27/03/2008
En el corazón del sur de Asia, una nación surcada por cientos de ríos lucha por respirar. Bangladés, un país de increíble resiliencia y vibrante cultura, enfrenta una crisis existencial que no proviene de conflictos ni de desastres naturales impredecibles, sino de una herida autoinfligida y supurante: la contaminación. A finales de 2016, uno de sus principales ríos, el Buriganga, que atraviesa la capital, Dacca, se rindió. Dejó de ser una fuente de vida para convertirse en un testigo mudo de la negligencia industrial y humana, un canal de veneno donde los peces flotaban panza arriba, anunciando un colapso ecológico que hoy se extiende por todo el país.

El Lamento del Río Buriganga: Crónica de una Muerte Anunciada
La historia del Buriganga es la de una arteria vital convertida en un desagüe tóxico. Durante décadas, el barrio de Hazaribagh en Dacca fue el epicentro de la industria del cuero, un motor económico que operaba sin piedad por el entorno. Cientos de curtidurías vertían diariamente sus desechos químicos directamente al río. Hablamos de cromo, un potente agente cancerígeno, y otros compuestos que aniquilaron los niveles de oxígeno del agua. A esto se sumaba la ausencia casi total de sistemas de saneamiento y la arraigada costumbre de usar el río como un vertedero sin fondo para todo tipo de basura, desde plásticos hasta heces humanas.
El resultado fue catastrófico. El agua, de la que dependen unas 180.000 personas para sus necesidades diarias, se volvió letal. La vida acuática desapareció por completo. La crisis sanitaria no tardó en estallar, con un aumento alarmante de afecciones respiratorias y de piel entre la población local. Organizaciones ecologistas calificaron a Hazaribagh como uno de los lugares más contaminados del planeta, una mancha negra en el mapa mundial que obligó al Gobierno a intervenir.
Una Solución Fallida: El Espejismo de Savar
En abril de 2017, se tomó una decisión drástica: la reubicación forzosa de unas 150 curtidurías a una nueva zona industrial en Savar, en las afueras de Dacca. La promesa era atractiva: se construirían modernas plantas de tratamiento para asegurar que los vertidos tóxicos no envenenaran el siguiente río en la línea, el Daleshwar. Sobre el papel, la operación parecía un paso hacia la sostenibilidad. En la práctica, se convirtió en un monumento a la corrupción y la ineficacia.
Las plantas depuradoras se construyeron, sí, pero su función es una farsa. Cualquiera puede encontrar las gigantescas tuberías que vomitan sus desechos al Daleshwar; solo hay que seguir el rastro del color. El río cambia bruscamente su tonalidad al recibir un torrente de espuma blanca y líquidos que van del carmesí al azul intenso, dependiendo del tinte que se esté usando ese día en las fábricas. El hedor es insoportable, pero para algunos locales, este desastre es una oportunidad. Se congregan en la orilla esperando la descarga, pues los peces mueren al instante por el shock químico, haciendo mucho más fácil su recolección que con una caña de pescar. Este pescado, cargado de metales pesados, termina inevitablemente en los mercados locales, perpetuando el ciclo de envenenamiento.
Dentro de las fábricas de Savar, la situación es desoladora. Muchos trabajadores, algunos de ellos visiblemente menores de edad, operan descalzos, sin guantes ni mascarillas, rodeados de bidones con etiquetas que advierten de su contenido corrosivo y nocivo. El agua usada para lavar los gigantescos barriles de teñido se canaliza directamente a la calle, y de ahí a las inútiles plantas de tratamiento. “Esta operación de reubicación habrá servido para que mucha gente se llene los bolsillos, pero no para reducir la contaminación”, confiesa el propietario de una de las curtidurías, quien exporta sus productos a China y Europa, bajo la condición de anonimato.
El Aire que Ahoga: El Cinturón de Ladrillos de Dacca
El problema de Bangladés no flota únicamente en sus aguas. El aire es igualmente letal. Según el estudio de Calidad del Aire Mundial de la empresa suiza IQAir, Bangladés es el país más contaminado del mundo, y Dacca la segunda capital con peor calidad del aire. Una densa capa de esmog grisáceo recibe a los aviones que se aproximan a la ciudad, un velo tóxico que oculta la fuente principal del problema: un cinturón de miles de fábricas de ladrillos.
