26/07/2019
La Cuenca Matanza-Riachuelo es, desde hace décadas, un triste emblema de la contaminación en Argentina. Un espejo oscuro donde se reflejan años de desidia industrial, abandono estatal y graves consecuencias para la salud de millones de personas. En 2008, una luz de esperanza pareció encenderse con el histórico "Fallo Mendoza", una sentencia de la Corte Suprema de Justicia que ordenaba al Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a recomponer el daño ambiental. Se creó la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) con la misión de ejecutar un plan de saneamiento integral. Sin embargo, más de una década después, el panorama es desolador y una nueva amenaza, disfrazada de solución, se cierne sobre los habitantes de la cuenca: la incineración de residuos.

El Fallo Mendoza: Una Década de Promesas Incumplidas
El fallo del 8 de julio de 2008 fue un hito en la jurisprudencia ambiental del país. Obligaba a los responsables a cumplir con objetivos claros y medibles para sanear el río, mejorar la calidad de vida de la población, relocalizar familias en riesgo y controlar la actividad industrial contaminante. Se destinaron miles de millones de dólares a este fin, pero los resultados están lejos de ser los esperados.
Según informes y denuncias de organizaciones que forman parte del cuerpo colegiado que monitorea el cumplimiento del fallo, como Greenpeace, el avance ha sido mínimo. Para 2016, con una inversión que superaba los 5.200 millones de dólares, apenas se había cumplido un 20% de las metas establecidas. Persisten las debilidades en el control industrial, los vertidos cloacales e industriales siguen llegando al agua con escaso tratamiento y, lo que es más grave, no se han desarrollado capacidades efectivas para evaluar y mitigar el impacto de la contaminación en la salud de las poblaciones más vulnerables.
El fracaso no es técnico, sino político. La falta de una política de estado sostenida en el tiempo, que trascienda los cambios de gobierno, ha convertido lo que debía ser una solución definitiva en una seguidilla de parches y promesas rotas. La deuda con los habitantes de la cuenca sigue creciendo.
La Incineración: ¿Solución Mágica o Nuevo Problema Ambiental?
En medio de este escenario de incumplimiento, surge una propuesta que enciende todas las alarmas: la construcción de plantas de incineración de residuos. Tras una modificación a la Ley de Basura Cero de la Ciudad de Buenos Aires, que originalmente prohibía este método, se abrió la puerta para instalar hasta siete plantas, tres de ellas en el corazón de la ya castigada cuenca (Villa Riachuelo, Lomas de Zamora y Ezeiza).
Los defensores de esta tecnología argumentan que es una forma moderna de gestionar los residuos y generar energía (Waste-to-Energy). Sin embargo, para la comunidad científica y las organizaciones ambientalistas, la incineración es una solución obsoleta, costosa y extremadamente peligrosa. Lejos de resolver un problema, crea uno nuevo y más grave: la contaminación del aire.
Quemar basura libera a la atmósfera una gran cantidad de sustancias tóxicas, entre ellas:
- Dioxinas y Furanos: Compuestos orgánicos persistentes altamente cancerígenos, que pueden causar problemas reproductivos y de desarrollo.
- Metales Pesados: Como el mercurio, el plomo y el cadmio, que son neurotóxicos y se bioacumulan en la cadena alimentaria.
- Material Particulado (PM2.5): Partículas finas que pueden penetrar profundamente en los pulmones y el torrente sanguíneo, causando enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
La idea de instalar estas plantas en una zona donde la población ya sufre las consecuencias de la contaminación hídrica y del suelo es, como mínimo, una irresponsabilidad. Sumar contaminación atmosférica a un cóctel ya letal no es una solución, es agravar la condena para miles de familias.
