08/11/1999
La industria española de procesado y conservas de pescado y marisco es un gigante económico, con una facturación que supera los 6.000 millones de euros y que da empleo a más de 20.000 personas. Sin embargo, su mayor activo no está en las cifras, sino en el origen de su materia prima: el mar. Esta dependencia intrínseca ha convertido al sector en un pionero en la adopción de prácticas sostenibles, consciente de que su éxito empresarial a largo plazo está indisolublemente ligado a la salud de los océanos. El camino no está exento de obstáculos, pero la industria ha asumido el reto de transformar sus procesos, desde la gestión de residuos hasta el envasado, para garantizar un futuro donde la rentabilidad y el respeto por el medio ambiente naveguen en la misma dirección.

Un Compromiso Sectorial con el Planeta
Lejos de ser iniciativas aisladas, el compromiso con la sostenibilidad es una estrategia vertebradora para el conjunto del sector. La patronal Anfaco-Cecopesca, que agrupa a unas 250 empresas, ha sido un motor clave en esta transformación. Como señala su secretario general, Juan Vieites, “el respeto por el medio ambiente mediante una actividad responsable es sin duda el pilar básico de nuestra competitividad”.
Este compromiso se materializó en 2020 con la creación de la Estrategia de Valor Compartido, una hoja de ruta que alinea la actividad de la industria con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. No se trata solo de una declaración de intenciones, sino de una herramienta para medir el impacto real y demostrar de forma objetiva cómo el sector contribuye a solventar retos globales como el cambio climático o la pobreza, promoviendo estructuras justas y duraderas. La visión es clara: apostar por un cambio sistémico que integre la sostenibilidad en el ADN de cada empresa.
La Lucha Contra los Residuos: De Problema a Oportunidad
Uno de los desafíos más visibles para cualquier industria marina es la contaminación por plásticos y la basura generada por la propia actividad pesquera. Abordar esta problemática requiere una acción coordinada en toda la cadena de valor: desde el barco que faena en alta mar hasta el consumidor que deposita el envase en el contenedor de reciclaje.
La concienciación es el primer paso, y el sector está invirtiendo en ello mediante jornadas de recuperación de residuos en litorales, programas informativos en escuelas y una búsqueda constante de estrategias para valorizar esa basura marina. Pero donde la industria ha demostrado una notable precocidad es en la aplicación de la economía circular.
Desde hace décadas, los subproductos del procesado (cabezas, pieles, espinas) no se consideran desechos, sino recursos. Tradicionalmente, se han aprovechado para producir harinas y aceites de pescado destinados a piensos. Hoy, la innovación va mucho más allá. Proyectos como Conserval, liderado por el Centro Tecnológico del Agua (Cetaqua), están desarrollando tecnologías para:
- Convertir aguas residuales: Mediante procesos de fermentación ácida, las aguas residuales de la cocción de atún o mejillón se transforman en ácidos grasos volátiles (AGVs), una materia prima valiosa para la fabricación de biocombustibles o bioplásticos.
- Valorizar subproductos sólidos: Los restos de túnidos se procesan para obtener hidrolizados proteicos y aceites ricos en Omega 3, muy cotizados en las industrias farmacéutica y cosmética.
Esta mentalidad transforma por completo el concepto de residuo, convirtiéndolo en una nueva vía de negocio que, además, reduce drásticamente el impacto ambiental.
Tabla Comparativa: Gestión de Subproductos
| Enfoque Tradicional | Enfoque de Economía Circular |
|---|---|
| Los subproductos (espinas, pieles, cabezas) son considerados residuos o se destinan a productos de bajo valor añadido. | Los subproductos son materia prima para productos de alto valor: aceites Omega 3, hidrolizados proteicos para farmacia y cosmética. |
| Las aguas residuales del proceso de cocción se tratan como un efluente a depurar antes de su vertido. | Las aguas residuales se transforman en ácidos grasos volátiles (AGVs) para crear bioplásticos o biocombustibles. |
| El objetivo principal es la eliminación del residuo de forma segura. | El objetivo es el "residuo cero", reincorporando todos los materiales a la cadena de valor. |
El Envase del Futuro: Un Desafío Técnico
La lata de conserva es, en sí misma, un ejemplo de envase sostenible. Fabricada con hojalata, aluminio o vidrio, materiales infinitamente reciclables, ofrece una protección y durabilidad excepcionales. Además, el embalaje secundario suele ser de cartón o papel, fácilmente separable por el consumidor para su correcta gestión.

