17/04/1999
Las recientes declaraciones de Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, han vuelto a poner sobre la mesa un debate tan complejo como crucial para el futuro de España: el equilibrio entre la necesidad de seguridad energética y los compromisos ineludibles de la lucha contra el cambio climático. Al cuestionar la prohibición de explorar posibles yacimientos de gas en Subijana (Álava) mientras se importa gas licuado de Estados Unidos, se abre una caja de pandora que enfrenta dos visiones del mundo: la pragmática económica a corto plazo y la imperativa ecológica a largo plazo. Este dilema no es nuevo, pero en el contexto geopolítico y climático actual, adquiere una urgencia sin precedentes. ¿Es coherente cerrar la puerta a nuestros propios recursos mientras dependemos de mercados exteriores? ¿O es una decisión visionaria que nos obliga a acelerar la verdadera transición energética?
La Ley de Cambio Climático: Un Compromiso Firme
Para entender el epicentro de esta controversia, es fundamental conocer el marco legal que la suscita. La Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética, es la hoja de ruta de España para alcanzar la neutralidad climática a más tardar en 2050. No es una mera declaración de intenciones; establece obligaciones concretas. Una de las más contundentes es la prohibición, en todo el territorio nacional, de nuevos permisos de exploración, investigación y concesiones de explotación de hidrocarburos.

El espíritu de la ley es claro: si el objetivo es descarbonizar la economía, no tiene sentido seguir buscando y explotando los combustibles fósiles que son la raíz del problema. La norma busca enviar una señal inequívoca a los inversores y a la sociedad: el futuro no pasa por el gas, el petróleo o el carbón, sino por las energías renovables, la eficiencia y la electrificación de la economía. Prohibir nuevas exploraciones es una forma de evitar lo que se conoce como "activos varados" (stranded assets): costosas infraestructuras de combustibles fósiles que quedarían obsoletas antes de ser amortizadas por la propia transición energética, generando pérdidas millonarias.
El Argumento de la Soberanía y la Competitividad
La perspectiva empresarial, defendida por Garamendi, se centra en aspectos muy tangibles. La principal bandera es la soberanía energética. La dependencia del gas extranjero, principalmente de países como Estados Unidos, Argelia o Nigeria, somete a la economía española a una enorme volatilidad de precios y a los vaivenes de la geopolítica. Una crisis en un país productor puede disparar las facturas de empresas y hogares españoles, como hemos visto recientemente.
Desde este punto de vista, explorar y potencialmente explotar recursos propios como el gas de Subijana podría ofrecer varias ventajas:
- Estabilidad de suministro: Reduciría la dependencia exterior, aislando parcialmente a España de shocks en los mercados internacionales.
- Costes más bajos: Se eliminarían los costes asociados al transporte transoceánico en buques metaneros y al proceso de licuefacción y regasificación, lo que podría abaratar el precio final del gas para la industria y los consumidores.
- Impacto económico local: Un proyecto de este tipo generaría empleo directo e indirecto en la región, así como ingresos fiscales para las administraciones públicas.
- Huella de carbono del transporte: Se argumenta que la huella de carbono de transportar gas desde miles de kilómetros es superior a la de consumirlo cerca de su punto de extracción. Sin embargo, este argumento a menudo omite las emisiones asociadas a la propia extracción.
El Contrapunto Medioambiental: El Coste Oculto del Gas
La visión ecologista y científica ofrece una réplica contundente a cada uno de esos puntos. La principal objeción es que abrir la puerta a nuevas explotaciones de gas es incompatible con los objetivos del Acuerdo de París. La Agencia Internacional de la Energía ha sido clara: para mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 °C, no debe haber inversión en nuevos proyectos de combustibles fósiles.
Además, el impacto de la extracción de gas va mucho más allá del CO2 que se emite al quemarlo. En el caso de yacimientos no convencionales como los que se sospecha que existen en Subijana, la técnica de extracción necesaria sería probablemente la fracturación hidráulica o fracking. Esta técnica conlleva graves riesgos medioambientales locales:
- Contaminación de acuíferos: Se inyectan a alta presión grandes cantidades de agua mezclada con arena y un cóctel de productos químicos para fracturar la roca y liberar el gas, con el riesgo de que estos fluidos contaminen las reservas de agua subterránea.
