09/06/2022
El glifosato es, sin lugar a dudas, el herbicida más utilizado en el mundo. Presente en más de 750 productos, su uso se ha disparado con la llegada de los cultivos genéticamente modificados diseñados para resistirlo. Es el pilar de un modelo agrícola que promete eficiencia y altos rendimientos. Sin embargo, detrás de su éxito comercial se esconde una profunda y alarmante controversia que enfrenta a agencias reguladoras, científicos, corporaciones y, en el centro de todo, a las comunidades cuya salud y entorno están en juego. Mientras los expertos debaten sobre dosis seguras y clasificaciones de riesgo en laboratorios y oficinas, en el campo, la gente respira, bebe y vive con las consecuencias de su uso masivo. Este artículo se adentra en el corazón del debate, contrastando la fría evidencia científica con la cruda realidad humana.

El Campo de Batalla Científico: ¿Es Cancerígeno el Glifosato?
La polémica sobre la seguridad del glifosato alcanzó un punto álgido en marzo de 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), un organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó al glifosato como “probablemente carcinogénico para humanos” (Grupo 2A). Esta conclusión no fue tomada a la ligera; un panel de 17 expertos de 11 países revisó la evidencia disponible y encontró méritos para la preocupación.
Los argumentos de la IARC se basaron en tres pilares:
- Evidencia limitada en humanos: Estudios de casos y controles en EE. UU., Canadá y Suiza mostraron un riesgo aumentado de linfoma no-Hodgkin en trabajadores agrícolas expuestos al herbicida.
- Evidencia suficiente en animales de experimentación: En estudios con roedores, el glifosato se asoció con un aumento en tumores raros como el carcinoma de túbulos renales y el hemangiosarcoma en ratones macho.
- Fuerte evidencia mecanicista: Se demostró que tanto el glifosato como sus formulaciones comerciales podían inducir daño en el ADN y los cromosomas en células humanas y de mamíferos, además de generar estrés oxidativo, un mecanismo conocido por contribuir al desarrollo del cáncer.
Sin embargo, esta evaluación no es la única. Otras agencias de prestigio han llegado a conclusiones marcadamente diferentes, sembrando la duda y alimentando el debate. La Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Plaguicidas (JMPR) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA) han sostenido posturas que contradicen a la IARC. En 2016, la JMPR concluyó que es “improbable que el glifosato sea genotóxico y carcinógeno a exposiciones en la dieta”. La controversia radica en gran medida en el tipo de evidencia que cada organismo prioriza. Mientras la IARC considera una amplia gama de estudios publicados, incluyendo aquellos sobre exposición ocupacional y formulaciones comerciales, la JMPR tiende a dar más peso a los estudios de cohortes prospectivos y a los datos regulatorios no publicados, a menudo financiados por la industria.
Tabla Comparativa de Evaluaciones sobre el Glifosato
| Organismo | Año de Evaluación | Clasificación / Conclusión Principal | Evidencia Clave Considerada |
|---|---|---|---|
| IARC (OMS) | 2015 | Probablemente carcinogénico para humanos (Grupo 2A) | Evidencia limitada en humanos (Linfoma no-Hodgkin), suficiente en animales y mecanismos de genotoxicidad. |
| JMPR (FAO/OMS) | 2016 | Improbable que sea carcinógeno a través de la dieta | Prioriza estudios de cohortes sobre casos y controles; concluye que no es genotóxico a dosis relevantes para la dieta. |
| AESA (UE) | 2015 | No hay evidencias científicas que demuestren el vínculo | Basado en su propia revisión de la literatura, a menudo alineada con los estudios de la industria. |
La Ingesta Diaria Admisible (IDA): Una Cifra en Disputa
En medio de esta controversia, surge la pregunta práctica: ¿cuánto glifosato es seguro consumir? La JMPR estableció una ingesta diaria admisible (IDA) de 0 a 1 miligramo por kilogramo de peso corporal. Esta cifra se define como la cantidad de una sustancia que una persona puede ingerir diariamente durante toda su vida sin un riesgo apreciable para su salud. Es importante destacar que esta IDA se basó en efectos observados en las glándulas salivales de animales de laboratorio, no en el riesgo de cáncer, ya que la JMPR desestimó este último. Sin embargo, esta cifra es objeto de un intenso escrutinio. Los críticos argumentan que la IDA no tiene en cuenta la exposición a través de otras vías (como la inhalación durante las fumigaciones), los efectos de los cócteles de agrotóxicos a los que la población está expuesta, ni los posibles efectos disruptores endocrinos a dosis muy bajas.
Más Allá de las Cifras: El Rostro Humano de la Contaminación
Mientras la batalla científica se libra en publicaciones y conferencias, la realidad en el terreno es ineludible y trágica. En Argentina, uno de los países que más utiliza glifosato debido a su modelo de producción de soja transgénica, el impacto humano es devastador. Barrios como "Nicolle" en La Matanza, Buenos Aires, viven literalmente arrinconados entre un basural y un campo de soja fumigado constantemente.
Los testimonios son desgarradores. Gladys, una vecina, cuenta: “Yo me tengo que estar cambiando de lugar por el problema de salud que tenemos yo y mi hija, que está embarazada... El bebé no le crece y ella ya perdió medio pulmón”. El olor a químico es parte del paisaje. Produce picazón en la garganta e irritación en los ojos. El agua de la canilla, cuando sale, es amarilla, marrón o aceitosa. Carolina, otra madre, muestra las manchas blancas en el cuerpo de su hija de 12 años, quien además sufre de ardor en la piel y la garganta.

