10/05/2020
Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, muchos habitantes de las grandes ciudades del mundo observaron un fenómeno casi inédito: cielos más azules, aire más limpio y una sensación general de pureza ambiental. Buenos Aires no fue la excepción. La drástica reducción de la movilidad producto del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) nos brindó una postal efímera de cómo podría ser nuestra ciudad con menos contaminación. Sin embargo, este respiro fue tan breve como intenso. Un revelador estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) ha puesto en cifras lo que muchos ya sospechaban: en cuanto los vehículos volvieron a las calles, la contaminación atmosférica regresó a sus niveles habituales, demostrando la fragilidad de esa mejora ambiental y la dependencia directa de la calidad de nuestro aire con el tránsito vehicular.

El Espejismo de un Cielo Limpio: Un Experimento Involuntario
El investigador Leonardo Serio, de la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas de la FAUBA, se propuso analizar de manera científica este fenómeno. Su estudio comparó la calidad del aire en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) durante el período del 1 de marzo al 31 de mayo de 2020 con el mismo lapso del año 2019. Los resultados, difundidos por el servicio de divulgación de la facultad, son contundentes y dibujan una curva clara de caída y posterior ascenso de la polución.
Para llevar a cabo su análisis, Serio se centró en tres contaminantes clave, cuya presencia en altas concentraciones es perjudicial para la salud humana y el medio ambiente:
- Monóxido de Carbono (CO): Un gas tóxico producto de la combustión incompleta, principalmente de los motores de los vehículos.
- Óxidos de Nitrógeno (NOx): Un grupo de gases que se forman durante la combustión a altas temperaturas, también asociados al tráfico y a procesos industriales.
- Material Particulado (PM10): Pequeñas partículas sólidas o líquidas de polvo, cenizas, hollín, cemento, polen, etc., con un diámetro inferior a 10 micrones, capaces de penetrar en las vías respiratorias.
Los datos no dejaron lugar a dudas. Durante los primeros diez días de la cuarentena estricta, a finales de marzo, y a lo largo de todo el mes de abril, se registró una caída espectacular en la concentración de estos contaminantes. La disminución fue del 70% en los óxidos de nitrógeno, del 30% en el monóxido de carbono y del 40% en el material particulado. El cielo porteño, literalmente, se limpió.
El Regreso a la "Normalidad" Contaminada
Lamentablemente, como advierte el estudio, "poco duró aquel azul profundo en el cielo". El fenómeno de aire limpio tuvo fecha de vencimiento. A partir de mediados de mayo de 2020, con la flexibilización de ciertas actividades y el consecuente aumento del tránsito, los sensores comenzaron a registrar un repunte. Las concentraciones de los tres contaminantes analizados volvieron progresivamente a los valores "normales" previos a la cuarentena. La conclusión de Serio es directa y sin rodeos: el aumento de la circulación de vehículos en la ciudad fue el factor determinante para que la contaminación regresara.

