19/10/2008
La historia de la contaminación radiactiva en México tiene un capítulo oscuro y prolongado que se remonta a la década de los ochenta. Lo que comenzó con el desmantelamiento irresponsable de un equipo médico en Chihuahua, se convirtió en una crisis de salud pública y ambiental de proporciones masivas. Miles de toneladas de varilla para construcción, contaminadas con Cobalto-60, fueron distribuidas por gran parte del territorio nacional, dejando una estela de enfermedad, miedo y una lucha comunitaria que continúa hasta nuestros días. Este es el relato de un desastre silencioso, cuyas consecuencias se almacenan hoy en un polémico cementerio de desechos radiactivos que amenaza la salud de miles de habitantes en el centro del país.

El Origen del Desastre: Una Chatarra Mortal
Todo comenzó en diciembre de 1983. En el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juarez, Chihuahua, un trabajador de mantenimiento llamado Vicente Sotelo Alardín recibió la orden de limpiar una bodega. Dentro, se encontraba una vieja unidad de radioterapia que la clínica había adquirido de una empresa en Estados Unidos. Sotelo, desconociendo por completo la naturaleza del equipo, lo desmanteló. Al hacerlo, perforó la cápsula que contenía el Cobalto-60, liberando más de 6,000 diminutas y peligrosas partículas del isótopo radiactivo.
Atraído por el peso del cabezal de la máquina (unos 100 kilos), Sotelo decidió venderlo como chatarra. El material fue a parar a la camioneta de Vicente y, posteriormente, a la fundidora Aceros de Chihuahua (ACHISA). Nadie sabía que estaban manejando una fuente de radiación letal. En la fundidora, el metal contaminado se fundió junto con otros metales para fabricar varillas de construcción y bases metálicas para mesas. El veneno radiactivo, ahora invisible e integrado en materiales de uso diario, estaba listo para dispersarse.
La Dispersión Silenciosa y el Descubrimiento
Las varillas fabricadas por ACHISA fueron distribuidas a lo largo de 16 estados de la República Mexicana, desde Baja California hasta Morelos. Se estima que miles de toneladas de este material contaminado se utilizaron en la construcción de viviendas, edificios y otras infraestructuras. La contaminación no se detuvo en la frontera; parte del material fue exportado a Estados Unidos, donde se detectó por primera vez la anomalía.
La alarma sonó en enero de 1984, cuando un camión que transportaba varillas activó accidentalmente los detectores de radiación del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. A partir de ese momento, se desató una búsqueda frenética para localizar la fuente de la contaminación. Helicópteros equipados con detectores especiales sobrevolaron Ciudad Juárez, encontrando gránulos de Cobalto-60 esparcidos por la ciudad, especialmente en los lugares donde la camioneta de Vicente Sotelo había estado estacionada.
La respuesta oficial fue masiva, pero incompleta. Se inició un programa para recuperar la mayor cantidad posible de varilla contaminada. Sin embargo, la tarea era titánica. ¿Cómo saber qué casa o edificio se había construido con el material maldito? Se estima que al menos 10,000 toneladas de varilla contaminada nunca fueron recuperadas, permaneciendo hasta hoy como parte de la infraestructura donde viven y trabajan miles de mexicanos.

