15/09/2022
Imaginar la Jerusalén de hace dos milenios es transportarse a un hervidero de fervor religioso, tensión política y profundas desigualdades sociales. Palestina, un cruce de caminos entre continentes, se encontraba bajo el férreo dominio del Imperio Romano. En sus calles polvorientas convivían la opulencia de unos pocos con la miseria de la mayoría, mientras grupos radicales soñaban con una rebelión que restaurara la gloria de Israel. En este complejo escenario, la figura de Jesús de Nazaret emerge no solo como un líder espiritual, sino como un agente de ruptura que desafió los cimientos mismos de aquella sociedad estratificada y conflictiva.

Un Territorio Bajo el Yugo de Roma
En los días de Jesús, Palestina no era una nación unificada e independiente. Estaba dividida en varias regiones, como Judea, Galilea y Samaria, todas sometidas al poder imperial de Roma. El gobierno directo lo ejercía un representante del emperador, un procurador que ostentaba el poder militar y financiero supremo. Durante gran parte del ministerio de Jesús, este cargo lo ocupó Poncio Pilato, un hombre descrito por sus contemporáneos como inflexible, despiadado y corrupto.
Pilato residía en Cesarea, pero se trasladaba a Jerusalén durante las grandes fiestas judías para vigilar de cerca a las multitudes desde la imponente Torre Antonia, adyacente al Templo. Su poder era casi absoluto: controlaba la recaudación de impuestos para el fisco imperial y, aunque la justicia ordinaria la administraba el Sanedrín judío, la ejecución de la pena de muerte era una prerrogativa exclusiva del procurador romano. Sus acciones a menudo provocaban la ira del pueblo, como cuando introdujo estandartes con la imagen del emperador en la ciudad santa o cuando exigió dinero del tesoro del Templo para construir un acueducto. Las protestas eran reprimidas con una violencia brutal, ejecutada por soldados que no eran romanos, sino sirios y griegos reclutados en la región que albergaban un odio histórico hacia los judíos. Este rencor explica en parte la crueldad y el ensañamiento con que trataron a Jesús, a quien veían como otro pretendiente a ser "rey de los judíos".
La sociedad palestina del siglo I estaba marcada por una brecha abismal entre una élite minúscula y una inmensa mayoría empobrecida. La clase media era prácticamente inexistente.
Los Ricos y Poderosos
En la cúspide de la pirámide social se encontraban los ricos, un grupo reducido pero inmensamente poderoso. Entre ellos destacaban:
- La Dinastía Herodiana: Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, gobernaba Galilea como un vasallo de Roma. Su corte era un centro de lujo y poder, financiado por una plaga de impuestos que llevaba a los campesinos a la ruina y concentraba la tierra en manos de unos pocos.
- La Aristocracia Sacerdotal: Unas pocas familias de sumos sacerdotes, en su mayoría saduceos, controlaban el Templo de Jerusalén. Administraban su inmenso tesoro y se enriquecían con los ingresos del culto, convirtiéndose en una de las facciones más adineradas del país.
- Grandes Terratenientes y Comerciantes: Aliados de los anteriores, conformaban una élite conservadora en lo político y religioso, interesada en mantener el status quo que garantizaba sus privilegios.
La Mayoría Empobrecida y los Marginados
La gran mayoría de la población vivía en la pobreza o en el umbral de la supervivencia. Este grupo heterogéneo incluía:
- Jornaleros: Campesinos sin tierra que trabajaban de sol a sol por un denario al día, un salario que apenas alcanzaba para el sustento diario.
- Artesanos y Pequeños Comerciantes: Luchaban por subsistir en un sistema que los oprimía con impuestos.
- Mendigos y Enfermos: Cojos, ciegos y lisiados abarrotaban las puertas del Templo, viviendo de la limosna, una de las prácticas piadosas fundamentales del judaísmo.
