¿Cómo contamina el atún El Mercurio?

El Peligro Oculto en la Lata de Atún

26/06/2013

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El atún enlatado es un pilar en la despensa de millones de hogares en todo el mundo. Es rápido, versátil, económico y, hasta ahora, considerado una fuente saludable de proteínas y omega-3. Sin embargo, una sombra tóxica se cierne sobre este alimento básico. Un reciente y alarmante estudio realizado por las organizaciones no gubernamentales Bloom y Foodwatch ha puesto en jaque nuestra percepción del atún, revelando una verdad incómoda: la contaminación por mercurio no es una excepción, sino la norma.

¿Cuántos gramos de atún se puede comer al mes?
Además, los menores de entre 10 y 14 años "deberían limitar el consumo de esas cuatro especies a 120 gramos al mes". En el texto, Lurueña resalta que estas recomendaciones se refieren exclusivamente al atún rojo, "que no es el que solemos consumir en conserva".
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Un Estudio Revelador: La Verdad Detrás de la Lata

La investigación, llevada a cabo en cinco países europeos clave como España, Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido, es contundente. Se analizaron 148 latas de atún seleccionadas al azar de los estantes de los supermercados. Los resultados, procesados por un laboratorio independiente, no dejaron lugar a dudas: el 100% de las muestras estaban contaminadas con mercurio. Este hallazgo por sí solo es motivo de preocupación, pero el detalle del estudio agrava la situación. Más de la mitad de las latas analizadas superaban el límite máximo de mercurio (0,3 mg/kg) que la propia regulación europea establece para otras especies de pescado. Esto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿por qué el atún tiene un permiso especial para estar más contaminado?

¿Por Qué el Atún? El Viaje del Mercurio Hasta Tu Plato

Para entender por qué el atún es particularmente vulnerable a la contaminación por mercurio, debemos mirar hacia los océanos y los procesos ecológicos que ocurren en ellos. El mercurio no se origina en el atún, sino que llega a él a través de un largo y peligroso viaje.

De la Industria al Océano: El Origen del Problema

La principal fuente de mercurio en el medio ambiente es la actividad humana. La quema de combustibles fósiles (especialmente el carbón en centrales eléctricas), la minería, los procesos industriales y la incineración de residuos liberan toneladas de mercurio a la atmósfera cada año. Este mercurio viaja por el aire y finalmente se deposita en ríos, lagos y, sobre todo, en los océanos. Una vez en el agua, ciertos microorganismos y bacterias lo transforman en una forma orgánica mucho más peligrosa: el metilmercurio. Esta es la forma de mercurio que se absorbe fácilmente en los tejidos de los seres vivos y que se acumula en la cadena alimentaria.

Biomagnificación: La Escalada Tóxica en la Cadena Alimentaria

Aquí es donde entra en juego el concepto de biomagnificación. El proceso comienza con el plancton, que absorbe pequeñas cantidades de metilmercurio del agua. Luego, peces pequeños se alimentan de este plancton, acumulando el mercurio de todo el que consumen. A su vez, peces más grandes se comen a estos peces pequeños, y el mercurio sigue concentrándose. El atún, al ser un gran depredador que se encuentra en la cima de la cadena trófica oceánica, se alimenta de una gran cantidad de estos peces más pequeños a lo largo de su vida. Como resultado, acumula en su organismo concentraciones de mercurio mucho más altas que las de las especies que le sirven de alimento. Cuanto más grande y longevo es el atún, mayor es la carga tóxica que transporta.

El Escándalo Regulatorio: ¿Salud Pública o Beneficio Económico?

El informe de Bloom y Foodwatch destapa lo que califican como un "verdadero escándalo de salud pública". La legislación europea actual establece un límite máximo de mercurio de 1 mg/kg para el atún. Sin embargo, para la gran mayoría de otras especies de pescado, ese límite es tres veces más estricto: 0,3 mg/kg. ¿A qué se debe esta discrepancia? Según las ONGs, la razón no es sanitaria, sino económica. El límite para el atún se estableció en un nivel más alto para asegurar que el 95% de los atunes capturados pudieran ser comercializados sin infringir la ley. En esencia, la regulación se adaptó al nivel de contaminación del pez, y no a los niveles de seguridad recomendados para la salud humana. Esta laxitud normativa permite que un producto con niveles de mercurio potencialmente dañinos llegue a nuestra mesa de forma legal.

