25/06/2019
En el gélido diciembre de 2009, los ojos del mundo estaban puestos en la capital danesa. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP15) en Copenhague estaba destinada a ser un momento histórico, el lugar donde se forjaría un tratado global, ambicioso y legalmente vinculante para suceder al Protocolo de Kyoto. Las expectativas eran monumentales, pero lo que emergió de negociaciones tensas y caóticas fue un documento mucho más modesto y controvertido: el Acuerdo de Copenhague. Aunque en su momento fue calificado por muchos como una gran decepción, una mirada más profunda revela un texto complejo cuyo legado ha influido en la diplomacia climática hasta nuestros días.

¿En qué consistió el Acuerdo de Copenhague?
El Acuerdo de Copenhague fue, en esencia, una declaración de intenciones políticas negociada en las últimas horas de la cumbre por un pequeño grupo de líderes mundiales, incluyendo a Estados Unidos, China, India, Brasil y Sudáfrica. A diferencia de un tratado internacional, no fue "adoptado" formalmente por consenso por todas las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En su lugar, la plenaria simplemente "tomó nota" de su existencia, un tecnicismo diplomático que reflejaba la profunda división entre los países.
A pesar de su naturaleza no vinculante, el acuerdo contenía varios elementos fundamentales que marcarían el futuro de las negociaciones climáticas:
- Reconocimiento del Límite de 2°C: Por primera vez en un documento de esta índole, se reconoció explícitamente la necesidad de mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de los 2 grados Celsius con respecto a los niveles preindustriales. Este objetivo se convertiría en la piedra angular de la política climática global.
- Principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas: El texto, como se cita en su preámbulo, subraya la urgencia de combatir el cambio climático "respetando el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y las capacidades respectivas". Esto reconoce que, si bien todos los países tienen un papel que desempeñar, las naciones desarrolladas tienen una mayor responsabilidad histórica y mayores capacidades para actuar.
- Compromisos Nacionales: El acuerdo introdujo un enfoque "de abajo hacia arriba". En lugar de imponer objetivos de reducción de emisiones desde un organismo superior (como hacía Kyoto con los países desarrollados), invitaba a todos los países a presentar sus propios objetivos de mitigación para 2020. Los países desarrollados presentarían metas de reducción cuantificadas, mientras que los países en desarrollo presentarían acciones de mitigación apropiadas a nivel nacional (NAMAs).
- Financiación Climática: Se establecieron compromisos financieros concretos. Los países desarrollados se comprometieron a proporcionar una financiación de "vía rápida" de 30.000 millones de dólares para el período 2010-2012. Más importante aún, se fijó el objetivo a largo plazo de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para 2020 para ayudar a los países en desarrollo a mitigar y adaptarse al cambio climático. Este fue el germen del Fondo Verde para el Clima.
- Transparencia y Verificación: El acuerdo estableció mecanismos para la Medición, Reporte y Verificación (MRV) de las acciones, aunque con diferentes niveles de rigor para los países desarrollados y en desarrollo.
Altas Expectativas, Dura Realidad: El Drama de la COP15
Para entender la recepción del Acuerdo, es crucial recordar el ambiente previo a la cumbre. El mundo esperaba un "Kyoto 2.0", un tratado robusto y con fuerza de ley que incluyera a todas las grandes economías, especialmente a Estados Unidos (que nunca ratificó Kyoto) y a las potencias emergentes como China e India. Sin embargo, la realidad geopolítica era compleja.
Las negociaciones se estancaron por profundas desavenencias entre los bloques. Los países desarrollados pedían mayores compromisos de las grandes economías emergentes, mientras que estas últimas, agrupadas en el bloque BASIC (Brasil, Sudáfrica, India y China), insistían en la responsabilidad histórica de Occidente y en su derecho al desarrollo. Las naciones más vulnerables, como los pequeños estados insulares, sentían que sus voces eran ignoradas y que las propuestas sobre la mesa eran insuficientes para garantizar su supervivencia.
El proceso de negociación final fue caótico. El acuerdo fue redactado en reuniones a puerta cerrada, excluyendo a la mayoría de las 192 naciones presentes. Esta falta de transparencia y de inclusión provocó la ira de muchos delegados. Cuando el texto se presentó a la plenaria, países como Bolivia, Venezuela, Sudán y Tuvalu se opusieron frontalmente, impidiendo el consenso necesario para su adopción formal. La solución de "tomar nota" del acuerdo fue un parche diplomático que salvó a la cumbre del colapso total, pero que dejó un sabor amargo y una sensación generalizada de fracaso.
