20/08/2004
En millones de hogares argentinos, un peligro silencioso fluye directamente desde el grifo. No tiene color, olor ni sabor, pero su presencia crónica en el agua de consumo está sembrando enfermedades y un futuro incierto. Hablamos del arsénico, un elemento químico natural que, según una alarmante investigación de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), contamina el agua que consume el 70% de la población del país, exponiendo a cerca de 17 millones de personas a niveles que superan con creces las recomendaciones sanitarias internacionales. Esta es la crónica de una crisis ambiental y de salud pública que se extiende por la mitad del territorio nacional y que exige una respuesta urgente y coordinada.

Un Mapa para un Problema Invisible
Durante años, la verdadera dimensión de la contaminación por arsénico en Argentina fue un rompecabezas con piezas faltantes. Los datos eran fragmentarios y desactualizados. Para llenar este vacío, el Programa de Medio Ambiente y Salud (PROMAS) de la UNR desarrolló el “Nuevo Mapa de la Población Argentina Expuesta al Arsénico en el Agua de Consumo”. Este estudio no solo actualizó las cifras, sino que las puso en un contexto desolador: la exposición es masiva y generalizada. La investigación, destinada a ser publicada en la prestigiosa revista “Water and Health”, revela que la llanura chaco-pampeana es una de las zonas más críticas del mundo en cuanto a esta problemática. El arsénico se disuelve en los acuíferos subterráneos a partir del contacto con rocas y minerales de la era cuaternaria, un proceso mayoritariamente natural, pero con consecuencias devastadoras para la salud humana.
HACRE: La Huella del Arsénico en la Salud
El consumo prolongado de agua con arsénico, incluso en dosis bajas, conduce a una enfermedad conocida como Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico, o HACRE. Sus manifestaciones son múltiples y graves. Comienza de forma sutil, con lesiones en la piel, especialmente en las palmas de las manos y las plantas de los pies, que se vuelven ásperas y rugosas, una condición llamada hiperqueratosis. El médico Carlos Padial, quien trabajó en Santiago del Estero, relata cómo al principio estas lesiones se confundían con el resultado del trabajo manual de los hacheros, hasta que se hizo evidente que era un síntoma de un mal mayor. Con el tiempo, el HACRE avanza hacia órganos internos, provocando distintos tipos de cáncer (piel, vejiga, pulmón), problemas de desarrollo en niños, anomalías congénitas, enfermedades cardiovasculares, neurológicas como el Alzheimer y diabetes. Es una enfermedad silenciosa que va minando la salud de comunidades enteras, generación tras generación.
La Brecha Normativa: Un Riesgo Permitido
Una de las controversias centrales en esta problemática radica en la diferencia de criterios entre los organismos internacionales y la legislación argentina. Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece un límite máximo de 10 microgramos de arsénico por litro de agua (µg/L) para considerarla segura, el Código Alimentario Argentino es mucho más permisivo, tolerando hasta 50 µg/L. Esta brecha de 40 microgramos no es solo una cifra; representa un umbral de riesgo que afecta directamente la salud pública.
| Organismo | Límite Recomendado de Arsénico |
|---|---|
| Organización Mundial de la Salud (OMS) | 10 microgramos por litro (µg/L) |
| Código Alimentario Argentino (CAA) | 50 microgramos por litro (µg/L) |
Esta disparidad significa que millones de argentinos beben legalmente un agua que, bajo estándares internacionales, se considera peligrosa. Aunque en 2007 se intentó adecuar la norma nacional a la de la OMS, estableciendo un plazo de cinco años, este objetivo nunca se cumplió, perpetuando una situación de vulnerabilidad para la población.
La Geografía del Riesgo
La contaminación no afecta al país de manera uniforme. El mapa elaborado por la UNR identifica provincias donde el problema alcanza niveles críticos:
- Catamarca y La Pampa: Son las más afectadas, con un porcentaje de población expuesta que oscila entre el 80% y el 90%.
- Buenos Aires: A pesar de ser la provincia más rica, un 70% de su población enfrenta este riesgo.
- Chaco: Cerca del 50% de sus habitantes consume agua con altos niveles de arsénico.
- Otras provincias comprometidas: Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Jujuy y Corrientes también figuran en la lista de zonas con alta incidencia.
Esta distribución geográfica dibuja un panorama de profunda desigualdad, donde las comunidades más vulnerables y rurales son a menudo las más perjudicadas por la falta de acceso a redes de agua potable segura.
