03/09/2006
En el corazón del Chaco Salteño, en la vasta y árida región de Santa Victoria Este, la vida transcurre al ritmo que marca la naturaleza. Para las comunidades indígenas que habitan estas 400.000 hectáreas, el recurso más preciado, el agua, es también el más esquivo. La dispersión de los asentamientos y las tradiciones nómadas han dificultado históricamente la construcción de infraestructuras hídricas convencionales, dejando a miles de personas en una situación de vulnerabilidad extrema. El agua subterránea, cuando se encuentra, a menudo presenta altos niveles de salinidad, haciéndola no apta para el consumo humano ni para el ganado, pilar de su subsistencia. Esta es la crónica de una lucha histórica y de una solución innovadora que está cambiando vidas, gota a gota.

El Clima, un Adversario Implacable
El cambio climático no es un concepto abstracto en esta región de Salta; es una realidad palpable y brutal. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes e intensos. Las sequías se prolongan, el suelo se resquebraja y la vegetación desaparece. Las temperaturas en la temporada seca pueden superar los 50°C, convirtiendo la búsqueda de agua en una tarea hercúlea y peligrosa. Tatiana Pereira, presidenta de la Cooperativa Indígena Chowhay, lo resume con crudeza: “En época de sequía, se vuelve muy escasa el agua, el suelo no produce vegetación, y se torna muy difícil el acceso a agua para el consumo humano”.
Ante esta situación, las comunidades tenían dos opciones, ambas imperfectas. La primera, recurrir a fuentes naturales como las lagunas, cuya agua no es potable y cuyo acceso implica largas y peligrosas caminatas bajo un sol abrasador. Hacia finales de agosto, muchas de estas lagunas simplemente se secan. La segunda opción era depender de los camiones cisterna municipales. Sin embargo, esta solución logística también se ve gravemente afectada por las mismas condiciones climáticas que causan la escasez. Las lluvias torrenciales pueden volver intransitables los caminos de tierra, aislando a las comunidades más remotas, mientras que el calor extremo y las enormes distancias complican la regularidad y el alcance del servicio. Los camiones, a menudo, no pueden llegar a quienes más los necesitan.
Un Punto de Inflexión: La Lucha por un Derecho Básico
Durante décadas, la voz de estas comunidades resonó en un reclamo persistente. “Hace como 40 años que le reclamamos al Estado nacional para que reconozca nuestros derechos y nuestro territorio... [el acceso al agua] ha sido un tema muy preocupante, de muchos años”, afirma Ramón Pérez, representante de la asociación Lhaka Honhat. Un punto de inflexión llegó en 2020, cuando una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos impulsó un proceso de consulta y acción coordinada entre autoridades nacionales, locales y las propias comunidades indígenas.
De este esfuerzo conjunto nació un proyecto transformador. La Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), en colaboración con el Ministerio de Obras Públicas de Argentina y organizaciones locales, se propuso hacer realidad el acceso al agua potable para más de 350 personas en 12 comunidades de Santa Victoria Este. La solución no vendría de perforar pozos más profundos ni de trazar acueductos imposibles, sino de mirar al cielo: la construcción de 75 sistemas de recolección y almacenamiento de agua de lluvia.
Cosechando Lluvia: Una Solución Ingeniosa y Sostenible
La solución implementada es tan simple en su concepto como eficaz en su ejecución. Se trata de 75 cisternas de placa, estructuras robustas diseñadas para captar y almacenar el agua de lluvia. Cada cisterna tiene una capacidad de 16.000 litros, suficiente para abastecer a una familia con sus necesidades básicas durante los seis largos meses que puede durar la temporada de sequía, aumentando drásticamente su resiliencia.
Estos sistemas no solo almacenan agua, sino que garantizan su calidad. Están equipados con mecanismos de separación que filtran las primeras aguas de la lluvia, arrastrando partículas y sedimentos del techo, para asegurar que el agua recolectada sea segura para el consumo. El impacto en la vida diaria es inmenso. “Buscábamos agua en la represa, terminábamos el agua y volvíamos a la represa. Trabajábamos mucho, había una distancia de casi un km. Hoy día esto cambió”, explica con alivio Feliciano Jaime, cacique de la comunidad Pozo Bravo II.