Tabla Comparativa: Logros vs. Críticas del Acuerdo
Para visualizar mejor el impacto dual del Acuerdo de Copenhague, podemos analizar sus puntos clave en una tabla comparativa:
| Aspecto Clave | Logro o Avance | Fracaso o Crítica Principal |
|---|---|---|
| Naturaleza del Acuerdo | Involucró por primera vez a todas las grandes economías (incluyendo EE. UU. y China) en un marco de acción común. | No es legalmente vinculante. Fue un acuerdo político con un estatus legal ambiguo dentro de la CMNUCC. |
| Objetivo de Temperatura | Consagró el objetivo de limitar el calentamiento global por debajo de 2°C, proporcionando una meta científica clara. | Los compromisos de reducción presentados por los países eran insuficientes para alcanzar dicho objetivo. |
| Compromisos de Reducción | Introdujo el modelo de contribuciones nacionales voluntarias, sentando las bases para el sistema del Acuerdo de París. | La suma de las promesas voluntarias conducía a un calentamiento estimado de 3-3.5°C, muy por encima del objetivo. |
| Financiación Climática | Estableció por primera vez metas financieras concretas y ambiciosas, como los 100.000 millones de dólares anuales. | La definición de qué contaba como "financiación climática" era vaga y el cumplimiento de la meta ha sido objeto de controversia. |
| Proceso y Transparencia | Logró un texto de consenso entre las principales potencias económicas del mundo. | Proceso de negociación excluyente y opaco que minó la confianza en el multilateralismo y generó un fuerte rechazo. |
El Legado Inesperado: Un Puente hacia el Acuerdo de París
A pesar de la inmensa decepción inicial, la historia ha sido algo más amable con el Acuerdo de Copenhague. Con el tiempo, muchos analistas han llegado a verlo no como un punto final, sino como un paso intermedio y necesario en la evolución de la gobernanza climática global. Sentó las bases arquitectónicas de lo que seis años más tarde se convertiría en el histórico Acuerdo de París de 2015.
El modelo de "contribuciones determinadas a nivel nacional" (NDCs) del Acuerdo de París es una evolución directa del sistema de promesas voluntarias de Copenhague. Se reconoció que un enfoque puramente "de arriba hacia abajo" como el de Kyoto ya no era políticamente viable en un mundo multipolar. Copenhague forzó a todas las naciones, ricas y pobres, a reflexionar sobre lo que podían aportar, creando un sistema más inclusivo y universal.

Asimismo, el objetivo financiero de los 100.000 millones de dólares, aunque polémico en su cumplimiento, se convirtió en un pilar central de las negociaciones posteriores, simbolizando el compromiso de solidaridad y apoyo de los países desarrollados hacia los más vulnerables. Copenhague, con todas sus fallas, fue un baño de realidad que obligó a la comunidad internacional a abandonar viejos paradigmas y a buscar un nuevo consenso, uno que finalmente se materializó en París.
Preguntas Frecuentes sobre el Acuerdo de Copenhague
¿Sigue vigente el Acuerdo de Copenhague?
No como un instrumento principal. Ha sido completamente superado por el Acuerdo de París (2015), que es el marco de gobernanza climática global actual. Sin embargo, su influencia en la estructura y los conceptos de París es innegable.
¿Por qué Estados Unidos apoyó este acuerdo y no el Protocolo de Kyoto?
El Protocolo de Kyoto solo imponía obligaciones de reducción a los países desarrollados y fue percibido por el Senado de EE. UU. como una carga injusta que no incluía a competidores económicos como China. El Acuerdo de Copenhague, al requerir acciones de todos los grandes emisores, se alineaba mejor con la posición política estadounidense de la época.
¿Qué significa que la Conferencia "tomó nota" del acuerdo?
En la jerga de la ONU, "tomar nota" es el nivel más bajo de reconocimiento formal. Significa que la Conferencia reconoce la existencia del documento, pero no lo aprueba, ni lo adopta, ni lo respalda como una decisión consensuada de todas las partes. Fue una solución de compromiso para evitar un colapso total de la cumbre ante la falta de unanimidad.
¿Cuál fue el papel de la ciudad de Copenhague en todo esto?
La ciudad de Copenhague y el gobierno de Dinamarca fueron los anfitriones de la cumbre. A pesar del resultado diplomático, su labor organizativa y su hospitalidad fueron ampliamente reconocidas, hasta el punto de que en los documentos finales se incluyó un agradecimiento formal a la población de la ciudad por la cálida acogida dispensada a los miles de participantes.
En conclusión, el Acuerdo de Copenhague es un capítulo fascinante y complejo en la historia de la lucha contra el cambio climático. Fue el producto de un choque entre altas ambiciones y una dura realidad geopolítica. Si bien no cumplió las enormes expectativas depositadas en él, sus ideas y su arquitectura imperfecta sirvieron como un borrador crucial, un puente necesario que, a través de las lecciones aprendidas de sus propios errores, ayudó a pavimentar el camino hacia el consenso global alcanzado en París.
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