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Epecuén: La ciudad que resurgió del agua

30/12/2006

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En el corazón de la provincia de Buenos Aires, existió un pueblo próspero y lleno de vida, un balneario turístico cuyas aguas prometían alivio y sanación. Villa Epecuén era conocida como la joya del suroeste bonaerense, un destino donde miles de personas acudían cada verano para sumergirse en su famosa laguna, con una salinidad diez veces superior a la del océano y comparable únicamente con el Mar Muerto. Sin embargo, el 10 de noviembre de 1985, la naturaleza reclamó lo que era suyo. Una combinación de lluvias torrenciales y una obra de ingeniería inconclusa desataron una catástrofe que borraría al pueblo del mapa, sumergiéndolo bajo un manto de agua salada durante más de una década. Esta es la crónica de su caída y su fantasmagórico renacer.

¿Qué le pasó al hombre cuando llegó el agua?
Mientras recordaba el momento de la llegada del agua, al hombre le empezó a correr un frío por el cuerpo que no lo dejó seguir.
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Un Paraíso de Aguas Curativas

Antes de la tragedia, Epecuén era sinónimo de salud y bienestar. Desde principios del siglo XX, el rumor sobre las propiedades curativas de su laguna se extendió por todo el país. Los visitantes llegaban con dolencias reumáticas, problemas de piel y otras afecciones, y regresaban a sus hogares contando historias de alivio milagroso. Esta fama fue confirmada científicamente en 1909, cuando un estudio detalló la altísima concentración de minerales en sus aguas. El informe concluyó que la laguna era hipermarina y poseía capacidades terapéuticas reales.

Este descubrimiento catapultó a Epecuén al estrellato turístico. Se construyeron hoteles, balnearios y residencias. En su apogeo, durante la década de 1970, la villa contaba con más de 250 establecimientos hoteleros, ofreciendo 5.000 plazas estables y recibiendo a 25.000 turistas cada verano. Su población estable era de unos 1.500 habitantes que vivían del turismo, creando una comunidad vibrante y próspera. Entre sus joyas arquitectónicas destacaba el edificio de “El Matadero”, una imponente obra del arquitecto Francisco Salamone, conocido por su estilo monumental que marcó a muchos pueblos de la pampa.

La Crónica de una Tragedia Anunciada

El desastre no fue un evento súbito e impredecible. Durante años, la región atravesaba un ciclo húmedo que aumentaba el nivel de todas las lagunas del sistema de Las Encadenadas, del cual Epecuén es la última y la más baja. Para proteger al pueblo, en 1977 se comenzó a construir un terraplén de tierra. Sin embargo, esta obra de defensa nunca se completó adecuadamente. A esto se sumó el impacto del Canal Ameghino, una obra hidráulica diseñada para combatir sequías, pero que en un ciclo de lluvias contribuía a un exceso de caudal.

La tarde del 10 de noviembre de 1985 comenzó calurosa y soleada, pero por la noche se desató una lluvia torrencial. El agua comenzó a presionar el ya debilitado terraplén. Primero fue una pequeña filtración, un hilo de agua que los bomberos y vecinos intentaron contener con bolsas de arena. Pero la presión era inmensa. Miguel Ángel ‘Lito’ Sottovia, fundador de los Bomberos Voluntarios, recuerda el momento con escalofríos: “Estábamos trabajando y en eso vemos que viene una camioneta del lado de Epecuén y era el delegado que nos dice ‘vayan rápido que se reventó el terraplén’”. En ese instante, la lucha se perdió. El muro de contención cedió y el agua comenzó a avanzar implacablemente sobre el pueblo. La inundación era inevitable.

El Éxodo: Quince Días para Dejarlo Todo

Lo que siguió fue un éxodo lento y doloroso. Durante 15 días, los 1.500 habitantes de Epecuén fueron evacuados. Afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas fatales, pero la pérdida material y emocional fue total. Las familias tuvieron que abandonar sus hogares, sus negocios y sus recuerdos, llevándose solo lo que podían cargar. El agua subía centímetro a centímetro, día tras día, devorando calles, plazas y edificios.

Uno de los episodios más traumáticos y macabros ocurrió cuando el agua alcanzó el cementerio. La fuerza del agua comenzó a sacar los ataúdes de sus nichos, haciéndolos flotar a la deriva por el pueblo inundado. Los bomberos tuvieron que realizar una tarea desgarradora: navegar en gomones entre las tumbas anegadas para rescatar los féretros, uno por uno, y trasladarlos al cementerio de la vecina ciudad de Carhué, a donde la mayoría de los exiliados de Epecuén se reasentaron para intentar reconstruir sus vidas.

Mirta Stoessel, quien tenía un hotel en el pueblo, expresó el dolor colectivo años después: “No sólo se perdieron las amistades y las propiedades sino también el trabajo. Hay mucha gente que no falleció en la inundación pero sí después por el tema de la tristeza y por la impotencia de haber perdido todo, salías con una mano atrás y otra adelante”.

