¿Cómo era la educación de Catalina?

La Revolución Educativa de Úbeda en el Siglo XX

19/06/2019

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A principios del siglo XX, la ciudad de Úbeda se enfrentaba a un panorama educativo desolador, un eco de las carencias arrastradas desde el siglo anterior. Las infraestructuras eran deficientes, la oferta era escasa y la desigualdad de oportunidades, especialmente para las niñas, era una realidad palpable. Sin embargo, en la década de 1920, un viento de cambio comenzó a soplar, impulsado por la necesidad y la visión de futuro de sus ciudadanos. Este período fue testigo de una verdadera revolución: la construcción de los primeros grupos escolares nacionales, un proyecto monumental que no solo levantó edificios de ladrillo y piedra, sino que cimentó las bases de la educación moderna en la localidad y transformó para siempre su tejido social y urbano.

¿Cómo era la situación educativa en la ciudad de Santa Catalina?
La situación educativa que vivía la ciudad era deficiente. Ya a comienzos del siglo XIX se establecía que las escuelas públicas se hallaban en un estado de decadencia y ruina, siendo el centro educativo principal el colegio de Santa Catalina, de la extinta Compañía de Jesús, y una escuela particular.
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Antecedentes: Un Sistema Educativo en Ruinas

Para comprender la magnitud del cambio que se avecinaba, es crucial mirar atrás, al siglo XIX. Los informes de la época describían las escuelas públicas de Úbeda en un estado de “decadencia y ruina”. El principal centro educativo era el antiguo colegio de Santa Catalina, perteneciente a la extinta Compañía de Jesús, complementado por alguna que otra escuela particular. La formación que se impartía era rudimentaria; los maestros se centraban en enseñar a leer, escribir y ofrecer nociones básicas de gramática.

La situación era aún más precaria para las niñas. Oficialmente, no existían escuelas para ellas, y solo unas pocas afortunadas asistían a centros particulares donde el aprendizaje se orientaba principalmente a labores del hogar y costura. La brecha de género en la educación era abismal. Un hito importante fue la fundación en 1845 del Colegio de Humanidades de la Santísima Trinidad, dirigido por los Padres Escolapios. Este centro supuso un avance notable, ofreciendo un currículo mucho más amplio que incluía latín, griego, francés, psicología, geografía, física y química. Durante más de medio siglo, esta institución satisfizo las necesidades de la educación secundaria en la ciudad, pero la enseñanza primaria seguía siendo la gran asignatura pendiente.

Los Primeros Años del Siglo XX: Entre la Escasez y la Demanda Social

El cambio de siglo no trajo mejoras inmediatas; de hecho, la situación pareció agravarse. Ante la alarmante escasez de plazas en la educación elemental, las autoridades tomaron una medida drástica: convertir la única escuela de nivel superior en una elemental para poder acoger a más niños. Esta decisión, aunque pragmática, evidenciaba la profunda crisis del sistema.

La sociedad ubetense, consciente del problema, comenzó a movilizarse. En 1905, un grupo de vecinos solicitó formalmente al ayuntamiento que apoyara económicamente al colegio femenino de las Hermanas Carmelitas. El objetivo era doble: que las niñas de familias pobres pudieran recibir enseñanza gratuita y que se ampliaran los estudios para que pudieran formarse como maestras. La presión social continuó, y en 1910, el consistorio, superado por la demanda, pidió ayuda al Ministerio de Fomento. La necesidad era tan acuciante que en 1912 se alquilaron locales provisionales para abrir más aulas. Ese mismo año, a propuesta del Círculo Católico de Obreros, se fundó una escuela de párvulos dirigida por las hermanas de San Vicente de Paul, y gracias a la iniciativa de la profesora María Jesús Carmona Barragán, se creó también una escuela para adultos. A pesar de estos esfuerzos, la calidad seguía siendo un problema, como demostró la inspección del concejal Francisco Ruiz Peña a las Escuelas de la Trinidad, que destapó negligencias en el profesorado y generó un intenso debate público.

La Creación de la Junta Local y el Impulso Decisivo

El debate sobre la educación culminó con la creación de una Junta Local de Primera Enseñanza. Este organismo se convirtió en el motor del cambio, asumiendo la responsabilidad de planificar y ejecutar una solución definitiva al problema. Sin embargo, la empresa era demasiado grande para los recursos locales. Aquí es donde emerge la figura del general Leopoldo de Saro y Marín, un ubetense influyente que actuó como intermediario clave ante el gobierno de España, consiguiendo el apoyo y la financiación necesarios para un proyecto sin precedentes.

¿Cuándo se creó el Colegio de Santa Catalina?
El 3 de mayo de 1485 mediante una bula del Papal Inocencio III se autorizó la creación en la ciudad de Toledo (España) del denominado Colegio de Santa Catalina, bajo supervisión eclesiástica.

La construcción de los nuevos colegios supuso mucho más que una simple mejora de infraestructuras. Representó la inserción de un modelo educativo más moderno y, en cierto modo, mixto, promovido durante el reinado de Alfonso XIII. Este nuevo enfoque chocaba directamente con los planes educativos de las órdenes religiosas, que hasta entonces habían tenido una presencia hegemónica en Úbeda. Se estaba gestando un cambio de paradigma.

