26/10/2018
En las afueras de San Miguel de Tucumán yace una herida abierta en la tierra y en la historia argentina: el Pozo de Vargas. Lo que alguna vez fue una fuente de agua para los ferrocarriles se transformó, bajo la sombra del terrorismo de Estado, en la fosa común más grande descubierta hasta la fecha de la última dictadura cívico-militar. Durante décadas, fue un secreto a voces, un susurro entre testigos aterrados. Hoy, gracias a la incansable lucha de familiares, organismos de derechos humanos y la dedicación de la ciencia, este pozo ha comenzado a hablar, a devolver nombres, a reconstruir historias y a exigir justicia. La señalización de este lugar no es un mero acto simbólico; es un pilar fundamental en la construcción de la memoria colectiva, un faro que ilumina uno de los capítulos más oscuros de nuestro pasado para que nunca más se repita.

El Origen del Horror: De Pozo de Agua a Tumba Clandestina
Ubicado estratégicamente entre la capital tucumana y la ciudad de Tafí Viejo, el Pozo de Vargas tenía una función industrial. Era un pozo de agua de mampostería, de unos tres metros de diámetro, construido para abastecer a las locomotoras a vapor que transitaban por la zona. Con el tiempo y la modernización, cayó en desuso. Este abandono lo convirtió en el lugar perfecto para los perpetradores del genocidio que asoló Argentina a partir de 1975. Su profundidad y su ubicación en una finca privada, lejos de miradas curiosas, ofrecían el anonimato y la impunidad que los represores buscaban para deshacerse de los cuerpos de cientos de personas secuestradas, torturadas y asesinadas en centros clandestinos de detención. Los testimonios de vecinos hablaban de camiones que llegaban en la oscuridad de la noche, de apagones inexplicables y de ruidos que helaban la sangre, pero el miedo imponía el silencio.
La Larga y Ardua Búsqueda de la Verdad
El camino para desenterrar la verdad del Pozo de Vargas fue largo y lleno de obstáculos. No comenzó con una orden judicial, sino con la valentía de un puñado de testigos como Pedro Mercado, Juan Carlos Díaz y Santos Molina. Sus relatos, transmitidos con cautela, fueron la semilla de la investigación. A principios del año 2002, impulsados por estos testimonios, familiares de víctimas y organismos de derechos humanos, junto a estudiantes y docentes de la Carrera de Arqueología de la Universidad Nacional de Tucumán, comenzaron a organizarse. Presentaron una denuncia formal y obtuvieron una orden de inspección.
Los primeros pasos fueron desalentadores. El dueño de la finca intentó despistarlos, señalando un lugar incorrecto. Fue un vecino quien, discretamente, ayudó a localizar la verdadera ubicación del pozo, oculta bajo la maleza. Los trabajos iniciales, realizados de forma artesanal con "cuchara y cepillo", no arrojaron resultados inmediatos. Tras dos años de excavación sin hallazgos concluyentes, la justicia comenzó a impacientarse. Fue entonces cuando el equipo de peritos, en un giro estratégico, decidió emplear una técnica de la geología: una clapeta, un tubo metálico hueco que extrajo muestras del terreno por capas. En una de esas muestras, diminutos fragmentos óseos aparecieron. El análisis confirmó lo que se temía y se esperaba: eran humanos. El pozo había comenzado a hablar.
La Ciencia al Servicio de la Memoria: Cifras que Duelen
El descubrimiento inicial dio un nuevo impulso a la causa. El trabajo del Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT) y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) ha sido monumental. A lo largo de casi veinte años, han descendido 33 metros en las profundidades de la tierra y del horror. La mayor concentración de restos humanos se encontró entre los 28 y 33 metros, revelando la macabra metodología de los represores.
Los números son abrumadores y dan cuenta de la magnitud de la masacre. Cada cifra representa una vida arrebatada, una familia destrozada y una historia interrumpida.
| Concepto | Cifra Aproximada |
|---|---|
| Profundidad de excavación actual | 33 metros |
| Segmentos óseos recuperados | Más de 37,000 |
| Perfiles genéticos únicos obtenidos | 148 |
| Personas identificadas hasta la fecha | 117 |
| Perfiles genéticos sin identificar | Aproximadamente 31 |
Detrás de estos números hay nombres e historias. La primera identidad restituida fue la del ex legislador Guillermo Vargas Aignasse en 2011. La más reciente, la de Ana María Rodríguez Belmonte, una joven estudiante de 19 años. Las víctimas provenían de Tucumán, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Catamarca, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, evidenciando la coordinación del plan represivo a nivel nacional. Junto a los restos humanos, se encontraron ropas, calzados y proyectiles, elementos que ayudan a reconstruir los últimos momentos de las víctimas y sirven como prueba irrefutable en los juicios por crímenes de lesa humanidad.
