31/03/2008
En los últimos días, una sensación de incertidumbre ha recorrido los hogares de la Ciudad de Mendoza. Los cortes de agua recurrentes, sumados a una ola de calor agobiante, han puesto sobre la mesa una realidad ineludible: la fragilidad de nuestro recurso más vital. La situación no es un hecho aislado, sino la confluencia de factores climáticos, de gestión y de infraestructura que tienen como epicentro al icónico Dique Potrerillos, el corazón del sistema hídrico provincial, que hoy late con menos fuerza que nunca.

La problemática ha escalado a tal punto que las autoridades de Aguas Mendocinas (Aysam) han tenido que salir a explicar un panorama complejo, donde las soluciones inmediatas son escasas y las de fondo requieren tiempo y una inversión monumental. Este escenario nos obliga a mirar más allá del grifo y entender las profundas corrientes que determinan la disponibilidad de agua en una de las zonas más áridas del país.
La Tormenta Perfecta: Calor Extremo y Menor Caudal
Para comprender la raíz de los cortes de servicio y la baja presión que afecta a miles de vecinos, es necesario analizar dos variables que han coincidido de manera crítica. Por un lado, la región atraviesa una ola de calor con temperaturas que superan los registros históricos. Este fenómeno climático dispara de forma exponencial el consumo de agua potable: la demanda para hidratación, higiene y riego se multiplica, llevando al sistema al límite de su capacidad.
Por otro lado, y de forma simultánea, nos encontramos en una época del año en la que, por planificación, las entregas de agua desde el Dique Potrerillos disminuyen. Según Alejandro Gallego, presidente de Aysam, “Enero y febrero es muy alto y marzo baja un poco”. Esta reducción es parte del ciclo anual de gestión del embalse, diseñado para administrar el recurso a lo largo de las estaciones. Sin embargo, lo que en un año normal sería una maniobra controlada, este año se ha topado con una demanda extraordinaria, creando un desbalance crítico entre la oferta y la necesidad.
Este choque de factores ha provocado que las reservas en los establecimientos potabilizadores no logren recuperarse al ritmo necesario, generando los problemas de servicio que han afectado a toda la ciudad, con especial intensidad en zonas como la Quinta Sección.
Potrerillos: Un Gigante Bajo un Estrés Hídrico Histórico
Más allá de la coyuntura de la ola de calor, el dato más alarmante se encuentra en el estado actual del embalse. El Dique Potrerillos presenta hoy su menor reserva de agua histórica para esta época del año. Actualmente, almacena 258 hectómetros cúbicos (hm³), lo que representa apenas un 66% de su capacidad máxima. Un hectómetro cúbico equivale a mil millones de litros de agua, por lo que, aunque la cifra parezca enorme, el contexto histórico revela una tendencia preocupante.
Este bajo nivel es una consecuencia directa de años de escasez nívea en la alta montaña, lo que se traduce en ríos con menores caudales y, por ende, un menor llenado del dique. El estrés hídrico al que está sometido el embalse no solo compromete el suministro de agua potable, sino que también tiene implicaciones para la agricultura y la generación de energía, pilares de la economía mendocina.
Tabla Comparativa: La Situación del Dique Potrerillos
| Indicador | Valor Actual | Contexto / Significado |
|---|---|---|
| Reserva de Agua | 258 hm³ | La cantidad de agua almacenada actualmente en el embalse. |
| Porcentaje de Capacidad | 66% | El embalse se encuentra a dos tercios de su capacidad total de llenado. |
| Nivel Histórico | Mínimo histórico | Nunca antes, para esta fecha, el dique había tenido tan poca agua acumulada. |
| Causa de la Tensión | Ola de calor y reducción estacional del caudal | Una demanda récord coincide con una oferta de agua planificada a la baja. |
La Infraestructura Antigua: El Enemigo Silencioso
Incluso si el dique estuviera rebalsando de agua, Mendoza enfrentaría un problema estructural grave: una red de distribución obsoleta. El propio presidente de Aysam lo ha reconocido sin rodeos: “En la Quinta tenemos redes, en algunos casos, que tienen 90 años”. Una infraestructura tan antigua es ineficiente, propensa a roturas y fugas, lo que provoca una pérdida considerable del recurso antes de que llegue a los hogares y, además, dificulta mantener una presión adecuada en toda la red.

La única solución real y duradera para este problema es la inversión en infraestructura. Se está ejecutando un plan de obras de agua y saneamiento de más de 150 millones de dólares, un esfuerzo conjunto entre la provincia y la Nación. Este plan contempla el recambio de cañerías, la mejora de plantas potabilizadoras y la optimización general del sistema. Sin embargo, es una tarea titánica y lenta. Los beneficios, aunque ya se han empezado a notar en veranos anteriores, se verán de forma progresiva a lo largo de los años. La crisis actual subraya la urgencia de acelerar estos procesos.
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis del Agua en Mendoza
¿Por qué hay cortes de agua si el dique no está vacío?
El problema no es la falta total de agua en el dique, sino una combinación de factores. La red de distribución no tiene la capacidad de satisfacer el pico de demanda generado por la ola de calor, especialmente cuando el caudal liberado del dique es menor por planificación estacional. A esto se suma la ineficiencia de las cañerías antiguas, que no permiten mantener la presión necesaria para que el agua llegue a todos los puntos, sobre todo a los más altos o alejados.
¿La situación mejorará pronto?
A corto plazo, Aysam trabaja en acumular reservas en las plantas para normalizar la presión, lo que podría traer un alivio en los próximos días. Sin embargo, la solución de fondo es a largo plazo y depende del avance del plan de renovación de infraestructura. Mientras tanto, la situación seguirá siendo vulnerable a eventos climáticos extremos como las olas de calor.
¿Qué puedo hacer como ciudadano para ayudar?
La colaboración ciudadana es fundamental. Un consumo responsable y solidario del agua es la herramienta más poderosa que tenemos. Esto incluye tomar duchas más cortas, evitar el riego de jardines y el llenado de piletas en horas de máximo consumo, reparar cualquier fuga en el hogar y, en general, ser conscientes de que cada gota cuenta. El cuidado del agua es una responsabilidad compartida.
¿Este es un problema exclusivo de Mendoza?
No. El estrés hídrico y la necesidad de modernizar la infraestructura son desafíos globales, exacerbados por el cambio climático. Ciudades de todo el mundo, desde Ciudad del Cabo hasta Monterrey, han enfrentado crisis similares. Lo que ocurre en Mendoza es un llamado de atención que nos sitúa frente a una realidad mundial: la gestión del agua en el siglo XXI requiere planificación, inversión y una nueva cultura de consumo.
En conclusión, la crisis actual en Mendoza es un duro recordatorio de nuestra dependencia de un recurso finito y de la necesidad imperiosa de adaptarnos a una nueva realidad climática. Si bien las inversiones en infraestructura son el camino a seguir, la conciencia y la acción individual juegan un papel crucial en la navegación de estos tiempos de escasez. El futuro del agua en la región depende tanto de las grandes obras como de los pequeños gestos cotidianos.
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