Arquitectura para la Modernidad: Los Tres Grupos Escolares

En 1924, el ayuntamiento acordó construir dos grupos escolares, pero la ambición del proyecto creció y finalmente se proyectaron tres. El consistorio cedió el solar de la Explanada y compró los terrenos de El Alcázar y El Cristo del Gallo. Las obras fueron adjudicadas en junio de 1925 bajo la dirección de la Oficina Técnica de Construcciones Escolares de Madrid, liderada por el prestigioso arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta.

Los tres colegios —que en 1927 recibirían los nombres de General Saro, Alfonso XIII y Virgen de Guadalupe— fueron concebidos como edificios idénticos, un símbolo de estandarización y modernidad. Construidos con piedra y ladrillo, su diseño era tanto estético como funcional. Cada edificio constaba de tres pabellones: dos grandes en los extremos, uno para niños y otro para niñas, unidos por un pabellón central más pequeño. Esta distribución no era casual; respondía a la necesidad de mantener la separación de sexos. El pabellón central albergaba estancias que servían como zonas de transición y control, con puertas que se cerraban para evitar que los alumnos se mezclaran. Incluso el gimnasio, un espacio de uso común, se utilizaba en horarios distintos, cerrando el acceso al pabellón contrario. Los despachos de los profesores se ubicaban estratégicamente en la planta noble para supervisar ambos lados del edificio.

“Eran un verdadero gesto de modernidad y utilidad arquitectónica, no sólo en su belleza exterior basado en un neo eclecticismo típico de comienzos del siglo XX, sino en la propia distribución interior.”

A pesar de la estricta separación, los edificios eran un prodigio de modernidad. Los pabellones eran espaciosos y estaban inundados de luz natural gracias a sus grandes cristaleras, creando un ambiente propicio para el aprendizaje que contrastaba radicalmente con las oscuras y ruinosas escuelas del pasado.

Tabla Comparativa de los Grupos Escolares

Nombre OriginalUbicación OriginalDestino Actual
General SaroEl AlcázarConvertido en viviendas sociales
Alfonso XIIIEl Cristo del GalloDerruido
Virgen de GuadalupeLa ExplanadaSigue funcionando como centro educativo (CEIP Sebastián de Córdoba)

Legado y Transformación: El Destino de los Colegios

El paso del tiempo y los avatares de la historia de España depararon un destino muy diferente para cada uno de estos tres emblemáticos edificios. Hoy, solo uno de ellos sigue cumpliendo la función para la que fue creado. El colegio General Saro, en El Alcázar, fue transformado en viviendas sociales. El colegio Alfonso XIII, en El Cristo del Gallo, tuvo el final más triste, siendo derruido tras haber sido renombrado durante el franquismo como “General Franco Explanada II”.

¿Cómo era la situación educativa en la ciudad de Santa Catalina?
La situación educativa que vivía la ciudad era deficiente. Ya a comienzos del siglo XIX se establecía que las escuelas públicas se hallaban en un estado de decadencia y ruina, siendo el centro educativo principal el colegio de Santa Catalina, de la extinta Compañía de Jesús, y una escuela particular.

El único superviviente es el colegio Virgen de Guadalupe. Situado en lo que entonces era la periferia de la ciudad, hoy el CEIP Sebastián de Córdoba (nombre que adoptó en honor a un poeta local) se encuentra en el corazón neurálgico de Úbeda. Este centro es un testimonio vivo de su historia, conservando aún restos del azulejo con su nombre original y la placa de su posterior denominación franquista, “General Franco La Explanada”. Estos grupos escolares, aunque concebidos en barrios entonces decaídos, fueron un motor de desarrollo y un símbolo de la apuesta de la ciudad por un futuro mejor a través de la educación.

Preguntas Frecuentes

¿Cuál era la situación de la educación en Úbeda antes de la construcción de los grupos escolares?

La situación era muy deficiente. Las escuelas públicas estaban en ruinas, el currículo era muy básico y no existían escuelas oficiales para niñas, lo que generaba una gran desigualdad. La educación de calidad estaba limitada a unos pocos centros privados o religiosos.

¿Quién fue la figura clave en la construcción de los nuevos colegios?

Aunque la iniciativa partió de la Junta Local de Primera Enseñanza, la figura del General Leopoldo de Saro y Marín fue fundamental. Su intermediación con el gobierno de España permitió obtener los fondos y el apoyo necesarios para llevar a cabo un proyecto de tal envergadura.

¿Cómo era el diseño arquitectónico de estos colegios?

Los tres colegios eran idénticos, diseñados por Antonio Flórez Urdapilleta. Su arquitectura era moderna y funcional, con pabellones separados para niños y niñas para cumplir con las normas de la época. Destacaban por ser muy espaciosos y luminosos gracias a sus grandes ventanales, lo que representaba una mejora radical respecto a las antiguas escuelas.

¿Qué fue de los tres colegios construidos en los años 20?

Sus destinos fueron diversos. El colegio General Saro se convirtió en viviendas sociales, el Alfonso XIII fue demolido, y solo el Virgen de Guadalupe, hoy conocido como CEIP Sebastián de Córdoba, continúa funcionando como centro educativo, siendo un símbolo del legado de aquella revolución educativa.

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