14/11/2013
La historia de Romina Tejerina no es solo la crónica de un crimen, sino el espejo de una sociedad y un sistema de justicia que fallaron en proteger a una víctima. Su caso, ocurrido a principios de la década del 2000 en Jujuy, Argentina, se convirtió en una herida abierta que expuso las profundas raíces de la violencia de género y la revictimización institucional. Lo que comenzó con una agresión sexual en la soledad de un descampado, terminó con una condena que movilizó a miles de personas y transformó a una joven atormentada en un símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres.

El Origen de la Pesadilla: Una Noche de Festejo y Horror
El 1° de agosto de 2002, la provincia de Jujuy celebraba la fiesta de la Pachamama, un ritual ancestral de agradecimiento a la Madre Tierra. En medio de esa atmósfera festiva, la vida de Romina Tejerina, una joven de 19 años, se quebró para siempre. Esa noche, fue a buscar a su hermana menor a una bailanta en las afueras de San Pedro. Allí se cruzó con Eduardo "Pocho" Vargas, un vecino de 40 años que, según la denuncia de Romina, la sacó a la fuerza del lugar, la arrastró hasta un descampado y la violó.
Presa del pánico y la vergüenza, Romina solo pudo confiarle lo sucedido a su hermana Érica. Juntas buscaron ayuda médica con la esperanza de un raspado, pero se encontraron con la primera barrera institucional: el médico les informó que, al ser menor de edad, necesitaba la autorización de sus padres. El miedo a la reacción de su familia y al estigma social la empujó a un silencio devastador. Decidió ocultar la agresión y, consecuentemente, el embarazo que resultó de ella.
Un Secreto Atormentado: Nueve Meses de Angustia
Los meses que siguieron fueron un calvario silencioso. Atormentada, Romina le rogó a su hermana que guardara el secreto, llegando a amenazar con quitarse la vida si alguien más se enteraba. Hizo todo lo posible por disimular su estado: usaba fajas apretadas para comprimir su vientre y consumía laxantes, en un intento desesperado por negar una realidad que crecía dentro de ella. Vivió su embarazo en la más absoluta soledad, aislada por el trauma y el terror a ser juzgada por su propia familia y comunidad.
El Parto y la Tragedia Inevitable
El 23 de febrero de 2003, con siete meses de gestación, lo inevitable sucedió. En el baño de la casa que compartía con sus hermanas, Romina dio a luz a una beba. Según su testimonio posterior en el juicio, en ese momento sufrió un brote psicótico. Al mirar a la recién nacida, no vio a una hija, sino el rostro de su violador. En un estado de disociación y desesperación, tomó un objeto punzante y la apuñaló repetidamente. La bebé, a quien los médicos llamaron Milagros Socorro, fue trasladada al hospital pero falleció dos días después a causa de las heridas.
Las primeras interacciones con las autoridades y el personal de salud, según relató la propia Romina, estuvieron cargadas de acusaciones y maltrato. “Me acuerdo de que me llevaron al hospital y ahí me agarró un oficial Reyes (...) y me empezó a zamarrear, a decirme ‘pendeja de mierda, qué haz hecho’… Y yo muda, lo miraba. Después vino la neonatóloga y de vuelta a sacudirme, así con odio (...) Lo único que dije ahí mismo es que me habían violado, pero nadie quería escuchar eso, querían que declarara lo otro”.
Un Juicio Bajo la Lupa: ¿Justicia o Prejuicio?
El juicio contra Romina Tejerina, que culminó el 10 de junio de 2005, se convirtió en un escenario donde se expusieron los prejuicios más arraigados de una justicia patriarcal. La fiscalía, a cargo de Liliana Fernández de Montiel, solicitó prisión perpetua y construyó un alegato basado en juicios morales sobre la vida de Romina. Argumentó que ella “no aceptaba límites”, que le gustaba la “diversión” y que era una “estudiante irregular”.
De manera escandalosa, la fiscal llegó a afirmar que no había sido violada, pero que si hubiera ocurrido, “se lo había buscado por bailar con pollera corta arriba de los parlantes”. La descalificó con apodos denigrantes como “la Galponera”, intentando pintar la imagen de una joven promiscua y no la de una víctima de abuso.
La defensa, por su parte, argumentó que Romina había actuado bajo un estado de emoción violenta y que el brote psicótico fue una consecuencia directa del trauma de la violación. Solicitaron su absolución basándose en su estado mental al momento del hecho. Sin embargo, el tribunal desestimó en gran medida esta línea y separó la violación del homicidio, tratando los hechos como eventos desvinculados.

