esta agua, que ya estuvo en contacto con minerales, es ideal para el proceso de flotación del cobre, evitando el uso de agua fresca.
¿Cómo se gestionan los residuos generados en la mina?
La gestión es integral. Los residuos peligrosos (aceites, combustibles) son tratados por una empresa autorizada. Los residuos patológicos (como barbijos) se envían a una planta de disposición final. Los neumáticos gigantes de los camiones se trituran en una planta local para ser reutilizados en asfalto. Y los residuos orgánicos de los comedores se convierten en compost de lombriz, que se dona para la agricultura local.
¿El agua del Dique de Colas es contaminante?
El Dique de Colas es un inmenso espejo de agua donde se depositan los residuos del proceso de flotación. Esta agua contiene minerales pero no químicos contaminantes persistentes, ya que los reactivos utilizados son biodegradables y se evaporan. El agua del dique se recircula constantemente a través de un sistema de retrobombeo para ser reutilizada en la planta, minimizando el consumo de agua fresca de vertientes. Esta agua también será aprovechada por MARA.
¿Por qué la empresa se define como “los primeros ambientalistas”?
El personal de la mina, en su mayoría de la región, defiende su compromiso con el cuidado de su propia tierra. Argumentan que la minería es la única actividad con una ley de protección ambiental específica y que todos los procedimientos, desde la separación de roca benigna en 1997 hasta el diseño de las coberturas, se basan en fundamentos técnicos y pruebas empíricas. El cierre de Alumbrera se está convirtiendo en un caso de estudio a nivel mundial, una oportunidad para demostrar que es posible una minería sostenible y responsable con el entorno.
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