26/12/2021
En las últimas décadas, la conversación global sobre la crisis climática ha permeado casi todos los ámbitos de la sociedad, y la comunidad religiosa no es la excepción. Dentro del cristianismo, y específicamente en el mundo evangélico, ha surgido un debate tan apasionado como complejo: el ecologismo evangélico. Lejos de ser un movimiento monolítico, esta corriente de pensamiento revela una profunda fisura teológica que obliga a los creyentes a reexaminar su relación con el planeta. La discusión no gira en torno a datos científicos, sino a una pregunta fundamental: ¿Cuál es el rol del cristiano frente a la creación? La respuesta a esta pregunta se encuentra en la delicada y a menudo incomprendida relación entre dos pilares de la fe: la Creación y la Redención.

Una División Inesperada en el Mundo Evangélico
Para un observador externo, el evangelicalismo puede parecer un bloque unido en doctrina. Sin embargo, en la práctica, especialmente en temas sociales y éticos, las divisiones son notables. La cuestión ambiental es, quizás, uno de los ejemplos más claros de esta fractura. Por un lado, existe un creciente número de evangélicos, teólogos y organizaciones que abogan activamente por el cuidado del medio ambiente como un mandato bíblico ineludible.
Inspirados en una rica tradición teológica, especialmente la reformada, movimientos como la Red Evangélica Ambiental y figuras como Calvin DeWitt han desarrollado una robusta "ética de la corresponsabilidad". Para ellos, cuidar la tierra no es una agenda política de izquierda, sino un acto de adoración al Creador. Argumentan que la humanidad recibió el mandato en el Génesis de "labrar y guardar" el jardín, una responsabilidad que no fue anulada por la caída del hombre, sino que adquiere un nuevo significado a la luz de la obra redentora de Cristo.
En el polo opuesto, encontramos una resistencia significativa y vocal. Figuras mediáticas como Pat Robertson han ridiculizado las preocupaciones ambientales, sugiriendo que son exageradas o que la naturaleza puede cuidarse sola. En la literatura popular, novelas como "Esta patente oscuridad" de Frank Peretti llegan a retratar el movimiento ecologista como una herramienta de engaño espiritual. Teólogos y economistas como Calvin Beisner o Larry Burkett argumentan desde otra perspectiva: la creación fue dada a la humanidad para ser utilizada para su progreso y bienestar. Desde su punto de vista, las restricciones ambientales a menudo obstaculizan el desarrollo económico y la lucha contra la pobreza, contraviniendo el mandato de usar los recursos que Dios ha provisto. Para este grupo, el enfoque principal debe ser el Evangelio de la salvación de las almas, y cualquier otra cosa es una distracción peligrosa.
El Corazón Teológico del Debate: La Dialéctica Creación-Redención
Este profundo desacuerdo no es meramente político o científico; es fundamentalmente teológico. Su raíz se encuentra en la incapacidad de mantener una dialéctica correcta entre la doctrina de la Creación y la doctrina de la Redención. ¿Qué significa esto? Significa que ambas verdades deben informarse, corregirse e iluminarse mutuamente. No son dos obras separadas de Dios, sino dos actos interconectados de un mismo plan divino.
Si separamos la Creación de la Redención, caemos en errores teológicos. Afirmar que Dios es Redentor solo tiene sentido si primero afirmamos que el mundo que redime le pertenece como Creador. De lo contrario, Dios no sería un Redentor, sino un usurpador que arrebata el mundo a otra fuerza creadora. Del mismo modo, hablar de Dios como Creador sin su obra redentora nos dejaría en un mundo caído sin esperanza, sujeto a las fuerzas del pecado y la muerte. La buena noticia del cristianismo es que el Creador no ha abandonado su creación, sino que ha actuado en la historia a través de Jesucristo para redimirla.
El Riesgo del "Ecologismo Evangélico": Olvidar la Redención
El ala pro-ambiental del evangelicalismo, a pesar de sus nobles intenciones, a menudo corre el riesgo de debilitar el lado redentor de la ecuación. Su lenguaje se centra en términos como "cuidado de la tierra", "administración" o "cuidar el jardín". Si bien son conceptos bíblicos, pueden implicar sutilmente que el mundo está fundamentalmente bien y solo necesita un poco de mantenimiento. Esta visión puede minimizar la grave realidad del pecado y sus consecuencias cósmicas. Ya no vivimos en el Edén; vivimos en un mundo caído, marcado por "espinos y cardos", donde la muerte reina.
El peligro conceptual es desarrollar una ética ambiental que, en la práctica, se desconecta del poder transformador del Evangelio. El cuidado de la creación se convierte en una buena obra, una responsabilidad moral, pero no necesariamente en un testimonio de la obra de Cristo. Al buscar una causa común con otros grupos ecologistas no creyentes, existe la tentación de diluir el mensaje, presentando una ética teocéntrica como si fuera simplemente antropocéntrica (centrada en el hombre) o geocéntrica (centrada en la Tierra). La motivación cristiana para cuidar el planeta no es solo la supervivencia humana o el valor intrínseco de la naturaleza, sino, en última instancia, dar testimonio del Dios que amó tanto al mundo que envió a su Hijo para redimirlo.
