16/12/2013
En el corazón de la lucha global contra el cambio climático, existen mecanismos diseñados con las mejores intenciones, pero que en su aplicación revelan profundas paradojas. Uno de ellos es el programa REDD+ (Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques), creado en 2008 con un objetivo claro: incentivar económicamente a los países y comunidades que lograran disminuir sus tasas de deforestación. La lógica parecía impecable: si se paga por no talar, se protegerán los bosques. Sin embargo, una falla fundamental en su diseño ha generado un efecto perverso y descorazonador: el sistema premia a quienes dejan de destruir, pero olvida e ignora a quienes, por cultura y tradición, siempre han conservado. Esta es la historia de cómo los verdaderos guardianes del bosque se están quedando por fuera del mecanismo que debería celebrarlos.

En la vasta Amazonía colombiana, las cifras son tan elocuentes como alarmantes. Existen 178 resguardos indígenas que se extienden sobre 26.4 millones de hectáreas. De este inmenso territorio, un asombroso 94% sigue siendo bosque virgen, un legado mantenido en pie no por políticas gubernamentales, sino por el cuidado y la cosmovisión de sus habitantes ancestrales. Hay casos extraordinarios, como el de 31 resguardos que ostentan una tasa de deforestación cero. El resguardo de Predio Putumayo, por ejemplo, abarca 5.7 millones de hectáreas, un área más grande que los departamentos de Santander y Norte de Santander juntos, y conserva el 99% de su cobertura boscosa. A pesar de este éxito monumental en la mitigación del cambio climático, estas comunidades no reciben los beneficios de REDD+, simplemente porque no tienen una alta tasa de deforestación que “reducir”.
¿Qué es REDD+ y Dónde Radica su Falla?
Para entender el problema, es crucial desglosar cómo funciona REDD+. El programa opera sobre la base de “líneas de base” de deforestación. Un país o una región establece una tasa histórica o proyectada de pérdida de bosque. Los fondos se otorgan si se demuestra una reducción verificable por debajo de esa línea de base. Por ejemplo, si una región históricamente talaba 10,000 hectáreas al año y logra reducir esa cifra a 5,000, puede recibir una compensación por las 5,000 hectáreas “salvadas”.
Aquí yace la paradoja: ¿qué sucede con una comunidad cuya línea de base es cero o casi cero? Al no tener una deforestación significativa que reducir, quedan excluidos del incentivo financiero. En la práctica, el mensaje que se envía es: “pareciera que hay que dañar para luego ser compensado”. Esta lógica no solo es injusta, sino que ignora el valor inconmensurable del conocimiento ancestral y las prácticas culturales que han permitido que estos bosques sigan en pie, actuando como sumideros de carbono vitales para todo el planeta.
Las Voces de los Guardianes: Testimonios desde el Territorio
La frustración y la preocupación son palpables entre los líderes indígenas que viven esta realidad a diario. Sus testimonios, recogidos en espacios de diálogo como el organizado por WWF-Colombia y la OPIAC, pintan un cuadro vívido de los desafíos que enfrentan.
Walter Buinaje Corsino: Entre la Tradición y las Nuevas Amenazas
Representante de la Asociación Zonal Indígena de Cabildos y Autoridades Tradicionales de La Chorrera (AZICATCH), Walter Buinaje describe cómo su territorio, hogar de los pueblos Huitoto, Bora, Ocaina, Andoque y Munaine, enfrenta presiones crecientes. “Hoy la situación no es la misma que hace 20 años”, afirma. “Las problemáticas del país están llegando: la minería, el conflicto, la tala de bosques, la pesca con químicos, los residuos”. A esto se suma la alteración del calendario ecológico por el cambio climático, con veranos e inviernos impredecibles e inundaciones más severas. “El país tiene un pensamiento de desarrollo capitalista”, reflexiona. “Para nosotros el desarrollo no es la infraestructura, la minería. Todo está en la cultura, en el conocimiento que nos dio el padre creador para manejar nuestro territorio”.
Héctor Gómez Tello: La Lucha por la Soberanía Territorial
Desde Tarapacá, Amazonas, Héctor Gómez Tello narra la batalla constante por proteger su territorio de 95,000 hectáreas. “Antes había muchas madereras, tocó peleas, fue duro, no es que nos hayan dado territorio solo por ser indígenas”, recuerda. Aunque lograron frenar la deforestación y ahora enriquecen el bosque, la sostenibilidad es precaria. “Vivimos al día a día, se dificulta mucho la soberanía sobre el territorio. Hay amenazas por la minería río arriba, colonos en el casco urbano, pocos recursos para cuidar y restaurar”.