- Los "Publicanos": Eran los recaudadores de impuestos al servicio de Roma. Se les consideraba pecadores públicos y traidores. El sistema de arriendo de impuestos fomentaba la extorsión, ya que su ganancia provenía de cobrar más de la tarifa oficial. Eran despreciados y excluidos de la vida social y religiosa, despojados de sus derechos civiles y considerados impuros.
Fervor Religioso y Radicalismo Político
La opresión romana y la desigualdad social alimentaban un intenso anhelo de liberación. Este sentimiento se canalizaba a través de diferentes grupos con visiones contrapuestas sobre cómo debía actuar Israel.
Los Zelotes: Celo Ferviente por la Ley y la Espada
Representaban el ala más radical y militante del judaísmo. Su lema era "sólo Dios reina en Israel", y consideraban cualquier sumisión a un poder terrenal, especialmente al emperador pagano, como un acto de idolatría. Pagar el impuesto al César era un pecado. Para los Zelotes, la llegada del Reino de Dios debía ser acelerada mediante la acción violenta y la lucha armada. Eran fanáticos en su observancia de la Ley y no dudaban en recurrir al terrorismo, el sabotaje y el asesinato contra los romanos y sus colaboradores judíos. Los romanos los consideraban simples bandidos, pero su ideología prendió con fuerza en una población desesperada, culminando en la gran revuelta del año 66 que llevaría a la destrucción de Jerusalén. Uno de los apóstoles de Jesús, Simón, llevaba el sobrenombre de "el Zelote".

La Mujer en una Sociedad Patriarcal
La situación de la mujer en la Palestina del siglo I era de absoluta subordinación. La sociedad era rigurosamente patriarcal, y la mujer era considerada, en muchos aspectos, propiedad del varón. Su estatus legal y social se resumía en la expresión común que la agrupaba con "esclavos (paganos) y niños".
- Subordinación Legal: Una mujer estaba siempre bajo la tutela de un hombre: primero su padre, luego su marido, y si quedaba viuda sin hijos, su cuñado. El padre podía casarla, y el marido era su dueño, con derecho sobre sus ingresos.
- Exclusión Religiosa: Aunque estaban obligadas a cumplir las prohibiciones de la Ley, las mujeres estaban exentas de muchos deberes religiosos. En el Templo y las sinagogas, ocupaban lugares secundarios y separados. No contaban para formar el quórum mínimo de diez varones necesario para el culto. Una oración judía de la época agradecía a Dios por no haber nacido pagano, esclavo o mujer.
- Marginación Educativa y Social: No recibían instrucción religiosa y su testimonio no era válido en un tribunal. En público, debían llevar el rostro cubierto y las normas de educación prohibían a un hombre hablar con una mujer en la calle, saludarla o quedarse a solas con ella.
- El Divorcio, un Derecho Masculino: Solo el marido podía repudiar a su esposa, y podía hacerlo por motivos tan triviales como quemar la comida. El adulterio de la mujer se castigaba con la lapidación, mientras que para el varón no había castigo.
Jesús: Una Figura de Ruptura y Contraste
En este mundo de rígidas jerarquías, la actitud y el mensaje de Jesús resultaron profundamente revolucionarios. Sus acciones desafiaron directamente las estructuras de poder, la exclusión social y la opresión de género.
Frente a la Riqueza y el Poder
Jesús desenmascaró el poder corruptor de la riqueza con una dureza inusitada. Sus enseñanzas eran una advertencia constante contra la codicia y la acumulación de bienes: "No pueden servir a Dios y al dinero", "¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!", "¡Con qué dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen dinero!". Enfrentó a los ricos y poderosos, criticando su hipocresía y su falta de justicia.
Acogiendo a los Excluidos
Su comportamiento con los publicanos fue un escándalo para los piadosos. No solo llamó a uno de ellos, Leví, para ser uno de sus discípulos más cercanos, sino que comía en sus casas, compartiendo la mesa con ellos y con otros considerados "pecadores". Para la mentalidad de la época, compartir la mesa era un signo de aceptación y comunión. Con esta actitud, Jesús declaraba que el Reino de Dios estaba abierto precisamente para aquellos que la sociedad religiosa había excluido. Su afirmación de que "los recaudadores y las prostitutas se dirigen, en lugar de ustedes, al reino de Dios" fue una provocación directa a la élite sacerdotal.