El Peligro del "Anti-Ambientalismo Evangélico": Negar la Creación
En el otro extremo, el error es el opuesto: un énfasis tan abrumador en la redención que la creación pierde casi todo su valor. Este pensamiento a menudo se manifiesta en un dualismo de tipo gnóstico, que separa radicalmente lo "espiritual" (bueno) de lo "material" (malo o irrelevante). El lenguaje tradicional de "ganar almas" puede reflejar esta dicotomía, sugiriendo que a Dios solo le importan las almas incorpóreas de las personas, no sus cuerpos ni el mundo físico que habitan.
Conceptualmente, esto conduce a una escatología (visión del fin de los tiempos) de escape, no de restauración. Argumentos como "no importa, porque todo se va a quemar de todas formas" o "Cristo viene pronto, así que no hay que preocuparse por el futuro del planeta" revelan una profunda incomprensión de la promesa bíblica de "cielos nuevos y tierra nueva". La redención bíblica no es una evacuación de la creación, sino la redención *de* la creación. Ignorar nuestra responsabilidad actual con el pretexto de la segunda venida es teológicamente inconsistente. A nivel práctico, esta visión reduce la creación a un mero almacén de recursos para ser explotados para el beneficio humano inmediato, sin consideración por las generaciones futuras o por el resto de las criaturas de Dios.
Tabla Comparativa de Posturas
| Característica | Ecologismo Evangélico | Anti-Ambientalismo Evangélico |
|---|---|---|
| Énfasis Principal | La Creación y el mandato de administrarla. | La Redención y la salvación de las almas. |
| Debilidad Teológica | Puede minimizar la realidad del pecado y la necesidad de redención. | Puede despreciar el mundo material y la soberanía de Dios sobre su creación. |
| Lenguaje Clave | "Cuidado de la tierra", "corresponsabilidad", "mayordomía". | "Ganar almas", "enfoque espiritual", "el fin de los tiempos". |
| Visión de la Salvación | Tiende a una visión más holística que incluye la restauración de la creación. | Tiende a una visión de escape, donde el alma es liberada del cuerpo y del mundo material. |
Hacia una Teología Ambiental Integral y Fiel
La solución a esta división no es elegir un lado, sino tejer ambos conceptos en una unidad coherente y bíblica. Una teología ambiental fiel al Evangelio debe sostener la dialéctica entre la Creación y la Redención. Nos preocupamos por la creación precisamente porque en Jesucristo, el Dios uno y trino se revela como Creador y Redentor. El amor del Creador por su obra es tan grande que no la abandonó a la corrupción, sino que entró en ella para redimirla desde dentro.
Esta perspectiva transforma nuestra práctica. El reciclaje, la conservación de recursos o la lucha contra la contaminación dejan de ser meras acciones éticas o políticas para convertirse en actos de testimonio. Son una forma de vivir anticipando la restauración final de todas las cosas que Dios ha prometido. Es una declaración de fe en que el mundo material importa a Dios, que nuestros cuerpos importan a Dios, y que la obra redentora de Cristo es cósmica en su alcance, afectando no solo a la humanidad, sino a toda la creación que "gime a una" esperando su liberación (Romanos 8:22).
Preguntas Frecuentes sobre Ecologismo Evangélico
¿Todos los evangélicos son anti-ecologistas?
No, en absoluto. Como muestra este artículo, existe una enorme diversidad de pensamiento. Hay un movimiento creciente y teológicamente sólido de evangélicos comprometidos con el cuidado del medio ambiente, con sus propias organizaciones, publicaciones y líderes de opinión. La idea de que todos los evangélicos son hostiles a la ecología es un estereotipo incorrecto.
¿Cuidar el medio ambiente no es una distracción del Evangelio?
Desde una perspectiva teológica integral, no es una distracción, sino una expresión del Evangelio. Si el Evangelio es la buena noticia de que Dios está restaurando todas las cosas a través de Cristo, entonces participar en el cuidado y la sanación de su creación es una forma tangible de vivir y proclamar ese mensaje. Es mostrar con hechos el amor del Creador por el mundo que está redimiendo.
¿Qué dice la Biblia sobre el cuidado de la creación?
La Biblia habla del tema desde el principio hasta el final. Comienza con el mandato de Génesis 1 y 2 de "sojuzgar" (gobernar sabiamente) y "guardar" la tierra. Salmos como el 24 declaran que "De Jehová es la tierra y su plenitud". Los profetas a menudo conectaban la degradación ambiental con la injusticia social y la infidelidad a Dios. Finalmente, el Nuevo Testamento culmina con la promesa de una "tierra nueva" en Apocalipsis, indicando que el destino final de la creación no es la aniquilación, sino la gloriosa renovación.
¿Cómo se relaciona la redención de Cristo con la naturaleza?
La obra de Cristo es de alcance cósmico. Colosenses 1:20 afirma que Dios se propuso "reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz". Esto sugiere que el poder reconciliador de la cruz se extiende más allá de la humanidad para sanar la fractura entre Dios y toda su creación, causada por el pecado.
En conclusión, el debate sobre el medio ambiente dentro del evangelicalismo es una oportunidad invaluable para profundizar en la fe. Nos obliga a superar teologías simplistas y a abrazar la rica complejidad de la obra de Dios. Al mantener en una tensión saludable y dialéctica la gloriosa verdad de la Creación y la poderosa noticia de la Redención, los creyentes pueden encontrar un camino hacia adelante. Un camino que no solo honra a Dios como Creador, sino que también da un testimonio fiel del poder del Evangelio para restaurar, sanar y hacer nuevas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra.
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