A 250 kilómetros, en Pergamino, declarada "Capital Nacional de la Semilla", la historia se repite. Sabrina Ortiz perdió un embarazo de cinco meses mientras sufría los síntomas clásicos de la intoxicación por fumigación: mareos, náuseas, brotes en la piel. Sus otros hijos mostraron niveles de tóxicos en sus cuerpos hasta 120 veces superiores a lo tolerable. En el barrio Santa Julia se han contabilizado 53 casos de cáncer en apenas 8 manzanas.
Un Modelo de Producción que Enferma
Estos casos no son aislados; son el síntoma de un modelo productivo que prioriza el rendimiento económico sobre la salud pública y ambiental. La lógica es simple: se diseña una semilla genéticamente para resistir un herbicida que mata todo lo demás. Esto, que se vendió como una solución, se convirtió en una trampa. Las malezas se vuelven resistentes, obligando a los productores a usar cada vez más cantidad de veneno y a mezclar diferentes tipos de agrotóxicos, creando cócteles químicos de efectos desconocidos. La industria, liderada por gigantes multinacionales, facturó en Argentina cerca de 2.800 millones de dólares solo en 2019. Un negocio millonario cuyas externalidades negativas —enfermedad, contaminación y sufrimiento— no figuran en sus balances.
La respuesta del Estado suele ser la inacción o, peor aún, el silenciamiento. Médicos como Damián Verseñazzi, de la Universidad Nacional de Rosario, dirigió "campamentos sanitarios" que relevaron la salud de 40 localidades. Sus hallazgos fueron alarmantes: las tasas de cáncer, abortos espontáneos, hipotiroidismo y problemas neurológicos eran mucho más altas que las estadísticas oficiales. El 90% de los afectados vivía a menos de mil metros de zonas de fumigación. Tras presentar sus datos en el tribunal de La Haya, su oficina fue clausurada y el proyecto, eliminado.
El Veneno que Cae del Cielo: Una Amenaza Invisible
La amenaza ya no se limita a las zonas rurales. La contaminación se ha vuelto sistémica. El investigador Damián Marino, del CONICET, ha demostrado la presencia de glifosato y otros plaguicidas en el agua de lluvia de grandes ciudades. Su equipo estima que el 8% de lo que se aplica en los campos retorna a la atmósfera y se distribuye por todas partes. Esto significa que nadie está a salvo. La exposición ya no es solo aguda para el trabajador rural, sino crónica y generalizada para toda la población, a través del aire, el agua y los alimentos. “A cada argentino le corresponden 10 litros de agroquímicos por año”, enfatiza Marino. El drama está en estas exposiciones crónicas, a bajas dosis, que no matan en un día, pero que generan un estrés biológico constante en nuestras células, abriendo la puerta a enfermedades a largo plazo.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué es el glifosato y para qué se usa?
El glifosato es un herbicida de amplio espectro, lo que significa que puede matar a la mayoría de las plantas. Es el ingrediente activo en productos como Roundup. Se utiliza masivamente en la agricultura, especialmente en cultivos transgénicos (soja, maíz, algodón) diseñados para resistirlo, así como en silvicultura, jardinería y mantenimiento de áreas urbanas.

¿La OMS dice que el glifosato causa cáncer?
La respuesta es compleja. Un organismo de la OMS, la IARC, lo clasificó en 2015 como "probablemente cancerígeno para humanos". Sin embargo, otro grupo de trabajo conjunto de la FAO y la OMS, la JMPR, concluyó en 2016 que es "improbable" que cause cáncer a través de la exposición en la dieta. Esta contradicción es el núcleo del debate científico actual.
¿Cuál es la dosis segura de glifosato?
La JMPR estableció una Ingesta Diaria Admisible (IDA) de 0-1 mg por kg de peso corporal. No obstante, esta cifra es controvertida, ya que se basa en la premisa de que no es cancerígeno y no siempre considera todas las vías de exposición ni los efectos combinados con otros químicos.
¿Cómo afecta el glifosato a las personas que viven cerca de los campos?
Los testimonios y estudios en comunidades de zonas fumigadas reportan una alta incidencia de problemas respiratorios, afecciones en la piel, irritación de ojos y garganta, mareos, náuseas, así como un aumento alarmante en las tasas de abortos espontáneos, malformaciones congénitas y varios tipos de cáncer.
¿Estoy a salvo si vivo en la ciudad?
Aunque el riesgo de exposición aguda es mucho menor, la evidencia científica ha demostrado que el glifosato y otros pesticidas son transportados por el viento y se depositan con la lluvia, contaminando el aire y el agua incluso en áreas urbanas lejanas a los campos. La exposición crónica a bajas dosis es una preocupación creciente para toda la población.
La discusión sobre el glifosato es mucho más que un debate técnico sobre toxicología. Es un reflejo de un sistema que a menudo valora más las ganancias a corto plazo que la salud a largo plazo de su gente y de sus ecosistemas. Mientras las agencias discuten, una mujer en La Matanza mira el agua turbia que sale de su grifo, un médico en Rosario lucha por que sus datos no sean enterrados y una madre en Pergamino llora la pérdida de su hijo. Como sentenció una vecina de un pueblo fumigado: “Acá ya no nos morimos de viejos”. Esa frase, cargada de una resignación dolorosa, debería ser suficiente para exigir un principio de precaución y repensar el modelo de raíz.
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