Tabla Comparativa: Incineración vs. Gestión Integral (Basura Cero)
| Criterio | Incineración (Waste-to-Energy) | Gestión Integral de Residuos (Basura Cero) |
|---|---|---|
| Impacto Ambiental | Genera emisiones tóxicas al aire (dioxinas, furanos, metales pesados) y cenizas peligrosas que deben ser dispuestas en rellenos de seguridad. | Minimiza el impacto al reducir la generación de basura, fomentar el reciclaje y el compostaje. Promueve una economía circular. |
| Salud Pública | Aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer en las comunidades cercanas. | Protege la salud al reducir la exposición a contaminantes y promover entornos más limpios y seguros. |
| Modelo Económico | Requiere una alta inversión inicial y costos operativos elevados. Destruye materiales valiosos que podrían ser reciclados. | Genera empleos verdes en recolección, clasificación, reciclaje y compostaje. Conserva los recursos y agrega valor a los materiales. |
| Sostenibilidad | Es un modelo lineal que depende de un flujo constante de basura para operar, desincentivando la reducción y el reciclaje. | Es un modelo circular y sostenible a largo plazo, que busca eliminar el concepto de "basura" y tratar los residuos como recursos. |
El Verdadero Camino: Profundizar la Estrategia de Basura Cero
La excusa para impulsar la incineración es el supuesto fracaso de la Ley de Basura Cero. Sin embargo, como bien señalan desde Greenpeace, no es la ley la que fracasó, sino los gobiernos que fallaron en su implementación. La solución real no es buscar atajos peligrosos, sino comprometerse de verdad con una gestión de residuos moderna y sostenible.
Una política de Basura Cero efectiva se basa en una jerarquía clara:
- Reducir: El mejor residuo es el que no se genera. Esto implica políticas que promuevan envases retornables, la venta a granel y la eliminación de plásticos de un solo uso.
- Reutilizar: Fomentar la reparación y el segundo uso de productos para extender su vida útil.
- Reciclar: Implementar sistemas de recolección diferenciada eficientes, con plantas de clasificación y apoyo a la industria del reciclaje.
- Compostar: Gestionar los residuos orgánicos (que representan casi el 50% de la bolsa de basura) a nivel domiciliario y municipal para convertirlos en abono.
Solo lo que no se puede gestionar de ninguna de estas maneras debería terminar en un relleno sanitario moderno y controlado, minimizando su volumen al máximo. Este es el camino que siguen las ciudades más avanzadas del mundo y el que Argentina debe tomar con seriedad.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué es exactamente el Fallo Mendoza?
Es una sentencia histórica de la Corte Suprema de Justicia de Argentina de 2008 que condenó a los gobiernos Nacional, Provincial (Buenos Aires) y de la Ciudad de Buenos Aires a implementar un plan de saneamiento para recomponer el ambiente en la Cuenca Matanza-Riachuelo.
¿Por qué la incineración es tan peligrosa para la salud?
Porque la combustión de residuos, especialmente plásticos y otros materiales complejos, libera al aire compuestos químicos altamente tóxicos como dioxinas, furanos y metales pesados. Estas sustancias están asociadas a un mayor riesgo de cáncer, problemas hormonales, respiratorios y neurológicos, afectando principalmente a niños y poblaciones vulnerables.
Si no se incinera, ¿qué otra opción hay para la enorme cantidad de basura que se genera?
La alternativa es una Gestión Social e Integral de Residuos Sólidos Urbanos, basada en el principio de Basura Cero. Esto implica una fuerte inversión en programas de separación en origen, recolección diferenciada, reciclaje, y compostaje, para reducir drásticamente la cantidad de residuos que se envían a disposición final.
¿Se ha cumplido algo del plan de saneamiento del Riachuelo?
Se han realizado algunas obras, como la construcción de colectores cloacales y plantas de tratamiento, pero el avance es extremadamente lento y desarticulado. Los controles sobre la contaminación industrial siguen siendo débiles y el impacto real en la mejora de la calidad del agua y la salud de la población es, hasta ahora, muy limitado.
En conclusión, la solución para la contaminación del Riachuelo no pasa por añadir más contaminación a través de la incineración. Pasa por cumplir de una vez por todas con el Fallo Mendoza, por fortalecer los controles sobre las industrias y, fundamentalmente, por adoptar un compromiso real con una política de Basura Cero. El saneamiento de la cuenca debe ser una política de estado que ponga en el centro la salud de sus habitantes y la integridad del ecosistema, no los intereses de negocios cortoplacistas y peligrosos.
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