13/04/2017
En el Corazón Verde del Mundo: La Vida y Lucha del Pueblo Asháninka
En las profundidades de la selva central peruana, donde la vegetación se entrelaza en un abrazo denso y eterno, reside el pueblo Asháninka. Son la etnia más numerosa y extendida de la Amazonía, un pueblo cuyo nombre significa simplemente "persona", un recordatorio de su profunda humanidad y conexión con la tierra. Su hogar, un paraíso de biodiversidad y vida, ha sido también el escenario de sus más grandes pesadillas. Durante décadas, han enfrentado amenazas que buscan arrebatarles no solo su territorio, sino también su paz y su existencia. Desde la violencia atroz del terrorismo hasta la insaciable sed de recursos de las corporaciones modernas, la historia de los Asháninkas es una de resiliencia, dolor y una inquebrantable voluntad de proteger su mundo.

Un Pasado Marcado por el Terror
Para entender el presente del pueblo Asháninka, es ineludible mirar hacia su pasado reciente, una época oscura que dejó cicatrices imborrables. Durante las décadas de 1980 y 1990, el grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso desató una campaña de violencia brutal en todo el Perú, y la selva central se convirtió en uno de sus principales teatros de operaciones. Los Asháninkas sufrieron de manera desproporcionada. Sus aldeas fueron asaltadas con una crueldad inimaginable; sus hogares incendiados y sus gentes asesinadas a machetazos. Las cifras oficiales hablan de más de 6,000 víctimas mortales y 5,000 secuestrados, pero la selva guarda en su silencio los cuerpos de muchos que nunca fueron encontrados.
Esta violencia sistemática los obligó a huir, a abandonar sus tierras ancestrales para sobrevivir. Así nacieron comunidades de refugiados como Samaria, un pequeño enclave de unas 14 familias que escaparon del horror. Quienes vivieron aquellos años, como Yolanda o su hermano Elías, actual jefe de la comunidad, llevan en su memoria el miedo constante. Se vieron atrapados en un fuego cruzado: por un lado, la guerrilla los masacraba; por otro, el Ejército los acusaba de colaborar con sus verdugos. El abandono del Estado fue tal que tuvieron que armarse para defenderse, convirtiéndose en guerreros a la fuerza para proteger a sus familias. El terrorismo convirtió su paraíso en un infierno, y aunque la intensidad del conflicto ha disminuido, la desconfianza y el trauma persisten.
Las Nuevas Amenazas: El Avance del "Desarrollo"
Hoy, el sonido de los machetes de Sendero Luminoso ha sido reemplazado por el rugido de la maquinaria pesada. Una nueva amenaza, quizás más sutil pero igualmente destructiva, se cierne sobre el territorio Asháninka: las empresas multinacionales. Las industrias petroleras, madereras, mineras y, sobre todo, las hidroeléctricas, ven la Amazonía no como un hogar, sino como una vasta despensa de recursos naturales listos para ser explotados. Para los Asháninkas, esta visión es una afrenta directa a su cosmovisión. "La selva nos da de comer, la selva es nuestra casa y la quieren destruir. Nosotros la cuidamos", explica Elías. Ellos no son meros habitantes; son los guardianes ancestrales de este pulmón del planeta, y sienten la responsabilidad de protegerlo.
El conflicto entre estas dos visiones del mundo es la batalla central del siglo XXI para los pueblos indígenas de la Amazonía. ¿Es posible un desarrollo que no implique destrucción? ¿Puede el progreso económico coexistir con el respeto a la naturaleza y a las culturas ancestrales?
El Caso Paquitzapango y el Nacimiento de una Voz Unida: La CARE
El punto de quiebre llegó en 2010. Los gobiernos de Perú y Brasil firmaron un acuerdo energético que incluía la construcción de una serie de megaproyectos hidroeléctricos en la Amazonía peruana. Uno de ellos, la central de Paquitzapango, era una colosal obra de ingeniería que pretendía inundar miles de hectáreas de territorios ancestrales Asháninkas, provocando el desplazamiento forzado de más de 8,000 personas. El proyecto recibió luz verde del gobierno peruano sin que se realizara ninguna consulta previa a las comunidades afectadas.
"Nadie nos consultó, nadie nos informó", afirma con contundencia Ruth Buendía, la líder que se alzaría como la voz de su pueblo. Esta acción gubernamental era una flagrante violación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los derechos indígenas, un tratado internacional que Perú había ratificado y que obliga a los Estados a consultar a los pueblos indígenas antes de aprobar cualquier proyecto que afecte sus tierras.
Ante esta injusticia, la comunidad Asháninka decidió actuar. Fue entonces cuando la Central Asháninka del Río Ene (CARE), bajo el liderazgo de Ruth Buendía, entró en acción. La CARE no era una organización nueva, pero este desafío la catapultó al frente de la lucha por los derechos indígenas y ambientales. Su objetivo principal fue claro y contundente: denunciar el proyecto y garantizar que se cumpliera la ley de consulta previa. La CARE se convirtió en el catalizador que unió a más de 230 comunidades dispersas a lo largo del río Ene. Juntos, levantaron una sola voz para exigir explicaciones al gobierno y detener un proyecto que amenazaba con destruir su mundo.