En Busca de Soluciones: Tecnología y Conciencia Comunitaria
Revertir la contaminación por arsénico es un desafío complejo y costoso. Las tecnologías de remoción tradicionales requieren grandes cantidades de energía eléctrica y generan un problema adicional: la gestión de los residuos de arsénico concentrado. Sin embargo, la ciencia argentina está abriendo nuevos caminos.
El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) ha desarrollado soluciones adaptadas a la realidad del país. Por un lado, un dispositivo de potabilización rural, manual y sin necesidad de electricidad, capaz de proveer agua segura para una familia de cinco personas. Por otro lado, plantas modulares que utilizan la misma tecnología de coagulación-filtración para abastecer a pequeñas localidades de hasta 500 habitantes.
El éxito de estas tecnologías, sin embargo, no es automático. Como relata la docente Simeona Verón desde el Impenetrable Chaqueño, la capacitación de la comunidad es clave. Ella fue el nexo entre los ingenieros del INTI y las escuelas rurales, guiándolos y ayudando a la gente a entender la importancia de operar correctamente los dispositivos. “Tenía alumnos cuyas manos eran como una lija”, recuerda, describiendo el impacto visible del HACRE. Gracias a estos esfuerzos, muchas escuelas y comunidades ahora tienen una fuente de agua segura.

El caso de Clodomira, en Santiago del Estero, es un faro de esperanza. Allí, la perseverancia del Dr. Carlos Padial, quien investigó pozo por pozo para demostrar la contaminación a una comunidad escéptica, logró que el problema se convirtiera en una política de Estado local a partir del año 2000, garantizando finalmente el acceso a agua potable para todos los pobladores.
El Camino a Seguir: Una Responsabilidad Compartida
Resolver la crisis del arsénico requiere más que soluciones tecnológicas aisladas. Es indispensable un esfuerzo coordinado entre el Estado, la comunidad científica y la sociedad civil. Los expertos coinciden en que se necesita una inversión sostenida en infraestructura, un control riguroso de la calidad del agua y, fundamentalmente, una actualización de la normativa para alinearse con los estándares de la OMS.
La falta de conocimiento es el gran cómplice del arsénico. Gran parte de la población ignora que el agua que bebe cada día puede estar envenenándola lentamente. Por ello, la concientización es el primer paso. Los ciudadanos deben exigir su derecho a un agua segura y los gobiernos deben asumir la responsabilidad de garantizarlo. Europa enfrentó y superó desafíos similares. Con voluntad política, inversión estratégica y participación ciudadana, Argentina también puede derrotar a este enemigo invisible y asegurar un futuro más saludable para las próximas generaciones.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es el arsénico y cómo llega al agua?
El arsénico es un elemento químico natural presente en la corteza terrestre. En Argentina, la contaminación del agua subterránea ocurre principalmente por la disolución de minerales ricos en arsénico presentes en las rocas y sedimentos a través de los cuales fluye el agua de los acuíferos.
¿Cuáles son los síntomas de la intoxicación crónica por arsénico (HACRE)?
Los primeros síntomas suelen ser cutáneos, como el engrosamiento y endurecimiento de la piel en palmas y plantas (hiperqueratosis) y cambios en la pigmentación. A largo plazo, puede provocar cáncer de piel, vejiga y pulmón, así como enfermedades cardiovasculares, neurológicas y diabetes.
¿Cómo puedo saber si el agua de mi hogar tiene arsénico?
Dado que es incoloro e inodoro, la única forma de saberlo es a través de un análisis químico del agua. Esto debe ser realizado por laboratorios certificados o por las autoridades de control de agua potable de su municipio o provincia. No es posible detectarlo a simple vista.
¿Existen métodos caseros efectivos para eliminar el arsénico?
No se recomienda confiar en métodos caseros no verificados, como hervir el agua (lo cual puede incluso concentrar el arsénico) o filtros de carbón activado comunes. La remoción efectiva requiere tecnologías específicas como la ósmosis inversa, la coagulación-filtración o la adsorción, como las que desarrolla el INTI. Es fundamental utilizar dispositivos certificados para este fin.
¿Qué se está haciendo en Argentina para solucionar este problema?
Existen múltiples iniciativas desde el ámbito científico, como los mapas de riesgo de la UNR y el desarrollo de tecnologías de bajo costo por parte del INTI. Hay casos de éxito a nivel local donde se ha logrado proveer agua de red segura. Sin embargo, se necesita una política de Estado a nivel nacional para escalar estas soluciones, actualizar la normativa y garantizar el control y tratamiento del agua en todas las regiones afectadas.
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