Las Profundidades y el Lento Resurgir

Durante los siguientes años, Epecuén continuó hundiéndose. El nivel del agua alcanzó su pico máximo dos años después de la inundación inicial, llegando a cubrir el pueblo con hasta diez metros de agua salada. La próspera villa turística se había convertido en una Atlántida sumergida, un lago silencioso donde antes había vida. Por más de una década, Epecuén permaneció oculta bajo la superficie.

¿Qué es el botulismo transmitido por el agua?
El botulismo transmitido por el agua se produce al ingerir la toxina. Aunque las medidas habituales en el tratamiento del agua destruyen las toxinas, por lo tanto el riesgo es bajo.

A mediados de la década de 1990, un nuevo cambio en el ciclo climático, esta vez hacia uno más seco, provocó que las aguas comenzaran a retroceder lentamente. Con cada centímetro que bajaba el nivel, un paisaje apocalíptico emergía. Árboles muertos, blancos y esqueléticos por la sal. Edificios en ruinas, con las paredes corroídas y los hierros oxidados a la vista. Coches y muebles atrapados en el barro salino. Epecuén resurgía, pero transformada en un pueblo fantasma, un testimonio mudo de la fuerza de la naturaleza. Este escenario desolador y único comenzó a atraer un nuevo tipo de visitante: fotógrafos, cineastas y curiosos fascinados por su belleza postapocalíptica.

Tabla Comparativa: Epecuén Antes y Después

CaracterísticaEpecuén (Antes de 1985)Epecuén (Actualidad)
Población1.500 habitantes estables1 habitante (Pablo Novak)
Actividad PrincipalTurismo de salud y recreativoTurismo histórico y de ruinas
PaisajeBalneario próspero con hoteles y arboledasRuinas blancas corroídas por la sal y árboles muertos
AtmósferaVibrante, bulliciosa, familiarSilenciosa, melancólica, sobrecogedora

Pablo Novak: El Último Habitante

En medio de la desolación, una historia de increíble resiliencia se destaca: la de Pablo Novak. Nacido en Epecuén en 1930, Pablo vivió la evacuación como todos los demás, pero a diferencia del resto, cuando las aguas retrocedieron lo suficiente, él regresó. Se instaló en una modesta casa en el borde de las ruinas y se convirtió en el único y último habitante del pueblo.

A sus más de 90 años, Pablo se ha convertido en una leyenda viviente, el guardián de la memoria de Epecuén. Camina a diario por las calles que lo vieron crecer, recordando quién vivía en cada casa en ruinas. “Nací acá el 25 de enero de 1930 y con mis 12 hermanos hicimos toda nuestra juventud en este pueblo”, recuerda con una claridad asombrosa. Su vida es sencilla: se levanta con el canto de los pájaros, escucha una radio a pilas, lee los diarios que le traen sus hijos y cocina sus propios guisos. Su secreto para la longevidad, según cuenta, es un mate especial que toma en invierno: miel derretida con un chorrito de caña “para templar el espíritu”.

Pablo Novak es hoy el Embajador Cultural y Turístico de Epecuén. Los visitantes que llegan a las ruinas a menudo preguntan por él, ansiosos por conocer al hombre que se negó a dejar morir a su pueblo. Él personifica la conexión inquebrantable entre una persona y su lugar en el mundo, un faro de vida en un mar de silencio y sal.

Preguntas Frecuentes sobre la Tragedia de Epecuén

¿Por qué se inundó exactamente Epecuén?

La inundación fue el resultado de una combinación de factores: un ciclo climático de lluvias intensas que elevó el nivel de las lagunas, la construcción de un terraplén de defensa que nunca se terminó correctamente y la influencia del Canal Ameghino, que aportaba un caudal de agua excesivo al sistema.

¿Murieron personas en la inundación?

No. A pesar de la magnitud del desastre y la pérdida total de bienes materiales, no hubo víctimas fatales. Toda la población de aproximadamente 1.500 personas fue evacuada en un operativo que duró unos 15 días.

¿Por qué son tan saladas las aguas del Lago Epecuén?

El lago es el final de un sistema de cuencas sin salida al mar. El agua llega con minerales disueltos y, al evaporarse, la concentración de sales y minerales aumenta progresivamente. Su composición es tan alta que se la compara con el Mar Muerto, y se le atribuyen propiedades curativas para la piel y el reumatismo.

¿Se puede visitar Epecuén hoy en día?

Sí, las ruinas de Villa Epecuén son un importante atractivo turístico. Se puede recorrer el trazado de sus antiguas calles y ver los restos de los hoteles, la iglesia y las casas. Es una experiencia sobrecogedora que atrae a miles de visitantes cada año.

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