Desafíos Actuales y la Importancia de no Detenerse
A pesar de los logros, la tarea no ha concluido. Se estima que faltan entre 6 y 8 metros para llegar al fondo del pozo. Sin embargo, el trabajo se encuentra actualmente paralizado. La razón es tan dolorosa como indignante: la falta de pago a los arqueólogos y ayudantes, una deuda que se acumulaba por más de dos años por parte del Poder Judicial. Aunque la situación parece estar en vías de solucionarse, este parate ha puesto en riesgo la continuidad de una investigación crucial para cientos de familias que aún esperan una respuesta.
Además de los desafíos burocráticos y económicos, existen retos técnicos significativos. A 33 metros de profundidad, el terreno está anegado. Para continuar, se requiere un complejo sistema de bombas de extracción de agua, maquinaria para medir gases tóxicos, máscaras de respiración y equipamiento especial de seguridad. La interrupción del trabajo no solo retrasa la búsqueda, sino que también pone en peligro la conservación del sitio y de las pruebas que aún contiene.
Señalizar para Recordar: Memoria, Verdad y Justicia
Entonces, ¿por qué es tan importante la señalización del Pozo de Vargas? Porque transforma un lugar de horror en un espacio de memoria. El cartel instalado en 2015, que lo declara como "Sitio de Memoria", es mucho más que una simple placa. Es un acto de reconocimiento por parte del Estado de los crímenes que allí se cometieron. Es un mensaje contundente contra el negacionismo y el olvido.
Señalizar significa:
- Honrar a las víctimas: Saca a los desaparecidos de la categoría de un número anónimo y les devuelve su historia, su militancia y su humanidad.
- Educar a las futuras generaciones: Convierte el lugar en un aula a cielo abierto, un testimonio material del pasado que previene la repetición de la historia.
- Respaldar la lucha por la justicia: Cada identificación, cada prueba extraída del pozo, es una herramienta fundamental en los juicios que buscan condenar a los responsables. El Pozo de Vargas es una prueba judicial en sí misma.
- Reparar a las familias: Aunque el dolor es irreparable, saber dónde están los restos de un ser querido y poder darles una sepultura digna es un paso fundamental en un duelo que lleva más de 40 años.
El Pozo de Vargas es un símbolo de la lucha incansable por los derechos humanos en Argentina. Cada hueso recuperado es una victoria contra el olvido. Cada identidad restituida es un acto de justicia. Continuar con las excavaciones hasta el final no es solo una obligación científica o judicial, es un imperativo moral con nuestro pasado y un compromiso ineludible con el futuro.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es exactamente el Pozo de Vargas?
Es un antiguo pozo de agua ubicado en Tucumán, Argentina, que fue utilizado durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983) como una fosa común para arrojar los cuerpos de personas detenidas-desaparecidas. Es el más grande de su tipo encontrado hasta ahora en el país.
¿Cuántas víctimas se han identificado?
Hasta la fecha, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense ha logrado identificar a 117 personas de las 148 perfiles genéticos distintos que se han recuperado del pozo. La búsqueda continúa para identificar a los restantes y para encontrar más restos en los metros que faltan excavar.
¿Por qué se detuvieron las excavaciones?
Las tareas de excavación se vieron paralizadas principalmente por la falta de pago a los arqueólogos y personal técnico por parte del Poder Judicial, una deuda que se extendió por más de dos años. Además, existen desafíos técnicos como la presencia de agua en el fondo del pozo que requiere equipamiento especializado.
¿Qué significa que sea un "Sitio de Memoria"?
Significa que el Estado argentino reconoce oficialmente que en ese lugar se cometieron crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado. Su señalización busca preservar el lugar, honrar a las víctimas, promover la memoria colectiva y servir como herramienta educativa para que estos hechos no se repitan.
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