Tabla Comparativa: Antes y Después de las Cisternas
| Característica | Situación Anterior | Solución con Cisternas |
|---|---|---|
| Fuente de Agua | Lagunas, pozos salinos, camiones cisterna esporádicos. | Agua de lluvia recolectada in situ. |
| Calidad del Agua | No potable, contaminada o con alta salinidad. | Agua segura y potable gracias a sistemas de filtrado. |
| Disponibilidad | Intermitente, dependiente del clima y la logística. | Constante durante 6 meses tras la temporada de lluvias. |
| Esfuerzo Requerido | Largas y peligrosas caminatas diarias. | Acceso inmediato en el propio hogar. |
| Resiliencia Climática | Muy baja, vulnerabilidad total a sequías. | Alta, reserva estratégica para la temporada seca. |
Más Allá del Agua: Un Proyecto con Alma Comunitaria
El éxito de este proyecto no reside únicamente en el hormigón de las cisternas, sino en el tejido social que se fortaleció para construirlas. La participación activa de las comunidades indígenas fue el pilar fundamental. “Con este proyecto logramos que cada comunidad decida dónde instalar cada obra para que se sientan tranquilas”, comenta Cristina Pérez, presidenta de la asociación indígena Lhaka Honhat. Esta apropiación del proyecto es clave para su sostenibilidad a largo plazo.
Se implementó un profundo enfoque de género, diversidad e inclusión. Celina Moreno Cordeu, trabajadora social de UNOPS, destaca: “Se trabajó con traductoras porque en las comunidades hay algunas personas que hablan español y otras que no, particularmente mujeres e infancias”. El uso de intérpretes de wichí y toba garantizó que todos, sin excepción, pudieran participar, recibir capacitación sobre el uso adecuado de las cisternas y promover buenas prácticas en la gestión del agua.

Efectos Colaterales Positivos: Sembrando un Futuro Próspero
Un proyecto de esta magnitud genera ondas expansivas de progreso. La construcción de las cisternas no solo trajo agua, sino también trabajo y nuevas habilidades. Miembros de la comunidad fueron capacitados como albañiles, creando una mano de obra local calificada. “He aprendido mucho de las cisternas y de ser albañil. La tierra que sobra la estoy usando para construir mi casa. Estoy haciendo mi ranchito”, cuenta con orgullo Alfonso Pérez, trabajador de la Cooperativa Indígena Chowhay.
El empoderamiento femenino es otro de los grandes logros. “Soy la primera mujer en formar parte del equipo constructivo. En nuestra zona es muy difícil conseguir trabajo formal”, asegura Tatiana Pereira. Esta oportunidad no solo genera ingresos, sino que rompe barreras y crea nuevos referentes.
Con la seguridad del agua, las ambiciones florecen. Familias que antes dedicaban horas a buscar agua ahora planean cultivar pequeñas huertas para mejorar su alimentación y generar ingresos. “Ahora estamos pensando en hacer la huerta con esta agua que vamos a tener para el riego”, comenta Rebeca Roldán, cacique de la comunidad Pozo El Algarrobo. El proyecto es un ejemplo perfecto de desarrollo sostenible: una solución que atiende una necesidad básica mientras genera capacidades locales, fomenta la equidad y respeta la cultura, construyendo un futuro donde la sed ya no dicte el ritmo de la vida.
Preguntas Frecuentes
- ¿Cuál era el principal problema del agua en Santa Victoria Este?
La escasez general, agravada por la alta salinidad del agua subterránea y la contaminación de fuentes superficiales. El cambio climático, con sequías y calor extremo, empeoraba la situación.
- ¿Cómo funcionan exactamente las cisternas de recolección de lluvia?
Capturan el agua que cae sobre los techos, la dirigen a través de un sistema que descarta las primeras aguas (más sucias) y luego la almacenan en un depósito cerrado de 16.000 litros, manteniéndola limpia y segura para el consumo.
- ¿Por qué los camiones cisterna no eran una solución suficiente?
Su eficacia estaba limitada por las enormes distancias, los caminos en mal estado (que empeoran con lluvias intensas) y la logística compleja, lo que impedía que llegaran de forma regular a las comunidades más aisladas.
- ¿Qué otros beneficios trajo el proyecto además del acceso al agua?
Generó empleo local, capacitó a la gente en oficios como la albañilería, empoderó a las mujeres, mejoró la seguridad alimentaria al posibilitar la creación de huertas y fortaleció la organización comunitaria.
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