Los Riesgos para la Salud: Más Allá de una Simple Cifra

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica el mercurio como una de las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública. Su toxicidad afecta principalmente al sistema nervioso central y periférico. La exposición al metilmercurio, incluso en pequeñas cantidades, puede causar graves problemas de salud. Los síntomas pueden incluir trastornos neurológicos y de comportamiento, temblores, insomnio, pérdida de memoria, efectos neuromusculares, dolores de cabeza y disfunción cognitiva y motora. Los grupos más vulnerables son las mujeres embarazadas, los fetos en desarrollo y los niños pequeños. La exposición durante el embarazo puede afectar gravemente el cerebro y el sistema nervioso en desarrollo del bebé, teniendo consecuencias de por vida.

¿Qué Pescado Elegir? Guía de Consumo Consciente

Ante esta situación, el consumidor informado puede tomar decisiones para minimizar su exposición al mercurio sin renunciar a los beneficios del pescado. La clave está en la diversificación y la elección de especies con bajos niveles de contaminación.

Tabla Comparativa de Mercurio en Pescados y Mariscos

Nivel de MercurioEspeciesRecomendación de Consumo
BajoSardina, anchoa, salmón, calamar, langostino, trucha, merluza.Consumo recomendado y seguro, varias veces por semana.
MedioAtún claro enlatado (listado o barrilete), bonito, lubina.Consumo moderado. Limitar a 1-2 porciones por semana. Grupos vulnerables deben ser más cautelosos.
AltoAtún rojo, pez espada, tiburón (cazón), lucio.Evitar o consumir muy ocasionalmente. No recomendado para niños y mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.

Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre el Atún y el Mercurio

¿Es seguro comer atún enlatado?

El consumo de atún enlatado debe ser moderado. El atún claro (skipjack o barrilete) suele tener niveles de mercurio más bajos que el atún blanco (albacora) o el atún rojo. Es importante no basar la dieta exclusivamente en este pescado y alternarlo con otras especies de bajo mercurio.

¿Cuánto atún puede comer un adulto sano?

Las agencias de salud suelen recomendar no exceder de dos a tres porciones de atún claro enlatado por semana para un adulto promedio. Para el atún blanco (albacora), la recomendación se reduce a una porción por semana.

¿Los niños y las mujeres embarazadas pueden comer atún?

Estos grupos son especialmente vulnerables. Se les recomienda evitar por completo los pescados con alto contenido de mercurio como el atún rojo o el pez espada. Pueden consumir cantidades muy limitadas de atún claro enlatado (no más de una porción pequeña a la semana) y deben priorizar pescados con bajo contenido de mercurio como el salmón o las sardinas.

¿El tipo de envasado (aceite o agua) afecta al nivel de mercurio?

No. El mercurio se une a las proteínas del músculo del pescado, por lo que el líquido de cobertura (aceite, agua o escabeche) no altera significativamente la cantidad de mercurio en la carne del atún.

¿Qué piden las ONGs que se haga al respecto?

Bloom y Foodwatch exigen a la Comisión Europea que tome "medidas de emergencia". Su principal petición es que se elimine la excepción para el atún y se le aplique el mismo límite máximo de mercurio que al resto de pescados (0,3 mg/kg), priorizando la salud pública sobre los intereses comerciales de la industria pesquera.

Conclusión: Un Llamado a la Acción y la Conciencia

El atún en nuestras latas es el reflejo de la salud de nuestros océanos. La contaminación por mercurio es un problema global que empieza en nuestras industrias y termina en nuestro plato. El reciente estudio no solo nos alerta sobre un riesgo sanitario, sino que también nos invita a ser consumidores más críticos y exigentes. La solución pasa por una doble vía: por un lado, una regulación más estricta y protectora por parte de las autoridades; por otro, una mayor conciencia por parte de los ciudadanos, que podemos presionar con nuestras decisiones de compra, eligiendo alternativas más seguras y exigiendo transparencia a los productores. La salud de los océanos y la nuestra propia están intrínsecamente conectadas.

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