Maquixco: El Cementerio Nuclear Cuestionado
El material recuperado necesitaba un destino final. En diciembre de 1984, los desechos fueron transportados al Estado de México, específicamente al Centro de Almacenamiento de Desechos Radiactivos (Cader), ubicado en Santa María Maquixco, municipio de Temascalapa. Este centro, operativo desde 1970, se convirtió en el depositario de la tragedia de Chihuahua.
La elección del Cader ha sido objeto de una intensa y amarga controversia. La razón principal es su ubicación: el centro se encuentra sobre el acuífero Cuautitlán-Pachuca, uno de los siete mantos acuíferos que abastecen de agua a la densamente poblada Cuenca del Valle de México, incluyendo 34 municipios del Estado de México y 13 de Hidalgo. Los estudios realizados por la propia Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardas determinaron que el sitio no es idóneo para el almacenamiento definitivo de desechos radiactivos, debido al riesgo de contaminación del agua y al crecimiento urbano en sus alrededores.
A pesar de estas advertencias y de una orden de la Cámara de Diputados en 1998 para retirar los desechos, la licencia del Cader ha sido renovada continuamente, convirtiendo lo que debía ser un almacenamiento "temporal" en una amenaza permanente para la región.
La Lucha de una Comunidad: Voces contra la Radiactividad
Los habitantes de Temascalapa y municipios aledaños no se quedaron de brazos cruzados. Liderados por activistas como Juan Antonio Medina Austria, de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, han denunciado durante décadas las terribles consecuencias de vivir junto a un cementerio nuclear.
Los testimonios son desgarradores. Se reporta una incidencia alarmantemente alta de cáncer, leucemia infantil y malformaciones congénitas. Los campesinos y ejidatarios de la zona, que en los años 70 fueron engañados con la promesa de una fábrica que traería empleo, hoy luchan por la salud de sus hijos y el cierre definitivo del Cader. Su lucha los ha llevado a presentar quejas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) e incluso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), denunciando la negligencia del Estado mexicano.
Las protestas han sido respondidas con represión. Bloqueos de carreteras para impedir la llegada de más material radiactivo han sido disueltos por fuerzas de seguridad, y los líderes comunitarios han enfrentado encarcelamiento y amenazas. A pesar de todo, su demanda es clara: que se realicen estudios exhaustivos de tierra, agua y aire para conocer el grado real de contaminación y que se cumpla la promesa de reubicar los desechos a un lugar seguro.

Tabla Comparativa del Incidente
| Aspecto | Detalle del Evento |
|---|---|
| Origen del Incidente | Desmantelamiento de equipo de radioterapia con Cobalto-60 en Ciudad Juárez, Chihuahua (1983). |
| Material Contaminado | Varillas de acero para construcción y bases metálicas. |
| Dispersión Geográfica | Detectado en 16 estados de México y exportado a Estados Unidos. |
| Cantidad no Recuperada | Se estima en al menos 10,000 toneladas. |
| Destino de los Desechos | Centro de Almacenamiento de Desechos Radiactivos (Cader) en Temascalapa, Estado de México. |
| Principal Controversia | Ubicación del Cader sobre un manto acuífero vital para el Valle de México. |
| Consecuencias de Salud | Reportes de aumento de casos de cáncer, leucemia y malformaciones en la población cercana al Cader. |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué es el Cobalto-60 y por qué es tan peligroso?
El Cobalto-60 es un isótopo radiactivo sintético que emite rayos gamma de alta energía. Se utiliza en medicina para radioterapia y en la industria para esterilización. La exposición a este material puede dañar las células del cuerpo, provocar quemaduras por radiación, aumentar significativamente el riesgo de cáncer y, en dosis altas, ser letal.
¿Cómo se originó la contaminación de las varillas en México?
Se originó en 1983 cuando un trabajador desmanteló una unidad de radioterapia en Chihuahua sin saber que contenía Cobalto-60. Vendió las piezas como chatarra a una fundidora, donde el material radiactivo se mezcló con el acero con el que se fabricaron miles de toneladas de varilla.
¿Qué es el Cader y por qué es controversial?
El Cader es el Centro de Almacenamiento de Desechos Radiactivos de México, ubicado en Temascalapa. Es controversial porque se encuentra sobre un acuífero crucial para el suministro de agua de millones de personas y estudios oficiales han determinado que no es un sitio adecuado para el confinamiento definitivo de este tipo de materiales.
¿Se recuperó todo el material contaminado?
No. Aunque se realizó un gran esfuerzo de recuperación, los informes indican que al menos 10,000 toneladas de varilla contaminada nunca fueron localizadas y probablemente forman parte de construcciones a lo largo del país.
¿Qué consecuencias ha tenido este incidente para la salud de la población?
Para la población cercana al Cader, las consecuencias denunciadas son graves: un aumento en enfermedades como cáncer y leucemia, especialmente en niños, así como casos de malformaciones congénitas. Es una herida abierta que exige justicia ambiental y sanitaria.
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