Dignificando a la Mujer
Quizás donde su actitud fue más radicalmente contracultural fue en su trato hacia las mujeres. Jesús rompió todos los tabúes:
- Conversó larga y profundamente en público con una mujer samaritana, acumulando tres transgresiones: era mujer, extranjera y considerada pecadora.
- Permitió que un grupo de mujeres lo siguieran como discípulas, viajando con él y ayudándolo con sus bienes, algo inaudito y socialmente inaceptable.
- Defendió a la mujer adúltera de ser lapidada, desafiando la ley de Moisés y exponiendo la hipocresía de sus acusadores.
- Elogió la fe de mujeres paganas y la generosidad de viudas pobres, poniéndolas como ejemplo por encima de los hombres ricos y piadosos.
- Rechazó el divorcio como un privilegio masculino y redefinió el matrimonio como una unión igualitaria querida por Dios desde la creación: "lo que Dios ha unido, un hombre no lo separe".
Los Evangelios destacan que, mientras sus discípulos varones lo abandonaron en el momento de la crucifixión, fueron sus seguidoras mujeres quienes permanecieron fieles hasta el final, siendo también las primeras testigos de su resurrección.
| Grupo Social | Posición en la Sociedad | Actitud de Jesús hacia ellos |
|---|---|---|
| Ricos (Saduceos, Herodianos) | Élite poderosa, colaboradora con Roma, controladora del Templo. | Crítica a su hipocresía y apego a la riqueza. Advertencia sobre la dificultad para entrar en el Reino de Dios. |
| Publicanos | Marginados, odiados como traidores y pecadores públicos. | Acogida, amistad, llamado al discipulado. Símbolo de la misericordia de Dios para los excluidos. |
| Zelotes | Nacionalistas radicales que abogaban por la violencia contra Roma. | Aunque su mensaje de paz contrastaba con la violencia zelote, eligió a uno de ellos como apóstol. |
| Mujeres | Consideradas inferiores, sin derechos legales, religiosos ni sociales. | Dignificación radical. Las trató como iguales, las aceptó como discípulas y defendió sus derechos. |
| Pobres y Enfermos | La gran mayoría de la población, oprimidos y sin esperanza. | El centro de su misión. Mostró compasión, los curó y anunció que el Reino de Dios era para ellos. |
Preguntas Frecuentes
- ¿Quién gobernaba realmente en Jerusalén en tiempos de Jesús?
- Existía un doble poder. El Sanedrín (consejo judío) manejaba los asuntos religiosos y la justicia civil, pero el poder último, especialmente el militar y la potestad de ejecutar a alguien, estaba en manos del procurador romano, el representante directo del emperador.
- ¿Por qué eran tan odiados los publicanos o recaudadores de impuestos?
- Eran odiados por dos razones principales: primero, por ser colaboradores de la odiada potencia ocupante, Roma, siendo vistos como traidores. Segundo, porque el sistema de recaudación les permitía enriquecerse mediante la extorsión, cobrando más de lo estipulado, lo que los convertía en símbolos de la corrupción y la opresión económica.
- ¿Cuál era la situación real de la mujer?
- La mujer vivía en una situación de completa subordinación al hombre. No tenía autonomía legal, estaba excluida de la vida pública y religiosa, y era vista con desconfianza. Su valor residía principalmente en su capacidad para dar hijos varones.
- ¿En qué sentido fue revolucionaria la actitud de Jesús?
- Fue revolucionaria porque subvirtió el orden social y religioso establecido. Al dar prioridad a los pobres sobre los ricos, acoger a los marginados y tratar a las mujeres como iguales, Jesús desafió las bases de una sociedad construida sobre el poder, el privilegio masculino y la pureza ritual. Su mensaje proponía una nueva comunidad basada en la justicia, la misericordia y la igualdad fundamental de todas las personas ante Dios.
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