11/04/2003
Constantemente escuchamos frases como “el planeta está siendo destruido”, “se han talado miles de hectáreas de selva” o “los recursos naturales son sobreexplotados”. Estas afirmaciones, aunque ciertas, esconden una trampa sutil en su propia gramática. Utilizan una construcción conocida como la voz pasiva, una herramienta lingüística que, intencionadamente o no, puede diluir la responsabilidad, ocultar a los culpables y presentar las catástrofes ambientales como si fueran eventos inevitables que simplemente suceden. Como activistas, consumidores y ciudadanos preocupados por el medio ambiente, es crucial que entendamos el poder de las palabras y cómo la forma en que hablamos sobre la crisis climática moldea nuestra percepción y nuestra capacidad para actuar.

¿Qué es la Voz Pasiva y por qué nos importa en la ecología?
Para entender su impacto, primero debemos desglosar qué es exactamente la voz pasiva. En gramática, la voz nos indica la relación entre el sujeto y la acción del verbo. En la voz activa, el sujeto es quien realiza la acción. Es directo, claro y asigna responsabilidad. Por ejemplo: “La compañía petrolera derramó crudo en el océano”. Aquí no hay duda de quién es el agente, el actor del desastre.
Por otro lado, la voz pasiva invierte esta estructura. El sujeto se convierte en un receptor de la acción, es decir, padece o es afectado por lo que el verbo describe. La frase anterior, en voz pasiva, se transformaría en: “Crudo fue derramado en el océano por la compañía petrolera”. Noten cómo el foco se desplaza del actor (la compañía) al objeto (el crudo). Aún más preocupante es cuando el agente que realiza la acción se omite por completo: “Crudo fue derramado en el océano”. En esta última versión, la responsabilidad se ha evaporado. El desastre parece un accidente sin autor, un hecho lamentable del destino.
Esta distinción es fundamental en el discurso ecológico. Cuando las corporaciones, los gobiernos o los medios de comunicación utilizan la voz pasiva para informar sobre daños ambientales, están empleando un mecanismo de evasión. Se minimiza la agencia humana y se nos presenta un panorama donde los problemas ecológicos son fenómenos abstractos y sin rostro, dificultando la rendición de cuentas.
El Lenguaje de la Evasión: La Voz Pasiva en Acción
El uso de la voz pasiva en contextos ambientales es omnipresente. Desde informes corporativos de sostenibilidad hasta titulares de noticias, esta construcción gramatical sirve para suavizar el impacto de las acciones perjudiciales y distanciar al actor de las consecuencias. Analicemos algunos ejemplos concretos para ver cómo esta simple elección gramatical cambia por completo el mensaje.
Tabla Comparativa: Voz Activa vs. Voz Pasiva Ambiental
| Voz Activa (Responsabilidad Clara) | Voz Pasiva (Responsabilidad Difusa) |
|---|---|
| La industria de la moda rápida produce millones de toneladas de residuos textiles. | Millones de toneladas de residuos textiles son producidas cada año. |
| Las empresas agrícolas talaron ilegalmente la selva amazónica. | La selva amazónica fue talada ilegalmente. |
| Los países industrializados emiten la mayor parte de los gases de efecto invernadero. | La mayor parte de los gases de efecto invernadero son emitidos por la actividad industrial. |
| Los barcos pesqueros de arrastre han destruido los arrecifes de coral. | Los arrecifes de coral han sido destruidos. |
Como muestra la tabla, la voz activa señala directamente a los responsables, invitando a la acción y a la exigencia de cambios. La voz pasiva, en cambio, describe un estado de las cosas, una situación desafortunada cuyo origen queda en la penumbra. Este lenguaje fomenta la pasividad también en el lector, que asimila el problema como algo demasiado grande e impersonal para poder hacer algo al respecto.
La Pasiva Refleja: Cuando el Culpable se Vuelve Invisible
Existe una forma de voz pasiva particularmente común y escurridiza en español: la pasiva refleja. Se construye con el pronombre "se" y un verbo en tercera persona. Frases como “Se venden pisos” o “Se buscan actores” son ejemplos cotidianos. En el discurso ambiental, esta estructura es devastadoramente eficaz para eliminar por completo al agente.

Pensemos en estas frases:
- “Se contaminan los acuíferos con pesticidas”. (¿Quién los contamina?)
- “Se vierten plásticos al mar”. (¿Quién los vierte?)
- “Se prevé un aumento de las temperaturas globales”. (¿Quién o qué causa ese aumento?)
Esta construcción presenta los problemas ambientales como si se autogeneraran. Los acuíferos no se contaminan solos; alguien, una industria, una práctica agrícola, los está contaminando. El plástico no llega al mar por arte de magia; nuestros sistemas de producción y consumo lo llevan hasta allí. El aumento de las temperaturas no es una predicción meteorológica inevitable; es una consecuencia directa de acciones humanas específicas. La pasiva refleja es el camuflaje perfecto para la inacción, pues si nadie es el sujeto de la acción, nadie tiene la obligación de cambiarla.
El Poder de Nuestras Palabras: Hacia un Lenguaje Activo y Responsable
Tomar conciencia de este fenómeno lingüístico es el primer paso para combatirlo. Como consumidores de información, debemos aprender a leer entre líneas. Cuando nos encontremos con una noticia o un informe que utilice la voz pasiva para describir un problema ambiental, debemos hacernos la pregunta clave: ¿Quién es el agente? ¿Quién está realizando esta acción y por qué no se le nombra?
Como comunicadores, escritores, educadores y activistas, tenemos la responsabilidad de usar un lenguaje que empodere, que clarifique y que movilice. Optar por la voz activa no es solo una cuestión de estilo, es una declaración de principios. Significa:
- Asignar responsabilidad: Nombrar a las industrias, empresas y políticas que causan el daño.
- Clarificar las causas: Conectar directamente las acciones con sus consecuencias.
- Fomentar la acción: Si sabemos quién es el responsable, sabemos a quién exigirle cambios.
No es lo mismo decir “El Ártico se está derritiendo” que decir “La quema de combustibles fósiles por parte de las naciones industrializadas está derritiendo el Ártico”. La segunda frase nos da un objetivo, un punto de partida para la lucha.
Preguntas Frecuentes
¿Usar la voz pasiva siempre es incorrecto en el contexto ambiental?
No necesariamente. A veces, el objetivo es poner el foco en la víctima o en el ecosistema afectado, y en esos casos, la voz pasiva puede ser útil. Por ejemplo: “Las tortugas marinas son amenazadas por los desechos plásticos”. Aquí, el énfasis en las tortugas como sujeto paciente es poderoso y genera empatía. La clave es ser consciente de la elección y su efecto. El problema surge cuando se usa sistemáticamente para ocultar al agente causante del daño.
¿Cómo puedo identificar fácilmente la voz pasiva?
Busca principalmente dos estructuras. La primera es la perífrasis pasiva, formada por el verbo SER conjugado + un PARTICIPIO (ej: fue contaminado, serán protegidas, ha sido destruido). La segunda es la pasiva refleja, que utiliza el pronombre SE + un verbo en tercera persona (ej: se talan, se emiten, se perdió).
¿Por qué las empresas y los gobiernos prefieren la voz pasiva?
Principalmente por una cuestión de relaciones públicas y gestión de imagen. La voz pasiva les permite informar sobre incidentes negativos (como un derrame de petróleo o el incumplimiento de metas de emisiones) sin asociar directamente su nombre con la acción negativa. Es una forma de distanciamiento que suaviza el golpe y diluye la culpa ante la opinión pública. Es un lenguaje que protege la reputación antes que el planeta.
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