La estrategia de la CARE fue multifacética. No solo se limitaron a la protesta local, sino que llevaron su caso a instancias nacionales e internacionales, visibilizando el conflicto y ganando el apoyo de organizaciones de derechos humanos y ecologistas de todo el mundo. Su lucha no era contra el progreso en sí mismo. "Los asháninkas no nos oponemos al desarrollo, al contrario, estamos a favor de la inversión en nuestro país y queremos formar parte del progreso", asegura Buendía, "pero exigimos que sea de una forma responsable". Esta demanda por un desarrollo sostenible y equilibrado se convirtió en su bandera.
Visiones Enfrentadas sobre la Amazonía
La lucha de los Asháninkas evidencia el choque fundamental entre dos maneras de entender el mundo y sus recursos.
| Característica | Visión Asháninka (Guardianes de la Selva) | Visión Industrial Extractivista |
|---|---|---|
| La Selva | Es el hogar, la fuente de vida y sustento. Un ser vivo y sagrado que debe ser protegido para las futuras generaciones. | Es una fuente de recursos naturales (madera, minerales, petróleo, energía) para ser explotada en beneficio económico. |
| El Desarrollo | Implica mejorar la calidad de vida (salud, educación) en armonía con el entorno, de forma sostenible y consultada. | Se mide en términos de crecimiento del PBI, construcción de grandes infraestructuras y extracción masiva de recursos. |
| La Propiedad | El territorio es ancestral, de propiedad colectiva y uso común. La relación con la tierra es espiritual. | La tierra se divide en concesiones, lotes y propiedad privada, susceptible de ser comprada y vendida para su explotación. |
La Cultura como Escudo y la Educación como Lanza
A pesar del miedo y las amenazas constantes, la vida en las comunidades Asháninkas continúa con una normalidad admirable. Se levantan con el sol, los hombres cazan o pescan, y las mujeres cuidan de la yuca, con la que preparan el masato, una bebida fermentada que es símbolo de hospitalidad. Recibir a un visitante con un tazón de masato es un gesto de bienvenida y confianza. Su cultura está cimentada en valores universales: el respeto a la naturaleza, a los mayores y a la comunidad. La violencia no es parte de su idiosincrasia; es una herida impuesta desde fuera.
Son conscientes de que viven en un mundo globalizado y que la educación es su herramienta más poderosa. Los niños de Samaria aprenden castellano e incluso inglés en la escuela, un puente necesario para comunicarse con el mundo exterior y defender sus derechos. Entienden que para proteger su cultura, deben conocer también la del otro. Esta lucha por la supervivencia es, en esencia, una lucha por el derecho a existir en sus propios términos.
Preguntas Frecuentes sobre los Asháninkas y la CARE
¿Quiénes son los Asháninkas?
Son el pueblo indígena más numeroso de la Amazonía peruana. Se consideran los guardianes ancestrales de la selva, con una cultura profundamente conectada con la naturaleza y el respeto comunitario.
¿Cuál fue la principal acción de la CARE para ayudar a los Asháninkas?
La CARE, liderada por Ruth Buendía, organizó y unificó a más de 230 comunidades para oponerse al megaproyecto hidroeléctrico de Paquitzapango. Su acción fue clave para denunciar la violación de sus derechos y exigir al gobierno peruano el cumplimiento de la ley de consulta previa, logrando frenar el proyecto.
¿Los Asháninkas se oponen al desarrollo?
No. No se oponen al desarrollo, sino al modelo de desarrollo extractivista e irresponsable que destruye su hogar y su modo de vida. Abogan por un desarrollo sostenible y equilibrado, que incluya mejoras en educación y salud, y que se realice en consulta y con el consentimiento de las comunidades.
¿Qué es el VRAEM y por qué sigue siendo una amenaza?
VRAEM es el acrónimo del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro. Es el hogar de los Asháninkas y una zona estigmatizada por la presencia histórica de remanentes del terrorismo y el narcotráfico, lo que genera una inseguridad constante y la militarización de su territorio.
La victoria contra el proyecto de Paquitzapango, que le valió a Ruth Buendía el prestigioso Goldman Environmental Prize, fue un hito de esperanza. Demostró que la unidad y la determinación pueden frenar a gigantes. Sin embargo, la batalla no ha terminado. Otros proyectos, otras amenazas, siguen apareciendo en el horizonte. El incesante rumor de los helicópteros sobrevolando sus aldeas es un recordatorio constante de que su paraíso sigue siendo un paraíso convulso. Su lucha es más que la defensa de un pedazo de tierra; es la defensa de una forma de vida, de una cultura milenaria y, en última instancia, del futuro de la Amazonía y del planeta entero.
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