El Contraste de la Impunidad
Mientras Romina enfrentaba un juicio que la estigmatizaba, el hombre que ella señaló como su violador, Eduardo "Pocho" Vargas, tuvo un destino judicial muy diferente. Vargas, comerciante y hermano de un policía de la zona, sostuvo que había mantenido una relación consentida con ella. Estuvo detenido apenas 23 días y fue rápidamente sobreseído por “falta de pruebas”, quedando en total libertad y llegando incluso a amenazar con demandar a Romina por la muerte de "su" hijo.
Esta disparidad en el trato judicial es uno de los puntos más críticos del caso y evidencia un claro sesgo en el sistema. A continuación, una tabla comparativa resume el abismo entre ambos procesos:
| Aspecto | Romina Tejerina | Eduardo "Pocho" Vargas |
|---|---|---|
| Acusación Central | Homicidio agravado por el vínculo | Violación (denunciado) |
| Argumento Principal | Defensa alegó brote psicótico y trauma post-violación | Alegó relaciones consentidas |
| Tiempo Detenido | 9 años y 4 meses en prisión efectiva | 23 días |
| Veredicto Final | Condenada a 14 años de prisión | Sobreseído por falta de pruebas |
La Condena y el Nacimiento de un Símbolo
Finalmente, los jueces de la Sala II de la Cámara Penal de Jujuy condenaron a Romina a 14 años de prisión por “homicidio agravado por el vínculo”, aunque reconocieron “circunstancias extraordinarias de atenuación”, lo que evitó la prisión perpetua que pedía la fiscalía. La sentencia fue un golpe devastador para su familia, pero fue la chispa que encendió un movimiento. Organizaciones feministas y de derechos humanos tomaron el caso como un emblema de la impunidad de la violencia sexual y de un sistema judicial que juzga a las mujeres con una vara moralista y misógina. El nombre de Romina Tejerina comenzó a resonar en marchas y protestas a lo largo de todo el país, exigiendo su libertad y justicia.
La Vida Después: Libertad y Reconstrucción
Romina cumplió su condena en el Penal de Mujeres Alto Comedero. Durante el primer año no recibió asistencia psicológica. El 23 de junio de 2012, el día que cumplía 29 años, obtuvo la libertad condicional tras haber cumplido dos tercios de su pena. Su hermana Mirta relató las palabras de Romina al salir: “Por todo el tiempo sufrido se me secaron las lágrimas”.
Los primeros días en libertad no fueron fáciles. Sufrió el acoso y los insultos de algunas personas en su pueblo, lo que la llevó a una crisis nerviosa tan profunda que le expresó a su abogado el deseo de volver a la cárcel. Sin embargo, con el tiempo y el apoyo incondicional de su familia, logró empezar a reconstruir su vida. Formó una nueva pareja, tuvo un hijo y encontró en la crianza y en el refugio familiar la fuerza para seguir adelante, intentando cerrar una puerta que le causó un dolor inconmensurable.
Preguntas Frecuentes sobre el Caso Romina Tejerina
¿Por qué fue condenada Romina Tejerina?
Fue condenada a 14 años de prisión por "homicidio agravado por el vínculo" tras haber matado a su hija recién nacida. Su defensa argumentó que actuó en un estado de brote psicótico, producto del trauma de la violación que había sufrido y que la llevó a quedar embarazada.
¿Qué pasó con el hombre que ella acusó de violación?
Eduardo "Pocho" Vargas, el hombre señalado por Romina como su violador, estuvo detenido solo 23 días. Negó la acusación, afirmó que las relaciones fueron consentidas y fue sobreseído por falta de pruebas, quedando en libertad sin enfrentar un juicio por el hecho.
¿Por qué su caso se considera un emblema de la lucha feminista?
Su caso se convirtió en un símbolo porque expuso las fallas sistémicas de la justicia ante la violencia de género. La fiscalía utilizó argumentos misóginos para culparla, se ignoró el contexto de la violación y se le aplicó una dura condena mientras su presunto agresor quedaba impune. Esto movilizó a organizaciones que vieron en su historia el reflejo de la revictimización que sufren miles de mujeres.
¿Cuál es la situación actual de Romina Tejerina?
Tras salir de prisión en 2012, Romina Tejerina ha mantenido un perfil bajo. Según su abogada, ha logrado reinsertarse socialmente, formó una pareja y tuvo un hijo. Se enfoca en su vida presente y en la crianza, buscando dejar atrás el traumático pasado con el apoyo de su familia.
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