Luis Alberto López Jamioy: Cuidar la Amazonía para Todos
Consejero indígena del pueblo Inga de Putumayo, Luis Alberto López Jamioy resume el sentimiento general. “Por cultura y tradición hemos conservado el territorio, pero pareciera que hay que dañarlo para ser compensado”. Él subraya que la Amazonía no es un espacio vacío, sino un hogar para 57 pueblos indígenas en Colombia, cada uno con una relación única con su entorno. “Cuidamos la Amazonía para todos. No solo para nosotros, también para los del norte, los del sur, los del centro. La Amazonía nos permite respirar más tranquilos, tener agua”. El peligro, advierte, es que la falta de recursos y la presión de necesidades creadas por el mundo occidental empujen a las comunidades a buscar sustento en actividades destructivas como la minería o la tala ilegal.

El Dilema de la Conservación: Una Comparativa de Enfoques
Para visualizar la inequidad del sistema actual, podemos comparar dos escenarios hipotéticos bajo el mecanismo REDD+ tradicional.
| Criterio | Escenario A: Comunidad con Alta Deforestación Histórica | Escenario B: Comunidad con Conservación Ancestral |
|---|---|---|
| Tasa de Deforestación Inicial | Alta (Ej: 5% anual) | Cercana a cero (Ej: 0.1% anual) |
| Potencial de Reducción (según REDD+) | Alto. Reducir del 5% al 2% se considera un éxito medible. | Nulo o muy bajo. No se puede “reducir” una tasa que ya es mínima. |
| Acceso a Fondos REDD+ | Elegible para recibir compensación económica significativa. | Generalmente no elegible o con acceso muy limitado a fondos. |
| Justicia Climática | El sistema premia a quien antes degradaba el ecosistema. | El sistema castiga o ignora a quien ha protegido el ecosistema por generaciones. |
Hacia un Mecanismo más Justo: La Búsqueda de Soluciones
Afortunadamente, la conciencia sobre esta falla estructural está creciendo. Organizaciones como WWF-Colombia, la OPIAC, la Fundación Natura y Forest Trends están impulsando un diálogo crucial para corregir los vacíos de REDD+. El objetivo es claro: diseñar e implementar mecanismos que también premien a las comunidades que han conservado históricamente los bosques. Esto implica un cambio de paradigma, pasando de un enfoque puramente basado en la “reducción” de la deforestación a uno que valore el “mantenimiento” de los bosques en pie.
Las propuestas incluyen la creación de fondos específicos para territorios conservados, el desarrollo de programas de Pagos por Servicios Ambientales (PSA) que reconozcan el valor del carbono almacenado, la biodiversidad protegida y el agua regulada por estos bosques, y, fundamentalmente, la inclusión del enfoque indígena en todas las estrategias nacionales de cambio climático. Se trata de reconocer que la conservación no es un acto pasivo, sino un trabajo activo que requiere recursos para la gobernanza territorial, la vigilancia, la restauración y el fortalecimiento de las economías locales sostenibles. El trabajo de WWF con la organización AZICATCH para visibilizar sus estrategias propias de conservación es un paso en esta dirección: empoderar desde la base para incidir en las políticas globales.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué un programa ambiental como REDD+ no premia a quienes mejor conservan?
La razón principal es técnica y conceptual. REDD+ fue diseñado para medir el “cambio” en la tasa de deforestación contra una línea de base histórica. Las comunidades con deforestación cero o muy baja no pueden demostrar una “reducción” significativa, por lo que quedan fuera del cálculo de incentivos. Es una falla de diseño que no contempla el valor de la conservación proactiva y sostenida en el tiempo.
¿Qué pasaría si estas comunidades indígenas no reciben apoyo?
La falta de recursos las deja vulnerables a enormes presiones externas. Como mencionan sus líderes, la minería ilegal, la tala, la expansión de la frontera agrícola y otras economías ilícitas ven sus territorios como “vacíos” y explotables. Sin apoyo para fortalecer su gobernanza y sus medios de vida sostenibles, el riesgo de que estos bastiones de conservación comiencen a degradarse es muy real, lo que sería una tragedia para ellos y para el planeta.
¿Cómo se puede solucionar este problema?
La solución pasa por reformar los mecanismos financieros climáticos para que reconozcan y recompensen el acto de conservar. Esto puede incluir la creación de un “REDD+ Indígena Amazónico” o fondos paralelos que financien directamente los planes de vida y manejo territorial de las comunidades. La clave es valorar el bosque en pie y el conocimiento ancestral que lo protege, en lugar de solo valorar la reducción de su destrucción.
En definitiva, la lucha por la Amazonía es una lucha por la justicia climática. Reconocer y compensar a los pueblos indígenas no es un acto de caridad, sino una estrategia inteligente y necesaria para la supervivencia global. Son ellos quienes han demostrado, durante siglos, la forma más efectiva de proteger los ecosistemas más vitales de la Tierra. Ignorarlos no es solo una injusticia, es un error estratégico que no podemos permitirnos cometer.
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