Este evento funcionó como un experimento a gran escala y en tiempo real, demostrando la correlación directa entre la quema de combustibles fósiles para el transporte y la calidad del aire que respiramos. La mejora no fue producto de una política ambiental sostenida, sino de una situación excepcional y temporal. Esto nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de implementar cambios estructurales en nuestra forma de movernos por la ciudad si queremos que esos cielos limpios dejen de ser un mero recuerdo de la pandemia.
Tabla Comparativa: Reducción de Contaminantes en CABA
Para visualizar mejor el impacto de la cuarentena, la siguiente tabla resume la máxima reducción porcentual observada en cada contaminante durante el período de estudio (finales de marzo y abril de 2020) en comparación con los niveles pre-pandemia.
| Contaminante | Reducción Máxima Observada | Principal Fuente en la Ciudad |
|---|---|---|
| Óxidos de Nitrógeno (NOx) | 70% | Tráfico vehicular (motores diésel y nafta) |
| Material Particulado (PM10) | 40% | Tráfico, construcciones, industrias |
| Monóxido de Carbono (CO) | 30% | Tráfico vehicular (motores nafta) |
Buenos Aires en el Contexto Latinoamericano
A pesar de este panorama, el estudio también ofrece una perspectiva comparativa. Según Leonardo Serio, el nivel de contaminación del aire en Buenos Aires es considerablemente más bajo que en otras megaciudades de América Latina como Ciudad de México o San Pablo. Esto se debe, en gran parte, a su ubicación geográfica privilegiada. Al ser una ciudad portuaria en una llanura extensa y con la influencia del Río de la Plata, Buenos Aires cuenta con una mejor circulación de vientos que ayudan a dispersar los contaminantes y a "limpiar" el aire de forma natural.
Otras ciudades, como Santiago de Chile o Bogotá, no corren con la misma suerte. A pesar de ser más pequeñas en extensión, sufren graves problemas de polución debido a su geografía. Estar situadas en valles o rodeadas de montañas dificulta la dispersión de los contaminantes, creando un efecto de "olla" donde la polución queda atrapada. En este contexto, "el aire de CABA está bastante bien", señala el especialista.

El Desafío Pendiente: Medir para Gestionar
Que la situación sea comparativamente mejor no significa que no haya desafíos importantes. De hecho, el estudio de la FAUBA pone sobre la mesa una crítica fundamental al sistema de monitoreo de la ciudad. Actualmente, el Gobierno porteño cuenta con cuatro estaciones automáticas de medición (ubicadas en Caballito, San Nicolás, La Boca y Villa Soldati), que siguen estándares internacionales.
Sin embargo, el especialista considera que esta red es insuficiente. La comparación vuelve a ser elocuente: Santiago de Chile y Bogotá cuentan con 13 estaciones cada una, mientras que Ciudad de México supera las 20. Una red más densa permitiría tener un mapa mucho más preciso y detallado de la calidad del aire en los distintos barrios.
Pero el problema no es solo de cantidad. El punto más alarmante es la calidad y el tipo de datos que se publican. Según Serio, en CABA no existen registros oficiales públicos de mediciones de PM2.5 (material particulado menor a 2,5 micrones), que es considerado por la comunidad científica como el más perjudicial para la salud, ya que por su diminuto tamaño puede penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo. Tampoco se publican datos de ozono troposférico (un contaminante secundario muy irritante) ni de dióxido de azufre. Sin una medición completa y transparente, es imposible diseñar políticas públicas efectivas para proteger la salud de la población.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué mejoró la calidad del aire durante la cuarentena?
La mejora se debió casi exclusivamente a la drástica reducción del tránsito vehicular. Los autos, colectivos y camiones son la principal fuente de óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y material particulado en la ciudad. Al haber menos vehículos circulando, las emisiones cayeron en picada.

¿El aire de Buenos Aires es limpio?
En comparación con otras grandes capitales latinoamericanas como Santiago o Ciudad de México, el aire de Buenos Aires es relativamente más limpio gracias a su geografía que favorece la dispersión de contaminantes. Sin embargo, sigue teniendo niveles de polución asociados al tráfico que son perjudiciales para la salud y que volvieron a la normalidad tras la cuarentena.
¿Por qué es importante medir el PM2.5?
El material particulado PM2.5 es el contaminante más peligroso para la salud humana. Su tamaño microscópico le permite evadir las defensas naturales del sistema respiratorio y alojarse en lo profundo de los pulmones, causando enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otros problemas de salud a largo plazo. La ausencia de su medición oficial es un punto ciego crítico para la gestión ambiental de la ciudad.
¿Qué se puede hacer para mantener el aire más limpio?
El experimento de la cuarentena demostró que la clave está en la movilidad. Fomentar el transporte público de bajas emisiones, construir más ciclovías seguras, incentivar el uso de vehículos eléctricos y planificar una ciudad donde las personas no necesiten hacer largos traslados en auto son algunas de las estrategias fundamentales para lograr una mejora sostenible en la calidad del aire.
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