El país es el cuarto productor mundial de ladrillos, con unas 7.000 fábricas que producen 23.000 millones de unidades al año. Estas chimeneas humeantes son responsables de aproximadamente el 60% de la contaminación atmosférica de la capital. Su proceso es arcaico y altamente contaminante. Se extrae barro de las riberas, se moldea y se cuece en gigantescos hornos ovalados alimentados con carbón. Cada horno escupe toneladas de humo negro y dióxido de carbono, afectando gravemente la salud de quienes viven cerca y dañando las cosechas. A pesar de las promesas gubernamentales de promover tecnologías más limpias, la industria del ladrillo sigue siendo un negocio lucrativo que se nutre del trabajo semiesclavo, la mano de obra infantil y una red de corrupción que silencia cualquier intento de regulación. “Si alguien viene a pedir explicaciones, nos lo quitamos de encima con un regalo”, comenta con una sonrisa un capataz.
Tabla Resumen de la Crisis Ambiental en Bangladés
| Tipo de Contaminación | Fuente Principal | Consecuencias para la Salud y el Medio Ambiente |
|---|---|---|
| Hídrica | Industria del cuero (curtidurías), falta de saneamiento, basura doméstica. | Envenenamiento de ríos (Buriganga, Daleshwar), aniquilación de la fauna acuática, consumo de pescado contaminado, enfermedades de la piel, agentes cancerígenos (cromo). |
| Atmosférica | Fábricas de ladrillos, emisiones industriales y de vehículos. | Dacca como una de las capitales más contaminadas, altas tasas de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, daño a cultivos, densa capa de esmog. |
| Acústica | Tráfico incesante (cláxones), megáfonos, actividad industrial. | Niveles de ruido superiores a 80 decibelios, sordera irreversible, tinnitus, dolores de cabeza crónicos, alteraciones del sueño, estrés, afectación fetal. |
La Contaminación Invisible: El Ruido que Enferma
Como si no fuera suficiente, existe una tercera polución, una que no se ve ni se huele, pero que agrede constantemente: la acústica. Las calles de Dacca son un caos sonoro ininterrumpido. El ruido del tráfico, los cláxones, los megáfonos y la actividad industrial superan habitualmente los 80 decibelios, un umbral muy por encima de los 60 decibelios considerados dañinos. El Dr. Monowar Hossain, otorrino en un hospital de la capital, advierte sobre este peligro silencioso.
“La gente se fija en la contaminación del aire y del agua porque es visible, pero la acústica pasa desapercibida”, explica. “Provoca una pérdida paulatina e irreversible de la capacidad auditiva y tinnitus. Pero los efectos van más allá: dolores de cabeza, mareos, alteraciones del sueño e incluso puede afectar a los fetos”. Es un mal que castiga especialmente a las clases más desfavorecidas y que tiene un enorme coste económico y social.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué se considera a Bangladés uno de los países más contaminados?
Se debe a una combinación fatal de industrialización rápida y no regulada (especialmente en los sectores del cuero y la fabricación de ladrillos), una infraestructura de saneamiento y tratamiento de residuos prácticamente inexistente, altos niveles de corrupción que impiden la aplicación de leyes ambientales y una baja conciencia ecológica entre la población general.
¿Qué impacto real tuvieron las medidas del gobierno como la reubicación de las curtidurías?
El impacto ha sido en gran medida negativo. Aunque la intención era buena, la ejecución fue deficiente y corrupta. Las nuevas instalaciones en Savar no tratan adecuadamente los residuos, por lo que el problema de la contaminación del agua simplemente se ha trasladado de un río (el Buriganga) a otro (el Daleshwar), sin resolver la crisis de fondo.
¿Cuáles son los principales riesgos para la salud de los habitantes?
Los riesgos son múltiples y graves. La contaminación del aire causa una alta incidencia de enfermedades respiratorias crónicas y cardiovasculares. El agua contaminada provoca enfermedades de la piel, problemas gastrointestinales y exposición a agentes cancerígenos. La contaminación acústica, por su parte, está causando una epidemia de sordera irreversible y problemas neurológicos asociados al estrés crónico.
¿Existe alguna esperanza de cambio?
La esperanza reside en un cambio sistémico. Requiere un compromiso real del gobierno para hacer cumplir las leyes ambientales, luchar contra la corrupción, invertir en tecnologías limpias y, fundamentalmente, iniciar un proceso masivo de educación ciudadana. Como señala Sabikun Nahar Reshma, una residente de Dacca: “Hay que comenzar a educar a la población en la necesidad de cambiar hábitos que están acabando con nuestro país”. El cambio debe empezar desde la base, con la conciencia de que cada bolsa de basura arrojada al río es un clavo más en el ataúd de su propio futuro.
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