Sin embargo, la industria no se detiene ahí y explora activamente nuevos horizontes, especialmente en el campo de los bioplásticos. Se están desarrollando biofilms a partir de polímeros obtenidos de algas marinas, subproductos vegetales e incluso crustáceos. El gran reto técnico es que estos nuevos materiales deben soportar tratamientos térmicos muy agresivos, como la esterilización, que es un paso fundamental e ineludible para garantizar la seguridad alimentaria del producto. Lograr que un bioplástico mantenga su integridad y propiedades barrera tras ser sometido a altas temperaturas y presiones es el principal desafío a solventar para que veamos estas innovaciones de forma masiva en el mercado.
El Poder del Consumidor y los Sellos de Confianza
La transformación del sector no solo viene impulsada desde dentro, sino también desde fuera. Los consumidores son cada vez más exigentes y conscientes. Según un estudio de Deloitte, el 76% de los españoles ha modificado sus hábitos de compra en los últimos dos años para elegir productos pesqueros más responsables social y ambientalmente.
Esta demanda ha sido el catalizador para la creación de certificaciones que ofrecen garantías claras al comprador. El sello APR (Atún de Pesca Responsable) de Aenor es el ejemplo más destacado. Esta certificación no solo garantiza que la pesca se ha realizado de forma sostenible, sino que también audita y asegura el cumplimiento de las mejores condiciones laborales y de seguridad para los trabajadores a bordo.
Marcas líderes como Isabel, Campos, Calvo o Nueva Pescanova han abrazado este y otros compromisos, estableciendo objetivos públicos y ambiciosos para 2025 en áreas como la protección de los océanos, la reducción de su huella ambiental y el bienestar de las personas. El resultado es visible en los supermercados, donde la oferta de latas con el sello APR no deja de crecer, dando al consumidor el poder de premiar con su elección a las empresas que hacen las cosas bien.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Cuáles son los principales retos ambientales de la industria conservera?
- Los principales retos son la gestión de la basura marina y los residuos plásticos, la optimización del uso del agua, la reducción de la huella de carbono en sus procesos y el desarrollo de envases todavía más sostenibles. La sobrepesca es un reto global que el sector aborda mediante el apoyo a pesquerías certificadas y responsables.
- ¿Cómo puedo saber si una lata de atún es realmente sostenible?
- Busca en el envase sellos de certificación reconocidos. El sello APR (Atún de Pesca Responsable) de Aenor es una garantía específica para el mercado español que asegura tanto la sostenibilidad ambiental de la pesca como las condiciones sociales de los trabajadores. Otras certificaciones internacionales también ofrecen garantías.
- ¿Se aprovecha todo el pescado en la industria conservera?
- El objetivo es el aprovechamiento integral. Gracias a la economía circular, las partes que no van a la lata (cabezas, espinas, pieles, vísceras) se transforman en harinas y aceites para alimentación animal, o en productos de alto valor como complementos nutricionales de Omega 3 e ingredientes para la industria farmacéutica o cosmética.
- ¿Cómo se elabora una conserva de pescado o marisco?
- El proceso general, de forma simplificada, es el siguiente: 1) Recepción y lavado (o descongelado) de la materia prima. 2) Corte y eviscerado del pescado. 3) Cocción previa. 4) Empacado manual o mecánico en la lata. 5) Adición del líquido de cobertura (aceite, escabeche, etc.). 6) Cierre hermético de la lata. 7) Esterilización en autoclave, un proceso de calor que garantiza la seguridad y larga conservación del producto. 8) Enfriamiento, etiquetado y embalaje final.
En definitiva, la industria conservera española ha entendido que su futuro depende de un océano sano y de un consumidor informado. A través de un compromiso sectorial firme, una inversión constante en innovación y la adopción de un modelo de economía circular, está abordando sus desafíos ambientales no como una obligación, sino como una oportunidad para liderar, competir y demostrar que es posible encerrar en una lata lo mejor del mar, cuidando al mismo tiempo de él.
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