- Fugas de metano: Durante la extracción y el transporte, se producen fugas de metano (CH4), el principal componente del gas natural. El metano es un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento más de 80 veces superior al del CO2 en un horizonte de 20 años. Estas fugas pueden anular por completo la supuesta ventaja climática del gas sobre el carbón.
- Actividad sísmica: La inyección de fluidos a alta presión en el subsuelo ha sido relacionada con la aparición de pequeños terremotos en zonas donde se practica el fracking.
- Uso intensivo de agua: La técnica requiere enormes volúmenes de agua, un recurso cada vez más escaso en España.
Tabla Comparativa: Gas Nacional vs. Gas Importado
Para visualizar mejor las implicaciones de cada opción, podemos resumir los argumentos en la siguiente tabla:
| Criterio | Exploración de Gas Nacional (Subijana) | Importación de Gas (GNL de EEUU) |
|---|---|---|
| Soberanía Energética | Alta. Reduce la dependencia de terceros países y de la volatilidad geopolítica. | Baja. Alta dependencia de los mercados internacionales y de las rutas de transporte. |
| Impacto Ambiental Local | Alto. Riesgo de contaminación de agua, sismicidad inducida, impacto paisajístico y uso intensivo de agua (si se usa fracking). | Bajo en España (el impacto se produce en el país de origen). Impacto concentrado en las plantas de regasificación. |
| Huella de Carbono Global | Potencialmente alta debido a las fugas de metano durante la extracción. Se ahorran emisiones del transporte. | Alta. Incluye las emisiones de la extracción (a menudo fracking en EEUU), licuefacción, transporte y regasificación. |
| Coherencia con Objetivos Climáticos | Baja. Va en contra de la Ley de Cambio Climático y de las recomendaciones científicas de no abrir nuevas explotaciones fósiles. | Baja, pero se enmarca en un sistema de reducción progresiva de la demanda, sin crear nuevas infraestructuras de extracción nacionales. |
| Coste y Competitividad | Potencialmente más barato a largo plazo si el yacimiento es productivo, pero requiere una enorme inversión inicial. | Sujeto a la alta volatilidad de los precios internacionales. El coste actual es elevado. |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué se prohíbe explorar gas si España lo sigue necesitando?
La prohibición se enfoca en el futuro. La ley asume que la demanda de gas debe disminuir drásticamente en los próximos años para cumplir los objetivos climáticos. Prohibir nuevas exploraciones evita crear una dependencia a largo plazo de un recurso que debemos abandonar, forzando la inversión y el desarrollo de alternativas limpias como las renovables, el biometano o el hidrógeno verde.
¿Extraer gas en España no sería más ecológico que importarlo de países que usan fracking?
Es una pregunta compleja. Se evitarían las emisiones del transporte marítimo, pero es muy probable que la extracción en España también requiriera fracking, con lo que simplemente se trasladaría el problema medioambiental de Texas a Álava. Además, se sumarían las fugas de metano, que son un problema global independientemente de dónde ocurran. La solución más coherente desde el punto de vista climático no es cambiar el origen del gas, sino reducir su consumo total.
¿Qué alternativas reales existen al gas natural a corto y medio plazo?
Las alternativas son múltiples y deben combinarse. La principal es la electrificación masiva de la demanda (calefacción con bombas de calor, movilidad eléctrica) alimentada por energías renovables (solar y eólica). Otras vías clave son la mejora radical de la eficiencia energética en edificios e industria, la gestión de la demanda para adaptar el consumo a la producción renovable, y el desarrollo de gases renovables como el biometano (obtenido de residuos orgánicos) y el hidrógeno verde para los sectores difíciles de electrificar.
En conclusión, el debate reabierto por la CEOE no es trivial. Expone la tensión inherente a una transición energética de esta magnitud. Si bien los argumentos sobre la seguridad del suministro y la competitividad industrial son legítimos y deben ser atendidos, replantear la Ley de Cambio Climático para permitir nuevas exploraciones de gas sería dar un paso atrás en un camino que la ciencia y la propia legislación ya han trazado como ineludible. La verdadera soberanía energética en el siglo XXI no vendrá de exprimir las últimas gotas de combustibles fósiles del subsuelo, sino de desarrollar al máximo nuestro inmenso potencial en recursos renovables, tecnología y eficiencia. La decisión que se tome no solo definirá el mix energético de mañana, sino el legado medioambiental que dejaremos para las futuras generaciones.
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